La estrategia política de Isabel Díaz Ayuso durante su polémico viaje a México empieza a resquebrajarse tras la publicación de una imagen que contradice directamente la versión ofrecida por la presidenta madrileña. Mientras la presidenta madrileña denunciaba un supuesto “boicot” del Gobierno mexicano y cancelaba su asistencia a los Premios Platino en la Riviera Maya, una imagen publicada por la propia organización del evento ha dejado al descubierto una incómoda contradicción: la alcaldesa de Alcobendas, Rocío García Alcántara (PP), sí estaba allí. Y además, en primera fila.

La fotografía, difundida en las redes oficiales de los Premios Platino, ha provocado una fuerte reacción política en Alcobendas. El PSOE local ha exigido explicaciones inmediatas y ha puesto el foco no solo en el viaje de la alcaldesa, sino también en el discurso construido por Ayuso durante los últimos días.


Rocío García estaba justo donde Ayuso dijo que no podía estar”, ha denunciado el portavoz socialista Ángel Sanguino, quien ha considerado el asunto “muy grave”. Las preguntas son directas y difíciles de esquivar: ¿qué hacía la alcaldesa en Riviera Maya?, ¿quién pagó el viaje?, ¿por qué su agenda institucional desapareció entre el 5 y el 11 de mayo?

Las dudas han aumentado al comprobar que la agenda institucional de la alcaldesa permanece vacía entre los días 5 y 11 de mayo. Desde el PSOE han considerado sospechosa esa ausencia de actividad pública y denuncian falta de transparencia por parte del gobierno municipal. 

El Ayuntamiento ha asegurado a la cadena SER Madrid Norte que se trata de un viaje privado y que “no se ha gastado ni un céntimo de dinero público”. Sin embargo, ha evitado aclarar si el consistorio mantiene algún tipo de patrocinio o subvención con los premios o con la empresa organizadora. Una ambigüedad que alimenta todavía más las sospechas.

Porque el problema ya no es únicamente el viaje. El verdadero daño político está en la imagen. Mientras Ayuso intentaba convertir su ausencia en una batalla diplomática y mediática contra el Gobierno mexicano, una dirigente de su propio partido aparecía cómodamente sentada en el acto al que, supuestamente, no se podía asistir.

Desde el PSOE de Alcobendas han insistido en que, si la alcaldesa pagó el viaje de su bolsillo, “debería ser fácil demostrarlo”. Y si alguien más lo financió, han reclamado saber quién y con qué intereses. Sanguino ha sido tajante: “Si no puede explicarlo, tiene que dimitir”.

La contradicción política es evidente. Mientras Ayuso construía un discurso de confrontación denunciando vetos y desplantes diplomáticos, una representante destacada de su propio partido participaba sin problemas en el mismo evento. La imagen deja en una posición incómoda al Partido Popular madrileño y alimenta las críticas de quienes acusan a Ayuso de utilizar constantemente la confrontación institucional como herramienta política y mediática.

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