Uno. La cronología
He aquí la cronología de las declaraciones de los líderes de la derecha y la ultraderecha sobre el accidente ferroviario de Adamuz, el domingo 18 de enero, en el que perdieron la vida 45 personas y varias decenas resultaron heridas.
Domingo 18. El líder de la ultraderecha Santiago Abascal:
“Por desgracia, y lamento decirlo, como en tantas catástrofes que nos han golpeado estos años, no puedo confiar en la acción de este Gobierno. Nada funciona bajo la corrupción y la mentira”.
Lunes 19. El colíder de la derecha Alberto Núñez Feijóo:
“Estamos convencidos de que ADIF y Renfe en un espacio breve nos darán cuenta de los primeros indicios. España, cuando tiene un gran problema, se une y tenemos un gran país y es lo que hemos hecho desde ayer por la noche”.
Miércoles 21. De nuevo el líder de la ultraderecha Santiago Abascal:
“Yo no puedo callar. El luto y el silencio no pueden servir para tapar la corrupción. No hay respuestas y ahora nos dicen que tenemos que esperar un año o año y medio a tener respuestas, pero algunos saben que la corrupción mata”.
Jueves 22. La colíder de la derecha Isabel Díaz Ayuso:
“No puede ser que impere la ley del silencio y del miedo a pedir responsabilidades; debemos saber qué ha pasado con el accidente y enfrente tenemos un gobierno que no invierte, entregado a ser un rodillo para el independentismo vasco y catalán, sometido a su chantaje y no invirtiendo en el resto de España”.
Viernes 23. El colíder de la derecha Alberto Núñez Feijóo:
“El estado de las vías es el reflejo del estado de la Nación. La gente quiere saber si es seguro o no subirse a un tren actualmente en España. Han pasado ya cinco días y los españoles seguimos sin saber bien qué ocurrió, ni en Córdoba ni en Barcelona. No hay una versión consistente y solvente”.
Dos. La versión
¿Cómo que “no hay una versión consistente y solvente”, si lo que empezaba a haber ese mismo viernes 23 era justamente eso, una versión documentada, coherente y verosímil? Esa mañana se hacía público el informe preliminar de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF) y el ministro Óscar Puente ofrecía una nueva rueda de prensa para comentar la principal conclusión de los investigadores: la rotura previa de un raíl de la vía, quizá por una mala soldadura o tal vez por un defecto de fabricación.
Tres. La doble pauta
Había, pues, dos pautas de reacción: la marcada por Abascal y la prefigurada por Feijóo, la pauta de los halcones y la pauta de las palomas. Que Ayuso se sumara a la primera no era nada extraño, pero sí lo fue que Feijóo renunciara tan rápidamente al papel civilizado y cordial de paloma democrática que él mismo había decidido interpretar el lunes 19 para luego, sin previo aviso ni solución de continuidad, abrazar el afán depredador de los halcones despiadados de la política. La piedad por los muertos podía esperar; la unidad de país, también: había llegado la hora, marcada por Abascal, de entrar a matar al Gobierno. Como en otros duros trances –la pandemia fue el último–, la política devoraba a la compasión: la prioridad, debilitar al Gobierno.
Cuatro. El halcón vegetariano
Pero mientras Abascal y Ayuso son, políticamente hablando, dos pajarracos esquinados y genuinamente carnívoros, Feijóo tiene mucho de halcón vegetariano que no acaba de hallarse del todo cómodo en el papel de ave iracunda y depredadora. Feijóo es un halcón impostado y poco convincente, palomo indeciso al que le parece asustarle ser fiel a sí mismo, o al menos ser fiel a la institucionalidad respetuosa y prudencial que practicó durante los años que presidió la Xunta de Galicia. Cuando bajó de Santiago a Madrid era paloma, pero Madrid lo convirtió en halcón, halcón sobrevenido e intermitente pero halcón al cabo. ¿Por qué? Por miedo, por debilidad, por indecisión, por cuajo.
Cinco. La leona y el cervatillo
Abandonando el tono conciliador exhibido el lunes con su conmovedora mención a la “España que se une cuando tiene un gran problema”, al día siguiente de haberlo hecho Ayuso fue el propio Feijóo quien la imitaba para subirse él también al tren de Abascal en Adamuz, estación fúnebre. Si no le tiene miedo, lo parece: ante la presidenta madrileña, el líder del PP evoca la imagen del cervatillo que olfatea despavorido la cercanía de una leona. El lunes parecía decidido a quedarse en el andén de la empatía y el sentido de Estado, arropando a las víctimas, acompañando a Pedro Sánchez y Juan Manuel Moreno, pero aguantó poco tiempo ahí. En el Partido Popular, en los medios amigos y en las redes sociales le apretaban para que se subiera de una maldita vez al tren ultra, y eso es lo que hizo. En el vagón de primera clase ya ocupaba plaza Isabel Díaz Ayuso, mientras a la cabeza del convoy el maquinista con nombre de apóstol matamoros apretaba a fondo el pedal de aceleración de la infamia. “La corrupción mata”. La flojera, también.