En la izquierda hay una pregunta que vuelve una y otra vez, sobre todo cuando se acercan escenarios electorales exigentes: cuánto voto se pierde en la fragmentación y cuánto podría rescatarse con una candidatura compartida. El posible acercamiento entre Gabriel Rufián e Irene Montero ha devuelto esa cuestión al primer plano. La convocatoria de un acto conjunto en Barcelona ha encendido el foco sobre una fórmula que, sin estar aún definida, ya obliga a medir expectativas, resistencias y capacidad de arrastre entre el electorado progresista.

La cita, prevista para el próximo 9 de abril bajo el lema “¿Qué se ha de hacer?”, llega después de varios movimientos que apuntaban en esa dirección, aunque hasta ahora sin una imagen tan clara. Hace solo unas semanas, Rufián ya había dado un primer paso con un acto en Madrid en el que defendió la necesidad de ordenar el espacio de la izquierda alternativa y dejar atrás la competencia entre siglas que, a su juicio, terminan representando sensibilidades muy parecidas. Su planteamiento era directo: menos disputa por la pureza y más método para convertir votos dispersos en fuerza electoral real.

La novedad ahora está en el nombre de Irene Montero y en lo que puede representar su presencia en ese escenario. La dirigente de Podemos sigue siendo una de las figuras con mayor reconocimiento dentro de ese espacio político y, al mismo tiempo, una de las que generan reacciones más intensas, tanto de adhesión como de rechazo. Que comparta foco con Rufián alimenta la idea de que ya no se está hablando solo de una reflexión teórica sobre la unidad, sino de una posible operación con recorrido.

Por eso la pregunta no es menor. Un hipotético tándem entre ambos podría activar a una parte del electorado progresista que hoy observa con cansancio las divisiones internas de la izquierda a la izquierda del PSOE. También podría funcionar como un experimento político para medir hasta qué punto una candidatura más amplia sería capaz de movilizar voto, recuperar abstencionistas y competir con más eficacia en un escenario cada vez más tensionado por la derecha y la extrema derecha.

Al mismo tiempo, las incógnitas son evidentes. Falta saber si ese acercamiento puede traducirse en algo más que una imagen potente, si otras fuerzas estarían dispuestas a integrarse en una fórmula así y si las diferencias acumuladas en los últimos años permiten realmente abrir una nueva etapa. También queda por ver cómo encajaría una operación de este tipo en un tablero en el que Sumar, Izquierda Unida y otros actores siguen teniendo peso y estructura propia.

En cualquier caso, el movimiento ya ha reabierto el debate. No tanto porque exista una candidatura cerrada, que hoy no existe, sino porque vuelve a ponerse sobre la mesa una idea que aparece una y otra vez cuando la izquierda entra en fase de repliegue: si seguir dividida compensa más que intentar construir una herramienta compartida. Con ese escenario abierto, la pregunta está servida: ¿cómo valoras un hipotético tándem electoral de Gabriel Rufián e Irene Montero?

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ENCUESTA: ¿Cómo valoras un hipotético tándem electoral de Rufián e Irene Montero?

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