Durante años, Nevenka Fernández solo existió en Ponferrada como una ausencia. La mujer que en 2001 se atrevió a denunciar por acoso sexual al entonces alcalde de la ciudad, Ismael Álvarez (PP), abandonó España después de una campaña de descrédito que la convirtió en víctima dos veces: primero del acoso y después del juicio social. Este sábado, 25 años después de aquel terremoto político y mediático, Nevenka ha vuelto a su ciudad.
Lo ha hecho caminando lentamente por el pasillo de La Térmica Cultural, entre aplausos, abrazos y un auditorio puesto en pie. Más de 300 personas han llenado el recinto para acompañar a quien se convirtió en la primera mujer en España en conseguir la condena de un cargo político por acoso sexual. "Estoy emocionada, muy nerviosa y muy contenta", han sido sus primeras palabras.
Vestida de oscuro y visiblemente emocionada, Nevenka se abrazaba a sí misma mientras recibía el cariño de una ciudad que hace un cuarto de siglo le dio la espalda y que ahora parecía querer reparar aquella herida colectiva.
La economista ha compartido escenario con Charo Velasco, la concejala socialista que la apoyó cuando gran parte de la sociedad cuestionaba su denuncia. Ambas han protagonizado uno de los momentos más emotivos del acto. Velasco ha elogiado el coraje de Nevenka. Ella, a su vez, ha respondido con unas palabras dirigidas a quien estuvo a su lado en los peores momentos: "Convierte la política en lo que yo siempre pensé que tenía que ser".
Una larga ovación
Nevenka ha recordado el precio que tuvo que pagar por denunciar al entonces alcalde de Ponferrada. El exregidor del PP fue condenado en 2002 por acoso sexual, convirtiéndose en el primer cargo político condenado por este delito en España. Pero la victoria judicial no evitó el aislamiento social ni el exilio personal.
"He conseguido lo que quería en la vida y tengo el corazón en paz", ha asegurado. Y ha añadido una frase que resumió buena parte del significado de su regreso: "Es posible salir del infierno, y para decir eso estoy hoy aquí".
Uno de los momentos más simbólicos ha llegado cuando la moderadora ha preguntado qué debía hacer Ponferrada para reparar la figura de Nevenka. La respuesta ha llegado mirando directamente al auditorio.
"¿Pero qué es esto, si no es una reparación?", ha expresado mientras la sala ha vuelto a ponerse en pie. La ovación no solo ha reconocido a la mujer que denunció hace 25 años, sino también a una ciudad que parecía reconciliarse con una parte incómoda de su propia historia.
La jornada ha concluido con el descubrimiento de un mural con el rostro de Nevenka en la fachada de La Térmica Cultural. La imagen recupera el mismo retrato que años atrás fue pintado y posteriormente borrado en el centro de la ciudad. La vicepresidenta tercera del Gobierno, Sara Aagesen, ha asegurado que el mural servirá para recordar a las mujeres que sufren acoso que "no están solas".
El silencio del PP, presente 25 años después
El caso Nevenka marcó un antes y un después en la lucha contra el acoso sexual en España. En 2001, siendo concejala de Hacienda del Ayuntamiento de Ponferrada, denunció al entonces alcalde, Ismael Álvarez, por acoso sexual, laboral y psicológico. La sentencia condenó al regidor a nueve meses de prisión, una multa económica y una indemnización a la víctima. Sin embargo, gran parte de la presión social recayó sobre ella. Durante años, Nevenka vivió fuera de España, alejada de los focos y de la ciudad en la que comenzó todo.
El regreso de Nevenka también ha dejado una imagen política difícil de ignorar. Entre las autoridades presentes se encontraban la vicepresidenta tercera del Gobierno, Sara Aagesen; la ministra de Igualdad, Ana Redondo, y diversos dirigentes socialistas de Castilla y León, pero no ha aparecido una presencia destacada de representantes del Partido Popular.
La ausencia ha resultado especialmente simbólica si se tiene en cuenta que Nevenka Fernández era concejala del PP cuando denunció en 2001 al entonces alcalde de Ponferrada. Durante aquellos años, buena parte de la estructura popular cerró filas con el regidor condenado, mientras ella quedaba aislada política y socialmente. La imagen de una Nevenka arropada por cientos de personas, dos ministras y dirigentes socialistas contrastó con la ausencia de cargos populares en una jornada que muchos interpretaron como un acto de reparación colectiva. Porque si la ciudad ha parecido pedir perdón, una parte de la política todavía ha optado por el silencio.
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