El juego mediático ha sido siempre uno de los elementos que más peso ha tenido en las estrategias políticas y electorales, de ahí que sea tan importante para los partidos hallar aliados entre los medios de comunicación. Se trata de encontrar líneas editoriales que puedan casar con las ideas defendidas por las distintas formaciones y tratar de acercarse a esas cabeceras periodísticas, que encuentren relevantes los discursos defendidos públicamente y que los difundan, desde un posicionamiento "favorable", entre las líneas de los periódicos, así como en los informativos o programas de radios y televisiones. 

Es por ello que mantener relaciones sanas con determinados medios de comunicación se vuelve vital para los partidos, que necesitan de ese altavoz mediático para llegar a más personas y, también, disponer de un punto de apoyo en el día a día político. De ahí que, para el Gobierno de España, se estuviera tornando vital tratar de mantener la sintonía con la que contaba con dos de los principales medios de comunicación de España: El País y la SER. Ambos forman parte del Grupo Prisa y ambos están viendo condicionada la línea editorial que han mantenido históricamente, algo que se está produciendo fruto, principalmente, de las líneas que, desde hace un tiempo, viene marcando el presidente de este colectivo de empresas, Joseph Oughourlian.

Los cambios tanto en el periódico como en la emisora de radio se vienen notando de manera un tanto más acentuada en los últimos meses, en los que ha habido un distanciamiento entre estos dos medios y el Ejecutivo nacional. Esto es algo que no resulta positivo para el Gobierno, especialmente en la perspectiva de los socialistas, ante el año electoral que se aproxima y que traerá numerosos comicios en el 2027. 

A lo largo de este tiempo de cambios, el equipo de Pedro Sánchez ha tratado de reconducir las relaciones con el Grupo Prisa, especialmente en lo referido a El País y la SER. No obstante, finalmente, según ha dado a conocer Infolibre, el Ejecutivo nacional ha desistido y suelta la mano de este colectivo de empresas, así como se distancia de Oughourlian. Los cambios que venían dándose en la línea editorial de estos medios han llamado la atención de muchos, siendo especialmente llamativos algunos como los que han propiciado la salidad de Pepa Bueno del periódico y de Angels Barceló de la radio.

Esta ruptura de relaciones halla una fricción inicial que ha derivado en la separación de caminos. Concretamente, se trata del conflicto abierto hace un año en torno al frustrado proyecto para impulsar una nueva cadena de televisión en abierto, iniciativa respaldada por parte de los accionistas minoritarios y algunos directivos del grupo. Oughourlian frenó aquella operación, provocando la salida de destacados defensores del proyecto.

Desde entonces, en el Gobierno observan una progresiva evolución editorial de las principales cabeceras de Prisa hacia posiciones más críticas con el Ejecutivo. En este contexto, cabe destacar que la fortaleza de Oughourlian dentro del grupo no responde únicamente a su peso accionarial. El empresario francoarmenio ha tejido una posición prácticamente blindada gracias a la estructura financiera de Prisa y a la influencia de sus principales acreedores. El caso más significativo es el de Pimco, uno de los mayores gestores de deuda del mundo, cuya renegociación de los compromisos financieros de la compañía quedó vinculada expresamente a la continuidad de Oughourlian en la presidencia.

De hecho, cualquier intento de apartarle del cargo activaría mecanismos que obligarían al vencimiento anticipado de cerca de 240 millones de euros de deuda. Una circunstancia que, en la práctica, limita la capacidad de maniobra de los accionistas y convierte la permanencia del actual presidente en una pieza clave para la estabilidad financiera del grupo hasta, al menos, 2029.

La reciente decisión de reducir el consejo de administración de 14 a 11 miembros ha sido interpretada por el Ejecutivo como un nuevo paso en esa consolidación de poder. La medida supondrá previsiblemente la salida del empresario Andrés Varela Entrecanales, impulsor de la sociedad Siete, adjudicataria de una nueva licencia de televisión en abierto, así como la de otras dos consejeras consideradas críticas con la actual dirección.

Mientras tanto, Prisa afronta una etapa decisiva para su futuro empresarial. El grupo cerró 2025 con una deuda neta de 757 millones de euros y ha fijado como objetivo estratégico aumentar su rentabilidad operativa para reducir progresivamente el peso relativo de ese endeudamiento. La compañía también prevé aprobar un contra-split accionarial que multiplicará por diez el valor nominal de sus títulos, una operación destinada a mejorar la imagen bursátil de una empresa cuyas acciones acumulan una depreciación cercana al 100% desde su salida al mercado.

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