1. Ética y estética

Adivina adivinanza, ¿qué dirá -y qué no dirá- el expresidente socialista José Luis Rodríguez Zapatero en su esperadísima declaración de este miércoles ante el juez Calama? ¿Se ha precipitado el magistrado al acusarlo, en pieza separada, de delito fiscal y contrabando sin haber escuchado antes por qué tenía y de dónde procedía el tesoro que guardaba en una caja fuerte de su despacho? 1,3 millones de euros en joyas. Feo. En apariencia, muy feo. La estética opera contra ZP; solo la ética, sustentada en una confesión irrefutable, puede salvarlo.

2. Burbujas judiciales

Incierto, acorralado y perplejo, reza el socialismo para que el caso Zapatero sea un caso David Sánchez o un caso Begoña Gómez o incluso un caso Álvaro García más, y no un caso Ábalos, un caso Cerdán o un caso Leire. Los dos primeros son burbujas judiciales que si acaban en condena será porque ningún tribunal se habrá atrevido a pincharlas, que es lo que también vino a suceder en el caso del Fiscal General, condenado por ser quien era más que por haber hecho lo que en realidad nadie probó que hubiera hecho. Es obvio que el Gobierno no cuenta con la simpatía de determinados jueces, pero de ahí a acusarlos de prevaricación va un trecho que siquiera el más atrevido o insensato de los ministros debería transitar.

3. Materia penal

Ábalos, Cerdán, Leire: estos tres casos son, muy al contrario, otra cosa, pues en ellos sí hay verdadera e inequívoca materia penal de cuyo esclarecimiento definitivo por los tribunales no parece que vayan a salir indemnes ni el Partido Socialista ni el propio Gobierno. Si las pesquisas judiciales, aún en curso, se materializan en una imputación del Partido Socialista por financiación ilegal, los días de Sánchez como presidente estarán contados. O no: con Sánchez nunca se sabe. ¿Puede darse tal imputación aunque los indicios de financiación ilegal sean débiles, inconexos o poco convincentes? Puede darse: la condena, cogida con pinzas, del Fiscal General, la negativa del Supremo a aplicarle la Ley de Amnistía a Carles Puigdemont o el procesamiento de la mujer y del hermano del presidente del Gobierno sugieren que, en efecto, la imputación poco fundada del Partido Socialista es perfectamente posible. Como lo es, incluso, la del propio presidente.

4. Prevaricación y soberbia

Aun así, la comprometida tesis gubernamental del contubernio de jueces y policías para acabar con Sánchez no es creíble, aunque sí lo sea que, como mínimo, algunos jueces están muy lejos de guardar la apariencia de imparcialidad que les exige la ley; no sabemos si son imparciales, pero nos caben pocas dudas de que no lo parecen; en realidad, ni siquiera se toman la molestia de parecerlo. Pero eso no es prevaricación, es solo soberbia. Todo juez prevaricador es un soberbio, pero no todo juez soberbio es un prevaricador. Modérese, pues, el impaciente ministro Óscar López en sus filípicas.

5. La caja del tesoro

Han pasado tres interminables semanas desde que se conoció la imputación del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero y todo ha ido a peor desde entonces. Nuestra recomendación, y la de muchos, al expresidente de que hablara cuanto antes porque su partido y sus muchos simpatizantes estaban en ascuas cayó más bien en saco roto: cierto que una semana después de estallar la bomba, habló en su nombre el periodista Luis Arroyo, pero lo hizo con una información escandalosamente errónea al tasar en no más de 50.000 euros las joyas encontradas por la Guardia Civil, cuya tasación oficial ha elevado su valor a un millón largo de euros. ¡Pobre Arroyo! Alguien del entorno de Zapatero debería detallar la trazabilidad de esa equivocación que ha dañado la reputación del periodista tanto como ha multiplicado las dudas y sospechas sobre la honorabilidad del expresidente.

6. Ay, ZP, ZP

Zapatero hablará esta semana ante el juez. Medio país no le creerá diga lo que diga, pero el otro medio está deseando creerle. A la primera mitad le da igual lo que diga, pues para ellos Zapatero entra en el mismo paquete que Sánchez y todo lo que ambos les pase es poco. La segunda mitad del país, en cambio, necesita, como santo Tomás, ver y tocar para creerlo inocente. En el funesto Romance impaciente de ZP que publicamos dos semanas atrás, resumíamos así la delicada situación del expresidente y la insufrible ansiedad de sus simpatizantes:

“Ay, ZP, ZP,/ quién te ha visto y quién te ve./ Ay, ZP, ZP,/ quién nos ha visto y nos ve./ Por todo esto que te expongo/ Zapatero, escuchamé:/ los delitos que en su auto/ te atribuye el señor juez/ exigen que te apresures/ y que a contar tu versión/ no esperes diez días diez./ Ay, ZP, ZP,/ ¡habla, que estamos en ascuas!;/ te lo pido con respeto/ aunque parezca soez:/ presidente, por favor,/ presidente ZP,/ acelera, corre, vuela,/ ¡¡¡habla de una puta vez!!!”. Reiteramos en prosa lo dicho en verso.

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