Uno. El acre sabor de la victoria
Se escriben estas líneas horas antes de que castellanos y leoneses vayan a las urnas para otorgar de nuevo la victoria a las derechas, con el PP como primer partido pero condenado a entenderse con un Vox que, como está evidenciando en la Extremadura de la pobre María Guardiola, busca más la rendición que el pacto. Los ultras podrían alcanzar ese escalofriante 20 por ciento que daría a la victoria de Alfonso Fernández Mañueco un sabor no menos sino más acre y amargo del que tendrá la derrota para un PSOE castellanoleonés que se conformaría con salir hoy igual de derrotado que hace cuatro años.
Dos. Paisaje castellano con fondo andaluz
Le sucede a la izquierda castellana lo que durante tanto tiempo le sucedió a la derecha andaluza, que hubo de esperar pacientemente casi 40 años a que el PSOE gobernante cometiera errores de suficiente bulto como para acabar cediéndole su hegemonía. Salvo que Juan Manuel Moreno se equivoque tanto como se equivocó Susana Díaz, pero no solo ella, en Andalucía habrá PP para mucho tiempo. La carrera de la liebre y la tortuga se prolongó durante cuatro décadas en Andalucía: como en la fábula, en las últimas vueltas la liebre socialista se echó a dormir y la tortuga popular aprovechó el descuido. El PSOE andaluz todavía anda intentando acostumbrarse al nuevo traje de tortuga que los votantes le hicieron a medida.
Tres. La Guerra del Mono
Entre tertulianos y analistas se viene discutiendo si el posicionamiento de Pedro Sánchez contra la guerra de Trump influirá en las elecciones de hoy y si el alineamiento de Vox con el Mono con Pistolas que se Sienta en la Casa Blanca perjudica sus expectativas de voto. No es probable. En realidad, es casi seguro que no. La mecánica electoral no opera con silogismos: si lo hiciera, Vox vería seriamente menguadas sus simpatías populares en el medio rural, donde sin embargo sigue siendo el partido más fuerte. Sus adversarios reprochan a Abascal que se haya puesto de perfil en la cuestión de Irán: ¡pues claro que lo ha hecho, pero no menos de lo que ellos lo harían en los asuntos que pudieran perjudicarles electoralmente!
Cuatro. La razón y el gasóleo
Trump ha provocado una guerra cuyo primer efecto está siendo disparar el precio del combustible, malísima noticia para una comunidad fuertemente rural como Castilla y León. El agricultor que está viendo incrementada la factura del gasóleo que necesita para su tractor no va a dejar de votar a Vox porque Santiago Abascal esté inequívocamente alineado con Washington. Ni va a simpatizar con Pedro Sánchez aunque este decida subvencionar el combustible para neutralizar así la carestía provocada por Trump. En tiempos fuertemente polarizados como estos, las filias y fobias políticas no operan con la lógica de la razón, sino con las inercias de la fe.
Cinco. Que ganen los míos, no los mejores
Según el último barómetro de 40dB, el apoyo a la guerra es mayoritario únicamente entre los seguidores de Vox, y aun así solo con un 52,8%, mientras que en los del PP es de un 36%. En la izquierda, en cambio, el rechazo ronda el 90%. Nada de eso parece que vaya a tener impacto en las elecciones de hoy. El porcentaje de ciudadanos que votan según las leyes de la lógica se diría más bien insignificante, más o menos como el porcentaje de amantes del fútbol que quieren que gane el partido no el equipo con el que simpatizan sino aquel que más lo merezca.
Seis. ¿Seguro que es la economía, estúpido?
Se piensa que los norteamericanos solo dejarán de apoyar a Trump si la economía del país –inflación y desempleo– empieza a ir mal, pero está por ver que eso vaya a ser así: en todo caso, dependerá de cuánta inflación y cuánto desempleo provoca su fatídico presidente. De hecho y en buena lógica, si la lógica electoral funcionara en esa dirección, también debería hacerlo en la contraria: es decir, si a Trump lo hundieran los malos datos económicos, a Sánchez deberían salvarlo los buenos, y no está siendo así, ¿o acaso la bonanza económica española, sin duda atribuible al Gobierno, está incrementando las simpatías por Sánchez? Si una encuesta preguntara mañana qué político es más peligroso, Sánchez o Trump, el presidente español ganaría por goleada entre los votantes del PP y Vox. Al igual que sucede con el trumpismo de las derechas norteamericanas, el antisanchismo desaforado de las derechas españolas es hijo más del resentimiento que de la lógica, más de la furia que de la razón.