El que fuera portavoz parlamentario de Vox en el Congreso, Iván Espinosa de los Monteros, ha lanzado una advertencia pública sobre la evolución interna de la formación. En su opinión, el partido atraviesa un proceso de “estrechamiento y empobrecimiento” orgánico que, si no se corrige, puede acabar teniendo consecuencias electorales. Así lo expuso en una entrevista en el programa Herrera en COPE donde defendió la necesidad de convocar un congreso que refuerce la cohesión y prepare a la organización para eventuales responsabilidades de gobierno.

Afiliado número cinco de Vox y uno de sus rostros más reconocibles durante la pasada legislatura, Espinosa de los Monteros describió un clima interno marcado —según sus palabras— por un “proceso de acallamiento” que dificulta la emergencia de liderazgos y empobrece el debate. A su juicio, el partido se ha ido cerrando progresivamente, reduciendo los espacios de deliberación y limitando la pluralidad de voces que en su día formaron parte del proyecto.

En ese contexto, sostuvo que la formación ha experimentado un “giro estatalista” que la aleja de su ideario fundacional y de la defensa de mecanismos sólidos de democracia interna. Recordó que tras el retroceso electoral de 2023 —cuando Vox pasó de 55 a 33 diputados en el Congreso— no se abrió un proceso de reflexión colectiva de alcance. Para el exdirigente, esa ausencia de autocrítica organizada evidencia la debilidad de los contrapesos internos y la falta de estructuras que canalicen el debate estratégico tras un revés en las urnas.

Espinosa de los Monteros fue más allá al señalar que, en su opinión, Vox se ha “encerrado en un grupo minúsculo” donde se concentran las decisiones relevantes. Ese modelo organizativo, advirtió, no solo erosiona la vida interna del partido, sino que plantea interrogantes sobre su capacidad de gestión futura. “Un partido que funciona así, ¿cómo va a gobernar?”, se preguntó durante la entrevista, sugiriendo que la cultura interna es inseparable de la credibilidad institucional.

Sin mencionar expresamente al actual presidente de Vox, Santiago Abascal, el ex portavoz parlamentario afirmó que el liderazgo actual responde a una etapa distinta y que la organización se ha distanciado de la misión con la que nació. “Nuestro partido vino para ejemplificar cómo debería ser la política”, recordó, en alusión a la vocación regeneradora que reivindicaban sus fundadores. A su entender, ese impulso inicial se ha diluido en favor de dinámicas más cerradas y menos permeables.

Pese a las críticas, Espinosa de los Monteros no eludió la relación con el Partido Popular. Reconoció que el PP ha sido en ocasiones “desagradecido e incumplidor” con Vox en distintos acuerdos territoriales, pero defendió la necesidad de mantener canales de entendimiento entre ambas formaciones. Con la vista puesta en unas próximas elecciones generales, subrayó que la fragmentación del espacio del centroderecha puede dificultar la formación de mayorías alternativas al actual Ejecutivo.

En su diagnóstico, existe un segmento relevante del electorado que se siente políticamente desatendido. Habló de votantes de centroderecha “huérfanos”, a la espera de una propuesta “ilusionante” que combine coherencia ideológica, solvencia técnica y capacidad real de gobierno. A su juicio, Vox solo podrá aspirar a ampliar su base si es capaz de ofrecer un proyecto integrador, con liderazgos reconocibles y una estructura más abierta.

Las críticas también alcanzaron al Partido Popular, al que reprochó no haber articulado un “menú atractivo” para responder a los principales desafíos socioeconómicos. Señaló, en particular, la falta de claridad en debates como el futuro del sistema de pensiones, el acceso a la vivienda, la productividad o los salarios de los jóvenes. En su opinión, estos asuntos requieren propuestas ambiciosas que conecten con las aspiraciones de la clase media y con quienes buscan estabilidad y progreso.

Espinosa de los Monteros reivindicó situar en el centro del debate político la idea de una clase media en ascenso, capaz de independizarse, formar una familia y consolidar un proyecto vital tras pocos años de esfuerzo. Esa narrativa, argumentó, debería vertebrar un programa reformista que combine crecimiento económico, responsabilidad fiscal y movilidad social. Sin esa perspectiva, añadió, resulta difícil movilizar a amplios sectores sociales que perciben un estancamiento en sus expectativas.

En paralelo, describió al Gobierno central como un Ejecutivo “agotado”, al que atribuye una pérdida de impulso político. Desde su punto de vista, existe una demanda social de cambio que podría cristalizar en un ciclo reformista si las fuerzas del centroderecha logran articular una alternativa creíble. Sin embargo, advirtió de que esa oportunidad no se materializará automáticamente.

Para el presidente Atenea, la clave reside en la preparación interna. Vox, sostuvo, solo podrá disputar la hegemonía del espacio conservador al PP si corrige sus dinámicas organizativas y llega a las próximas generales como un partido cohesionado, con debate interno real y preparado para gestionar. La celebración de un congreso, insistió, sería el primer paso para reforzar la legitimidad de las decisiones estratégicas y ampliar la participación de sus cuadros.

Su intervención pública reabre así el debate sobre el rumbo de la formación y sobre el equilibrio entre disciplina interna y pluralidad. En un momento en que el tablero político se mueve y las alianzas son determinantes, Espinosa de los Monteros plantea que la fortaleza electoral no depende únicamente del discurso, sino también de la arquitectura interna del partido. De lo contrario, concluye, cualquier aspiración de gobierno podría verse lastrada por carencias estructurales no resueltas.

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