La esperada visita del papa León XIV a España ha terminado convirtiéndose en un desafío político para Vox. El partido de Santiago Abascal, que durante años ha reivindicado la defensa de las raíces cristianas de Europa como uno de sus principales estandartes ideológicos, se encuentra ahora obligado a respaldar institucionalmente a un Pontífice cuya visión sobre la inmigración, la solidaridad y el papel social de la Iglesia choca frontalmente con buena parte de su discurso.

Esa incomodidad tendrá una imagen muy concreta en el Congreso de los Diputados. Abascal ha confirmado que acudirá a escuchar el discurso de León XIV, una decisión que rompe con la línea que él mismo había marcado en los últimos meses, cuando aseguró que no participaría en actos institucionales en los que coincidiera con Pedro Sánchez. De hecho, el líder de Vox llegó a ausentarse de la recepción ofrecida por el Rey con motivo de la Fiesta Nacional del pasado 12 de octubre.

El anuncio de su asistencia ya había quedado reflejado semanas atrás en una entrevista concedida a El Debate, diario vinculado a la Asociación Católica de Propagandistas. La fotografía que acompañaba aquella conversación tampoco parecía casual: Abascal posaba junto a una imagen de su encuentro en 2019 con el cardenal Robert Sarah, uno de los grandes referentes del ala más conservadora de la Iglesia y una de las voces más críticas con el pontificado de Francisco, cuya línea pastoral representa ahora León XIV. La conexión entre ambos llegó de la mano de Gabriel Ariza, figura muy próxima al entorno del líder de Vox, que facilitó aquel acercamiento al purpurado guineano. Sarah se ha convertido en un símbolo para los sectores católicos más tradicionales por sus advertencias sobre la pérdida de la identidad cristiana de Europa y sus críticas a la inmigración masiva, un discurso mucho más cercano al ideario de Vox que el que previsiblemente defenderá León XIV durante su estancia en España.

En público, la formación ultra ha tratado de rebajar cualquier tensión. Su secretario general, Ignacio Garriga, ha asegurado que la visita será recibida "con ilusión" y ha insistido en que las discrepancias no son con la Iglesia, sino con algunos obispos concretos. En esa línea, valoró positivamente la disposición al diálogo mostrada por el presidente de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello, al considerar que no existen posiciones "irreconciliables" y al reconocer el derecho del Estado a ordenar los flujos migratorios. Garriga, sin embargo, evitó entrar en las críticas de Argüello a la llamada "prioridad nacional", uno de los ejes del discurso de Vox, y aprovechó para advertir de un posible intento de instrumentalizar políticamente la visita papal, una responsabilidad que atribuyó al Gobierno de Pedro Sánchez. Pese a esos esfuerzos por contener el desgaste, el distanciamiento entre Vox y una parte importante de la jerarquía católica se ha ido haciendo cada vez más evidente durante el último año.

Inmigración, el principal punto de choque

La defensa de la regularización extraordinaria de inmigrantes por parte de la Conferencia Episcopal Española terminó de romper una relación que ya venía deteriorándose. En los últimos meses, los desencuentros entre la formación de Abascal y distintos representantes de la Iglesia han ido mucho más allá de las diferencias puntuales. Vox cargó contra el acuerdo entre el Gobierno y la Archidiócesis de Madrid para transformar el significado del antiguo Valle de los Caídos, una decisión que su portavoz parlamentaria, Pepa Millán, llegó a definir como una "profanación". Al mismo tiempo, varios obispos cuestionaron algunas de las políticas impulsadas por el partido, como la prohibición de actos religiosos musulmanes en un recinto municipal de Jumilla (Murcia), una medida que el arzobispo de Tarragona, Joan Planellas, criticó con dureza al advertir de que "un xenófobo no puede ser buen cristiano". La tensión alcanzó su punto más alto con el debate migratorio: mientras la Iglesia defendía una amplia regularización de personas extranjeras, Vox amenazaba con revisar las subvenciones públicas a Cáritas en las comunidades donde comparte gobierno con el PP y acusaba a parte de la jerarquía eclesiástica de mantener esa posición por intereses económicos ligados a las ayudas públicas.

El problema para Vox no es únicamente el contenido del mensaje que pueda lanzar León XIV, heredero de la línea marcada por Francisco, sino también el momento político elegido para la visita. En sectores próximos a la formación consideran que el viaje desviará la atención mediática de los casos judiciales que afectan al Gobierno y ofrecerá un respiro a Pedro Sánchez.

Las críticas más duras han llegado desde medios y referentes del entorno ultracatólico vinculado a la órbita ideológica del partido. Además del choque de fondo con el mensaje social del Pontífice, en sectores próximos a Vox existe el convencimiento de que la visita servirá para desplazar del foco mediático los escándalos que afectan al Gobierno. Algunas voces del entorno ultra hablan abiertamente de una "cortina de humo" y de una operación para favorecer a Pedro Sánchez. En esa línea, el eurodiputado Hermann Tertsch llegó a escribir en la red X que “León XIV va a pasar toda su estancia en España secuestrado por una banda del crimen […] Si el obispado español tuviera algo de coraje, pediría la suspensión del viaje papal en estas catastrofistas circunstancias o al menos un público distanciamiento del Santo Padre de este gobierno criminal y su máximo responsable Pedro Sánchez”.

Ese mismo discurso fue compartido por Infovaticana, uno de los principales portales del ámbito ultracatólico, que publicó un editorial advirtiendo de que “una visita pontificia en pleno clímax judicial [contra el Gobierno] acabaría inevitablemente instrumentalizada políticamente” y que “no era precisamente el momento más prudente para sentar a un Papa en el hemiciclo del Congreso”.

La campaña contra Robert Prevost

Este mismo medio ya había protagonizado una intensa campaña contra Robert Prevost antes del cónclave que lo eligió Papa. Publicó un extenso informe en el que cuestionaba su actuación en antiguos casos de abusos sexuales en Perú y lo presentaba como el candidato de una supuesta "izquierda eclesial", atribuyéndole incluso un "carácter vengativo". Algunas de aquellas acusaciones fueron posteriormente retiradas por no estar suficientemente contrastadas, aunque la ofensiva continuó tras su elección con la difusión de imágenes en las que, según el portal, el ahora Pontífice aparecía participando en un rito vinculado a la Pachamama, una interpretación que estos sectores utilizaron para cuestionar su ortodoxia doctrinal.

El episodio ha dejado al descubierto una realidad incómoda para la formación de Abascal: la Iglesia que reivindica Vox no siempre coincide con la Iglesia oficial. Mientras el partido mira con admiración a figuras del ala más conservadora del catolicismo, como el cardenal Robert Sarah, León XIV simboliza una continuidad del modelo pastoral impulsado en la última década desde el Vaticano, centrado en la acogida, el diálogo y la defensa de los migrantes.

Paradójicamente, el partido que más ha utilizado la identidad cristiana como argumento político tendrá que escuchar desde la tribuna del Congreso un mensaje que probablemente cuestione algunas de sus principales banderas. Y lo hará, además, en presencia del Gobierno al que pretende combatir.

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