Cuando Iván Redondo habla de política no lo hace desde la ordenación de una cascada de titulares. Sus análisis son como una partida de ajedrez en la que cada ademán puede anticipar una caída. El afamado consultor abre las puertas de su despacho a ElPlural.com para desmenuzar El Manual (Contraluz Editorial) y el tablero nacional – y territorial – tras las elecciones de Andalucía, así como las consecuencias de unos comicios que constataron el desgaste de Juanma Moreno Bonilla. De ahí sale un hilo conductor hacia la Puerta del Sol y el futuro político de una Isabel Díaz Ayuso – bajo la influencia de Miguel Ángel Rodríguez – que se queda sola en la fotografía de las mayorías absolutas a un año de la batalla por Madrid frente a Óscar López y Mónica García.
La conversación parte de una idea que Redondo ha defendido en reiteradas ocasiones: la política no es gobernar o comunicar, sino que la interpreta como la capacidad de conectar con la forma en la que la ciudadanía nombra a sus líderes. Convertir a Pedro Sánchez, en Pedro, por ejemplo. Dicho de otro modo: la humanización del poder para que el nombre propio funcione como marca emocional. A partir de esa concepción, la pregunta era prácticamente obligada. Si Juanma Moreno consiguió en su momento ser “Juanma”, ¿vuelve a ser Moreno Bonilla? El exdirector de gabinete del presidente del Gobierno no rehúye la fotografía e incluso la despacha con ironía quirúrgica: “Me hace gracia porque casi tenía nombre de árbitro de Primera División. No ha logrado mantenerse”.
El presidente andaluz ha perdido algo más que una ventaja parlamentaria, a ojos del consultor político. A su juicio, Moreno Bonilla se ha dejado por el camino electoral la zona de confort desde la que construyó su liderazgo autonómico. “Va a tener que gobernar con Vox”, augura, antes de trazar una lectura política de mayor profundidad sobre el mensaje de la derecha más dura que marcó la campaña andaluza: “La prioridad nacional es puro no: no, no y no, excluyendo a españoles y compatriotas”.
Redondo: "Ayuso debe ser mucho más prudente. Veremos qué vota el Madrid sur. Vox, por ejemplo, tiene a Carlos H. Quero como punta de lanza"
De San Telmo a Sol
Redondo tira de ese hilo conductor para conectar Andalucía con Madrid, porque en el tablero que dibuja las autonómicas del pasado 17 de mayo no sólo hablan en clave territorial. Funcionan, a su modo de ver, como alerta para quienes entienden que una marca política puede sostenerse indefinidamente sin corregir riesgos, excesos o dependencias. Ahí aparecen dos nombres propios: Isabel Díaz Ayuso y su jefe de Gabinete, Miguel Ángel Rodríguez. ¿Es la inquilina de la Puerta del Sol la vencedora indirecta de los comicios andaluces? Su respuesta rebaja el suflé de los seguidores de la baronesa capitalina al dibujar un tablero electoral que ha adquirido mayor complejidad en esta legislatura.
“Ayuso debe ser mucho más prudente. Veremos qué vota el Madrid sur. Vox, por ejemplo, tiene a Carlos H. Quero como punta de lanza”, avanza el consultor, pasando al capítulo de las izquierdas madrileñas. Un elefante en la habitación progresista que, desde su prisma, ya no es tal. “Deben entender que a veces no hay una solución a corto plazo, pero sí un camino”. Un titular que encapsula una advertencia directa a la comodidad de la cohorte ayusista, pues no da por garantizada su fortaleza absoluta en la región. Todo lo contrario. Introduce un matiz que altera cualquier lectura triunfalista. “Puede perder la absoluta”, lanza, reconectando el discurso con el resultado andaluz. “Moreno Bonilla la ha perdido. Estaba relajado. Incluso ha sacado una canción. La última semana de campaña se la ha pasado cantando”, reflexiona con sagacidad.
El arte de “enamorarse” del rival
La cuestión se centra ahora en que Ayuso no está sola en la batalla madrileña. A su alrededor orbita una figura sin la que es imposible explicar el ascenso a los cielos de la persona que había detrás de la cuenta de X – entonces Twitter – del perro Pecas: Miguel Ángel Rodríguez. Para Redondo, su papel es innegable. Ahora bien, la política no entiende de invulnerabilidades y por ahí pasa el principal talón de Aquiles del dúo conservador. Sin abandonar la metáfora futbolera y aprovechando su radiosa actualidad, equipara a MAR con José Mourinho: “Se lo he dicho muchas veces, pero no es infalible. Nadie lo es”. Comparación en absoluto casual, siendo el portugués una persona que aúna intensidad, control del relato, provocación calculada y la cualidad de convertir cada choque en terreno propio. Sin embargo, no hay método que garantice una victoria eterna.
Redondo introduce entonces una de las troncales de su análisis y que parte de la premisa de que no basta con copiar a quien gana. “En algunos puntos, hay que enamorarse del rival para vencerle. No vale con replicar lo que hacen - Ayuso y MAR -, sino entender algunos principios básicos: el primero, y el más importante, es que el mensaje ya está en la gente. Hay que llegar a él y hacerlo de intermediarios”, expone, antes de recurrir a la fábula de los enamorados y el cartero para conectar con la oferta progresista en Madrid: “Dos personas se enamoraron. Él le escribía cartas de amor a ella todos los días. ¿Sabéis quién se llevó a la chica? El cartero. No puede haber intermediarios. Hay que ser directos”.
Un PSOE con “buenos jugadores”
Al igual que su radiografía estatal, Redondo se aleja de las tesis que dibujan a un PSOE con carencia de jugadores. De hecho, envuelve a Óscar López con un manto de notoria importancia para la batalla madrileña. No descarta su candidatura – aun no confirmada -, pero proyecta al ministro de Transformación Digital como un “buen político”. “En el Consejo de Ministros le hubiese sacado mucho jugo”, reflexiona con cierto toque nostálgico.
La precisión importa. Para Redondo, ser buen político no equivale automáticamente a ser buen candidato. Cuando se le insiste sobre esa diferencia, vuelve a desplazar la respuesta hacia el terreno de los procesos y los contextos: “Vamos a verlo. Los ministros-candidatos no son todos como Illa. Salvador, cuando se hace candidato y gana esa campaña de San Valentín, ya llegó a un terreno preparado. Miquel Iceta tuvo un momento de máxima generosidad al reconocer que Cataluña no necesitaba un candidato, sino un President. Poca broma. Espectacular”.
La comparación con Salvador Illa permite a Redondo subrayar que una candidatura no se improvisa sobre el vacío. Necesita terreno, relato, reconocimiento y una operación política más amplia que el simple aterrizaje de un nombre. De ahí que, cuando se le pregunta si imagina a Óscar López como presidente madrileño y si cree que lo haría bien, Redondo responde sin cerrar la puerta: “Puede que sí y puede que no. No hemos visto otra cosa. Madrid DF es un dispositivo político estratégico que siempre intenta marcar la agenda de Moncloa. Así que, sinceramente, seguro que un gobierno nuevo plantea cosas interesantes”.
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