María Guardiola sigue atrapada en las arenas movedizas de Vox. La presidenta en funciones de la Junta de Extremadura ganó las elecciones del 21-D pese a crecer tan solo un escaño y perder nueve mil votos. Casi dos meses después de aquello, y con unas elecciones en Aragón de por medio, las negociaciones entre Génova 13 y Bambú 12 siguen sin llegar a buen puerto. Los de Santiago Abascal no tienen incentivos para negociar con el PP.
Guardiola se mantuvo rígida cuando Vox le tumbó los presupuestos y, auspiciada por Alberto Núñez Feijóo, adelanto las elecciones con el objetivo de despegarse de la extrema derecha apelando al voto útil y presumiendo de gestión regional. Las encuestas escondieron entonces el crecimiento del tercer partido del Estado y Guardiola, alejada del Madrid D.F. y de colegas autonómicos como Moreno Bonilla o Aysuo, no zarandeo la conciencia del pueblo extremeño.
Desde entonces, Guardiola ha virado de opinión en función de las exigencias de Vox. El PP se ha plegado a los intereses de la derecha radical. Abascal impone, Feijóo acata. Nunca antes se habían retorcido las palabras.
En una entrevista concedida a OkDiario, Guardiola ha asegurado que el feminismo que defiende “es el feminismo que defiende Vox”. Es más, ha confirmado que quiere a Vox dentro del Ejecutivo autonómico y con una de las exigencias de la formación de Abascal asumida por completo. La entrevista llega, también, seis días después de que atendiera a los medios de comunicación en la Asamblea de Extremadura de Mérida.
“Lo que no puede ser”, observó entonces, “es que el Partido Popular, que ha ganado las elecciones con un 43% de los votos, tenga que travestirse de Vox, no lo podemos hacer”. El secretario general de la formación ultra, Ignacio Garriga, salió de inmediato: “No se tiene que travestir de Vox, ya estamos acostumbrados a que se disfrace del PSOE. Tiene que respetar a los votantes de Vox”.
Pero antes...
Además, la hemeroteca persigue a Guardiola desde que vendió su palabra para gobernar con una formación “que niega la violencia machista, deshumanizan a los inmigrantes o colocan una lona y tiran a la papelera LGTBI”. Tras estas palabras, Guardiola gobernó con Vox hasta que la ultraderecha de divorció por “la monotonía”.
Este lunes, incluso, la mandataria extremeña mantuvo que “el partido de extrema derecha que tenemos en nuestro país es el separatismo catalán que desprecia y odia a los españoles” y descartó que pactar con Vox no blanquea a la extrema derecha.
La entrevista de Guardiola llega, también, cuatro días después de que conociésemos que altos cargos del PP en la región asumían en privado una repetición electoral ante las exigencias de Vox. Abascal exige entrar en el Gobierno de Extremadura con cuatro conserjerías: Economía, Agricultura, Interior e Industria, la vicepresidencia primera y el cumplimiento de su programa electoral al completo.
Los populares consideran que esto es inasumible. Es más, la tensión entre ambas formaciones —con duros reproches en redes sociales entre diputados del PP e incluso del secretario general de los populares en la región, Abel Bautista, y el líder de Vox en Extremadura, Óscar Fernández Calle— había sido altísima, sobre todo la última semana. “A ver si se entiende. No vamos a dar ni un solo paso atrás”, escribió Calle el pasado 9 de febrero en X. “Dejad de engañar a la gente”, respondió Bautista también en esa red social.
Este lunes, Guardiola trata de calmar las aguas. Reivindica un nuevo acuerdo con la formación ultra sin premisas. “En ningún caso me avergüenzo de pactar con Vox; lo que quiero es poder trabajar de su mano (...) Las horas del reloj están dedicadas en su totalidad a que este acuerdo sea posible y, cuanto antes, mejor. Extremadura no puede esperar”.
Y todo, pese a que ella misma pidió la abstención al PSOE la semana pasada para alcanzar la presidencia, pero este lunes ya descarta esa vía. “En ningún caso voy a retroceder ni voy a aplicar las políticas sanchistas que tantísimo daño han hecho a Extremadura”.
El primer caucus de la derecha pareció más conformista que aliviador y, pese a que los resultados en el derbi de Aragón favorecieron al bloque de las derechas, confirmó que el maratón electoral —para desgastar al Gobierno de Sánchez con hasta 4 derrotas consecutivas— ha servido para introducir el sinvivir con Vox en el PP español.