El Partido Popular trata de señalar al Gobierno por la gestión de la crisis migratoria de Ceuta del pasado 30 de julio, pero sus argumentos han ido cambiando con el paso de los días. El papel de Marruecos, una de las cuestiones más importantes que rodean a la avalancha de 72.000 personas que entraron a nado en la ciudad autónoma, es abordado con cautela por la derecha, que lo utiliza solo para atacar a Pedro Sánchez, sin criticar directamente al régimen de Mohamed VI. El PP empieza ahora a hablar de Rabat como “responsable” de lo sucedido, y aborda el problema de que tenga la llave de la frontera con España, después de años de estrecha relación con el Gobierno marroquí.

El PP había mantenido un silencio sobre todo lo que tenía que ver con Marruecos desde el inicio de la crisis, y enfocaba el tiro exclusivamente en Sánchez. Ni Alberto Núñez Feijóo ni Miguel Tellado mencionaron el papel del país vecino en lo ocurrido, eludiendo la cuestión cuando se les preguntaba. “A quien le competen las relaciones internacionales de España es al Gobierno de España”, atajó el número dos.

Ha hecho falta que una responsable del PP nacional, la vicesecretaria Alma Ezcurra, se acerque a Ceuta a reunirse con su presidente, el también popular, Juan Jesús Vivas. Tras comprobar las condiciones en las que trata de achicar agua su barón, y cómo viven los migrantes que cruzaron el mar alentados por bulos, Ezcurra entendió que el país del que salieron todos al mismo tiempo, y cuyo ejército no hizo nada para detenerles, tiene alguna responsabilidad sobre lo ocurrido. “Cuando 70.000 personas entran en una frontera de manera ilegal y violenta a toque de silbato y al día siguiente 60.000 regresan por donde han venido a toque de silbato, hay alguien que está tocando el silbato”, reflexionó.

Este giro del PP, en cualquier caso, llega al mismo tiempo que el del propio Gobierno, que también lleva desde el inicio de la crisis elogiando la cooperación de Marruecos. El ministro de Justicia marroquí, Abdellatif Ouahbi, respondió este miércoles reclamando la soberanía de su país sobre Ceuta y Melilla, culpando a España de lo ocurrido, y abriendo la puerta a suspender el acuerdo de extradición entre ambos estados. El Ejecutivo español empezó también a marcar terreno a Rabat: “Ceuta y Melilla no se tocan. Son españolísimas”, advirtió la ministra de Defensa, Margarita Robles.

Los lazos del PP con Rabat

En cualquier caso, el señalamiento entre ambos países no es simétrico en ningún caso. El PP lo utiliza solo como arma contra el Gobierno, amparándose en una dependencia de Marruecos que ellos mismos han fomentado con el paso de los años. El propio Feijóo se reunió en 2022 en Rabat con el primer ministro marroquí, Aziz Ajanuch, para abordar las relaciones bilaterales tras la crisis diplomática por el giro de Pedro Sánchez con el Sáhara Occidental. Entonces, el líder popular también hacía malabares para mantener contento a Mohamed VI, criticando al Gobierno por haber introducido al líder del Polisario en España para darle asilo médico; pero señalando también al presidente por la carta enviada a Marruecos para reconocer su soberanía sobre el territorio saharaui.

Feijóo prometió “lealtad” al país vecino si llegaba a La Moncloa. Cuatro años después, ese momento no ha llegado, pero hay varios ejemplos que permiten entender en qué consistiría esa lealtad. Por ejemplo, los 5,5 millones de euros que el Gobierno de Mariano Rajoy invirtió en un proyecto conjunto de inclusión, en el que calificaba a Marruecos como una tierra “acogedora” e “inclusiva”. El último presidente popular firmó en 2015 varios acuerdos que afianzaron la cooperación con Rabat, expresamente, en áreas como Interior y Justicia, directamente relacionadas con las fronteras y la legalidad de los migrantes que la cruzan.

La contradicción de Moreno Bonilla con Vivas

Según Ezcurra, “España no puede entregarle a Rabat la llave de su frontera”. Esta peligrosa dependencia de Marruecos que el PP utiliza ahora como arma contra Sánchez, surge de la misma cooperación que fomentó Juan Manuel Moreno Bonilla en 2019. El presidente andaluz hizo un viaje oficial al país vecino, en el que defendió, precisamente, fortalecer las relaciones económicas, generar “sinergias” empresariales y desarrollar proyectos conjuntos.

Pero la gran contradicción del PP no afecta al Gobierno central, y tiene que más que ver con el de Ceuta que ellos mismos dirigen. El punto más delicado de las relaciones con Marruecos está allí, y también en Melilla, donde también gobierna el popular Juan José Imbroda. El Ejecutivo ceutí pide al país vecino que acepte los retornos de los migrantes, y el PP reclama aplicar el acuerdo bilateral de 2007. Esas repatriaciones serían posibles, dicen, “si la cooperación con Rabat es leal”. En otras palabras: critican que Marruecos presione a España con las fronteras, pero reclaman una solución que depende, precisamente, de la cooperación entre ambos países.

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