El Partido Popular ha decidido hacer de Ceuta el primer gran escenario de confrontación política del nuevo curso. La dirección de Alberto Núñez Feijóo ha movilizado a su estructura territorial para respaldar las concentraciones convocadas este miércoles, 2 de septiembre, ante los ayuntamientos de toda España, una iniciativa concebida formalmente como muestra de solidaridad con la ciudad autónoma, pero que el principal partido de la oposición pretende convertir también en un potente amplificador de sus críticas al Gobierno de Pedro Sánchez.

La operación política tiene una coordenada temporal precisa: las movilizaciones se celebrarán apenas unas horas antes de la comparecencia del presidente del Gobierno en el Congreso de los Diputados, prevista para el 3 de septiembre, donde Sánchez deberá explicar la actuación del Ejecutivo ante la crisis provocada por la entrada masiva de personas migrantes en Ceuta.

De la solidaridad institucional al tablero partidista

El presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, ha llamado a los ciudadanos a participar en las concentraciones con un manifiesto de marcado carácter institucional. Su discurso sitúa la crisis en el terreno de la integridad territorial y reivindica la españolidad de la ciudad como una cuestión que, a su juicio, trasciende cualquier adscripción ideológica.

“Lo que está en juego en Ceuta es la causa de toda España”, sostiene Vivas, que describe lo sucedido como “un atropello sin precedentes a su territorio y a su soberanía”. Su apelación busca presentar la movilización como una respuesta colectiva ante una situación excepcional y no como una iniciativa vinculada a una determinada formación política.

El presidente ceutí insiste en esa separación: la convocatoria, afirma, “no está marcada por el color político ni las ideologías”, sino que persigue “expresar la unidad en apoyo a la ciudad” y reclamar el respaldo del conjunto de los españoles.

La afirmación adquiere una dimensión política particular porque la iniciativa ha terminado siendo abrazada con especial intensidad por el PP. La Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), que fijó las concentraciones para las 20.00 horas del 2 de septiembre, planteó la convocatoria después de la visita de su presidenta, María José García-Pelayo, a Ceuta y de su encuentro con Vivas.

El PSOE, sin embargo, ha cuestionado el procedimiento y ha puesto en duda que la iniciativa contara con el consenso interno necesario dentro de la federación. El PP, por su parte, sostiene que las concentraciones representan una expresión de respaldo ciudadano a Ceuta y que no deberían interpretarse bajo las coordenadas clásicas de izquierda o derecha.

Feijóo convierte la frontera en una cuestión de Estado

La dirección popular ha ido elevando progresivamente el tono de su discurso sobre la crisis. Feijóo ha cuestionado la capacidad de los servicios de Inteligencia para anticipar la llegada masiva y ha defendido que lo ocurrido debe examinarse también desde la óptica de la seguridad nacional.

El líder del PP ha utilizado expresiones como “ocupación premeditada” y ha denunciado una supuesta ruptura de la integridad territorial. Tales calificativos pertenecen al terreno de la interpretación política y no pueden presentarse como hechos acreditados por una resolución judicial o una investigación institucional concluyente.

Precisamente por ello, la comparecencia parlamentaria de Sánchez adquiere un peso singular. Será en la sede de la soberanía nacional donde deberán confrontarse las distintas versiones sobre la información disponible antes de la crisis, la actuación de los organismos de seguridad y las decisiones adoptadas por el Ejecutivo.

La movilización del Día de Ceuta funciona, en este contexto, como antesala política de esa discusión. El PP pretende que el debate parlamentario no parta de una página en blanco, sino de una opinión pública previamente expuesta a su interpretación de los acontecimientos.

Una crisis que desbordó los límites de la frontera

El episodio que ha desencadenado esta ofensiva se produjo los días 30 y 31 de julio, cuando Ceuta afrontó una entrada masiva de personas procedentes de Marruecos. Las primeras estimaciones manejadas públicamente situaron la magnitud de las entradas en decenas de miles de personas, aunque las cifras han sido objeto de diferentes cálculos y controversias.

