Uno. Por todo, por nada

Guerra en el cielo y paz en la tierra. Tren de tormentas sobre el firmamento de Andalucía y caravana de paz en los periódicos, los partidos, las instituciones. Miles de desalojados, carreteras cortadas, vías interrumpidas, cosechas devastadas y ni un solo reproche político. La desgracia meteorológica de los andaluces ha dado un respiro al resto de los españoles. La lluvia desaforada ha sido motivo de humana empatía, de entendimiento, de solidaridad, no de sucia guerra política. Cara y cruz: si el tren de tormentas que lleva una semana larga asolando Andalucía ha sido la cruz de tantas familias obligadas a abandonar sus viviendas y de tantos agricultores viendo arruinarse sus cosechas, la ausencia de recriminaciones políticas y de inquina partidista a propósito de la gestión del desastre ha sido la cara de la que hemos sido directos beneficiarios los demás ciudadanos, cansados y al borde mismo de la extenuación después de meses y meses y más meses soportando altísimos niveles de ruido y crispación por cualquier cosa, es decir, por todo, es decir, por nada. 

Dos. ¡Es el urbanismo, estúpido!

En decenas de enclaves de la baja Andalucía situados en zonas inundables se levantan miles viviendas y negocios que no deberían estar ahí pero que están y seguirán estando porque un urbanismo descuidado y cerril, o simplemente inexistente, permitió o alentó la construcción de todos esos inmuebles, y ahora la cosa, que viene de muy muy lejos, no tiene arreglo. Se anegan aldeas y caseríos de la baja Andalucía, pero los partidos de la oposición no han alzado la voz para denunciar que la Junta no limpia los cauces, no invierte lo suficiente en obras hidráulicas o no levanta barreras de protección en las riberas. Y han hecho bien en no alzarla: si hay políticas que fiscalizar, errores que investigar o estrategias que revisar, no es ahora el momento de hacerlo. 

Tres. Moreno, la regla; Mazón, la excepción

La gestión de la emergencia climática por parte del Gobierno andaluz, en estrecha coordinación con las instituciones dependientes del Gobierno de España como la Unidad Militar de Emergencias, ha sido la que tenía que ser y está siendo percibida como tal no solo por ser, en efecto, la que tenía que ser, sino porque la oposición ha actuado responsablemente y no se ha dedicado a engordar un fantasioso memorial de agravios con el que culpar a la Junta de no haber hecho lo bastante en el pasado para que en el presente no sucediera lo que está sucediendo. El asfixiante clima de polarización y sectarismo nos empuja a pensar que la buena gestión de esta emergencia por parte de la Junta es la excepción, cuando en realidad es la regla. La excepción, la única excepción en una situación parecida fue Carlos Mazón: en ninguna otra autonomía ha pasado lo que pasó en Valencia con la DANA de octubre de 2024. Que Mazón fuera un villano no convierte a Moreno en un héroe: solo nos recuerda que el andaluz es un político normal. Y quizá por eso la oposición que tiene enfrente también es normal. 

Cuatro. Cuestión de Estado

¿La razón principal de esta ‘pax climática’ es la correcta gestión de Moreno propiamente dicha o es más bien su militancia en las filas conservadoras, una filiación ideológica que no solo hace inimaginable cualquier indagación por los medios de la derecha sobre lo que la Junta hizo mal o debió hacer y no hizo en materia de ordenación del territorio, sino que cuenta con la comprensión y la manga ancha de las izquierdas políticas y mediáticas porque estas, al cabo, tienen un sentido de Estado más afinado y hasta más patriótico que ese del que tanto han presumido históricamente las derechas ibéricas? 

Cinco. ¿Qué hubiera pasado si…?

Contesta, pío e improbable lector, con la mano en el corazón a esta pregunta: ¿qué crees tú que habría pasado si las pavorosas inundaciones habidas esta semana en Andalucía a causa del tren de borrascas hubieran tenido lugar en el Madrid de Isabel Díaz Ayuso y esta, como le ha sucedido a Juan Manuel Moreno, hubiera necesitado la ayuda urgente del Gobierno de España? ¡Exacto! ¡Respuesta correcta!: que a estas alturas ya tendríamos una bronca política monumental porque Ayuso y su prensa amiga habrían buscado hasta debajo de las piedras excusas que disfrazarían de argumentos para culpar a Pedro Sánchez de una perversa pero perfectamente previsible falta de colaboración que, naturalmente, jamás se habría producido de haber tenido lugar el desastre climático en la Cataluña separatista o el Euskadi terrorista.  

Seis. En busca del primo segundo

Y si todavía sospecha el desconfiado lector que exageramos con el fin de llevar el agua a nuestro molino, imagine por un momento qué hubiera sucedido, qué estaría sucediendo si el titular institucional de los dispositivos de emergencia y prevención de catástrofes hubiera sido el mismísimo Pedro Sánchez Pérez-Castejón? Si Sánchez estuviera en el lugar de Moreno no habría podido visitar la zona porque habría sido oportunamente abucheado por espontáneos ciudadanos no muy alejados de (si no alentados por) Vox o el Partido Popular. Fantasee el lector con algunos titulares posibles: El Gobierno de Sánchez no ha invertido en ocho años ni un solo euro en la protección de zonas inundables debido a sus prejuicios medioambientales. Un primo segundo de Sánchez fue diputado provincial de obras hidráulicas en Cádiz: ¿por qué no levantó muros de defensa en los caseríos ribereños del Guadalete ahoga anegados? 

Siete. 100.000 muertos

La obsesión antisanchista de la derecha no tiene límites. Tan correcta como está siendo ahora la gestión de Moreno fue la de Sánchez durante la pandemia. Su batería de medidas fue muy similar a la de otros países amenazados por el coronavirus, y sin embargo fue objeto de durísimas descalificaciones, con manifestaciones ultras en las calles y votaciones del PP y Vox en el Congreso boicoteando sin fundamento epidemiológico alguno los planes de confinamiento decretados por el Ejecutivo. La derecha española, vergüenza debería darle, exhibió entonces la misma falta de deportividad que viene retratándola históricamente. Recuérdese aquel vídeo oficial donde el PP hacía su particular balance del plan sanitario y económico del Gobierno para neutralizar la pandemia: “Deja 100.000 muertos, 3 millones enfermos y 6 millones de desempleados”.