Javier Gallego lleva desde 2012 demostrando que al periodismo no se le calla con un despido. El director de Carne Cruda radiografía en esta entrevista las costuras de un sistema donde la justicia hace política en las sombras y los magnates de Silicon Valley diseñan una tecnocracia para adormecer a la ciudadanía. Frente al mapa del odio y el expolio corporativo, Gallego saca el micrófono a las trincheras de la migración y a las mareas de la vivienda para recordarnos que, cuando la calle se junta, la esperanza siempre gana.
Pregunta: En 2012 viviste una paradoja increíble al ser despedido de la radio pública y ganar el Premio Ondas poco después por el mismo programa del que te habían despedido. ¿Cómo recuerdas aquella censura en tus inicios?
Respuesta: Fue una situación completamente paradójica recibir ese galardón cuando el programa ya no estaba en antena. Vivimos un premio al estilo del Cid Campeador, porque ganamos una batalla después de muertos.
Yo tuve libertad en la primera época de Radio 3, pero de la noche a la mañana cambió la dirección y se acabó toda la libertad de expresión. Por suerte, la propia comunidad mantuvo viva el ascua de Carne Cruda y el premio sirvió para resucitar el proyecto, que hoy sigue vivo gracias a ellos.
P: En los últimos tiempos vivimos en la polémica judicial permanente. Desde el PSOE agitan la bandera del lawfare y desde Podemos o ERC les recuerdan que ellos ya pasaron por esto. ¿Está el poder judicial en rebeldía?
R: No estamos viendo autos raros, sino auténticas tropelías judiciales como el caso de Begoña Gómez, donde el juez Peinado no ha encontrado una sola prueba tras año y medio de prospección. Existe un terrorismo judicial aplicado en investigaciones prospectivas para perseguir a toda ideología progresista, mientras los neonazis campan a sus anchas.
El problema del poder judicial en España es estructural y proviene de la dictadura, porque es una casta muy conservadora que hace política en las sombras. Y lo vemos en una resistencia togada frente a cualquier intento de reforma, contra la que se manifiesta antes siquiera de que se redacte.
P: Ante las grandes crisis migratorias, tú decidiste abandonar la comodidad del estudio y salir al terreno. Has estado en Lesbos, te has embarcado en el Open Arms y has seguido las rutas hasta Senegal. ¿Qué es lo que te has encontrado?
R: Cuando ves las montañas apiladas de chalecos en las playas te cambia por completo, porque la vida humana es sagrada. Europa es una fortaleza infame que maltrata en sus fronteras y obliga a morir a quienes intentan sobrevivir. Con dinero europeo se paga para que se abandone en el desierto a personas y se provocan muertes en el mar.
En Moria (campamento de refugiados en Lesbos) vi la mayor desesperanza del mundo, con menores intentando suicidarse porque huían del horror y llegaron a un horror aún peor. Recuerdo que gente curtida en grandes crisis humanitarias me decía que nunca habían visto un horror como aquel.
A mí me encantaría que cogieran a Abascal y compañía y los soltaran en una patera en mitad del océano para que se viesen en esa situación. Lo tengo claro y prefiero vivir en un país donde haya muchos Óscar Camps a vivir en un país donde haya muchos Santiago Abascal.
P: Existe un fuerte discurso que vincula la inmigración con la delincuencia, pero apenas se habla de las causas de la salida de estas personas.
R: Los grandes medios no quieren contar el saqueo sistemático y el expolio que sufren los recursos de los países africanos. Cuando fui a Senegal presencié cómo las flotas extranjeras esquilman la riqueza destruyendo el sustento local. Son las multinacionales europeas las que se enriquecen allí explotando la mano de obra y los recursos. Esas mismas corporaciones son muchas veces las propietarias de los medios de comunicación y por eso prefieren vender la mercancía averiada de la “invasión” antes que asumir nuestra responsabilidad en el origen económico de todo.
P: Con el control del algoritmo por parte de magnates de extrema derecha y la llegada de la inteligencia artificial, ¿está la democracia en peligro de muerte?
R: Sí, la democracia está ahora mismo en un muy serio peligro de muerte. Quienes controlan económicamente el planeta no creen en la democracia y magnates ultras como Peter Thiel, dueño de Palantir, dicen abiertamente que la ciudadanía y la democracia estorban para el desarrollo económico. Elon Musk también invierte cantidades ingentes de dinero para revertir los sistemas democráticos y favorecer ideas liberticidas moviendo su algoritmo.
Existe un plan para convertir a Occidente en una tecnocracia al servicio de unos señores feudales donde los ciudadanos solo importamos como herramientas de consumo.
P: A pesar de este panorama tan complejo, ¿queda margen para mantener la esperanza?
R: Siempre tiene que quedar margen para la esperanza. Lo que hacen las élites enfrentando a pobres contra pobres no es nuevo, pero nosotros también tenemos herramientas y redes para defendernos.
Se está gestando un renacer democrático gracias a un movimiento de vivienda bestial y a una mayor conciencia en torno a la diversidad. Ahora mismo se están enfrentando dos polos y no están ganando ellos. Cuando la esperanza se une, siempre se producen resultados.
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