La dimensión de la emergencia sometió a una presión extraordinaria a los dispositivos de control fronterizo, identificación, atención humanitaria y acogida, además de afectar al funcionamiento ordinario de determinados servicios públicos.

Desde entonces, la polémica ha dejado de circunscribirse a la gestión inmediata de la emergencia. El debate ha incorporado cuestiones de soberanía, seguridad, cooperación con Marruecos, política migratoria, funcionamiento de los servicios de Inteligencia y capacidad del Estado para proteger una frontera exterior de la Unión Europea.

Calle y Parlamento: dos escenarios para una misma ofensiva

Génova ha desplegado simultáneamente una ofensiva parlamentaria en el Congreso y el Senado mediante preguntas, solicitudes de información y propuestas legislativas destinadas a reconstruir la secuencia de acontecimientos.

Los populares pretenden esclarecer qué información recibió el Gobierno antes de la entrada masiva, qué protocolos fueron activados, qué instrucciones se impartieron después de la sentencia del Tribunal Supremo sobre las devoluciones en frontera y cuál ha sido el coste económico de la emergencia. También han solicitado información relativa a los intentos de entrada, las personas fallecidas y las actuaciones desarrolladas frente a las redes dedicadas al tráfico de personas.

La oposición intenta, de este modo, transformar una crisis localizada geográficamente en un examen nacional sobre la política migratoria del Gobierno.

La reforma de Extranjería abre otro frente

El PP ha añadido una dimensión legislativa al conflicto. Su Grupo Parlamentario registró una proposición de ley para modificar la Ley de Extranjería después de la sentencia del Tribunal Supremo del 29 de junio, con el objetivo de establecer expresamente un marco jurídico para el rechazo en frontera de quienes accedan irregularmente a Ceuta y Melilla.

Los populares defienden que la reforma proporcionaría mayor seguridad jurídica a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y permitiría efectuar los retornos dentro de la legalidad y con garantías.

La materia, sin embargo, presenta una elevada complejidad jurídica. El control fronterizo debe compatibilizar la protección de las fronteras y la seguridad con las obligaciones derivadas del ordenamiento español, el Derecho de la Unión Europea y el Derecho internacional, especialmente en materia de asilo, protección internacional y derechos fundamentales.

El debate, por ello, no puede reducirse a una contraposición elemental entre fronteras abiertas y fronteras seguras. La discusión sustantiva consiste en determinar qué instrumentos son jurídicamente posibles, cuáles resultan eficaces y qué garantías deben acompañar su aplicación.

Marruecos, una pieza central del tablero

La crisis ha reintroducido además las relaciones con Marruecos en el debate político español. El Gobierno ha defendido la cooperación con Rabat como uno de los elementos fundamentales para gestionar los flujos migratorios y hacer posibles los retornos.

La ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz, ha reivindicado a Marruecos como un socio fiable y ha puesto en valor su colaboración durante los primeros momentos de la emergencia.

El PP ofrece una lectura mucho más severa de la actuación gubernamental y utiliza la crisis para cuestionar la política exterior y migratoria del Ejecutivo. Feijóo ha incorporado también las críticas de dirigentes europeos a determinadas posiciones españolas a su argumentario para sostener que Sánchez habría perdido influencia internacional.

El primer gran pulso del curso político

El Día de Ceuta llega así convertido en algo más que una conmemoración institucional. Para el PP, representa una oportunidad para condensar en una sola jornada buena parte de las críticas acumuladas contra el Ejecutivo y preparar el terreno político para la comparecencia de Sánchez.

La imagen que Génova persigue es inequívoca: plazas y ayuntamientos de diferentes puntos de España unidos bajo el lema de apoyo a Ceuta, mientras el Gobierno se dispone a rendir cuentas en el Congreso sobre una de las crisis fronterizas más graves de los últimos tiempos.

Para Vivas, el significado es esencialmente territorial: “Lo que está en juego en Ceuta es la causa de toda España”. Para Feijóo, la crisis se ha convertido además en un argumento de fiscalización y desgaste del Ejecutivo. Para el Gobierno, la respuesta deberá conjugar seguridad, gestión migratoria, cooperación internacional y cumplimiento de las obligaciones jurídicas.

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