El filósofo sevillano David Pastor Vico llenaba estadios en México como una estrella del rock. Su vida dio un giro radical cuando un cáncer letal evidenció las carencias del sistema privado y lo trajo de vuelta a España para salvar su vida. En esta entrevista desgrana el auge de la ultraderecha, la perversión del estoicismo en redes y la crisis de la izquierda.
Hablar de filosofía con él resulta un ejercicio de tremenda agilidad mental. Este autor superventas ha logrado acercar el pensamiento crítico a las masas e introducirse en las listas de los libros más leídos. Hoy charlamos sin guiones rígidos, abordando la realidad política y social con la contundencia de quien ha mirado a la muerte a los ojos para defender lo verdaderamente importante.
Pregunta (P): Vico, la gente que vota a partidos que siembran el odio contra los inmigrantes y los pobres, ¿es mala gente o son carajotes?
Respuesta (R): Yo no creo que sea mala gente. Nadie en su sano juicio renuncia a sus derechos sociales o laborales por echar a millones de personas con un color de piel o idioma distinto. Lo que hay sobre todo es una reacción desinformada. Hay quienes actúan por hartazgo y compran discursos de odio porque creen que así llegará la tranquilidad. Hemos llegado a la conclusión de que vivimos en el peor de los mundos posibles y eso es muy propio de no viajar y no pensar. La ultraderecha se sustenta sobre esta simpleza extrema ofreciendo soluciones fáciles a problemas muy complejos.
P: En Ceuta hemos visto a una piara de fascistas intentando cazar migrantes y se han encontrado con el muro de los demócratas.
R: Eso me da muchísima esperanza. Demócratas musulmanes, cristianos, ateos y judíos han salido a la calle a dejar claro que ese discurso de odio no tiene cabida en sus barrios. Afortunadamente hay mucha más gente buena en este país que gente mala.
P: Te consagraste como filósofo en México vendiendo decenas de miles de libros, pero regresaste a España tras un diagnóstico de cáncer y un problema grave con tu seguro médico privado. ¿Qué te pasó?
R: Me detectaron un melanoma en una fase muy avanzada en 2022. Yo pagaba un seguro de gastos médicos de seis mil quinientos dólares al año. Cuando llamé para operarme de urgencia, me respondieron que ese cáncer en particular no entraba en mi cobertura hasta el año siguiente. Me negaron el derecho a curarme. Tuve que costear la primera fase yo mismo y en ese sistema te cobran aparte cada gasa y cada punto de sutura. Me dieron una ventana de un año de vida y la inmunoterapia privada costaba medio millón de dólares. Un médico me recomendó volver a mi tierra, al Hospital Virgen Macarena de Sevilla con el doctor David Moreno. En poco más de un mes ya estaba recibiendo tratamiento allí.
P: En Dios no creemos, pero el milagro se llama sanidad pública. Da mucho cabreo ver cómo la derecha pretende destruir esto. Nuestro amigo Manu Sánchez está muy salvaje en redes defendiendo lo público tras su enfermedad.
R: Sin duda. Podemos entrar en un hospital de España sin tener que mirar la cartera. Manu ha jugado a las cartas con la muerte soportando operaciones de catorce horas y una quimioterapia brutal. ¿Cómo le va a tener miedo a ofender a alguien en redes?. Lo que hace es por principios y aplica una terapia de choque social. Me indigna que haya gente dispuesta a dejar que la sanidad se pudra. Yo pago un huevo de impuestos y quiero seguir pagándolos. Mis impuestos me salvaron la vida, pagan la educación de mi hija y tapan los baches. Quien se niega a pagar impuestos usando la corrupción como excusa lo que hace es parasitar al resto de ciudadanos.
P: Frente a la política de programas, hoy reinan figuras de extrema derecha que dominan la demagogia. ¿Estamos ante un declive democrático hacia el abismo?
R: Autores clásicos como Aristóteles o Polibio ya nos advertían sobre la oclocracia, que es el gobierno de la muchedumbre o la democracia populista. Estos sistemas derivan en adular constantemente al pueblo y decirle que no hace falta esforzarse. Ser ciudadano exige un esfuerzo constante, pero la población prefiere dejar el pensamiento y el estudio para mañana. Fíjate en Finlandia. En los años noventa hicieron un gran pacto de Estado por la educación y subieron a lo más alto, pero ahora caen porque llega un iluminado prometiendo bajar los impuestos y destrozan el sistema. Es la trampa del modelo neoliberal.
P: Y ese neoliberalismo nos vende el individualismo atroz y el culto a empresarios exitosos para demonizar lo colectivo.
R: Totalmente. Los logros de la sociedad contemporánea no son fruto del individualismo, sino del apoyo mutuo comunitario. Te venden el mito de Steve Jobs, pero ese señor era bueno en marketing y no hubiera llegado a ningún lado sin una enorme masa crítica de trabajadores produciendo para él. En España tenemos un discurso completamente escorado a la derecha. Llamamos extrema izquierda a partidos muy moderados mientras regalamos nuestros medios de producción nacionales y estratégicos.
P: Te cambio de tercio hacia las redes sociales. Últimamente hay una plaga de influencers en TikTok vendiendo el estoicismo.
R: Han prostituido por completo el estoicismo. El estoico griego original te exige formar comunidad, no estar nunca solo y buscar amigos unidos por la virtud democrática. En TikTok han cogido la peor autoayuda y le han puesto la etiqueta estoica con chavales fanfarrones hablando de dominación. Usan constantemente las meditaciones de Marco Aurelio porque no tienen derechos de autor y a las editoriales les sale gratis publicar nuevas ediciones. Marco Aurelio era el emperador romano más rico y poderoso del mundo. Es comodísimo decir que te despegues de lo económico cuando el dinero te sale por las orejas.
P: Termino con una pregunta muy directa. ¿Cómo ves el futuro de la izquierda en nuestro país?
R: Depende del día que me levante. El principal obstáculo es que la izquierda solo tiene fuerza real cuando está verdaderamente cohesionada. En un movimiento amplio deberían caber todos aportando fuerza al bloque. Sin embargo, a principios de siglo la izquierda se sintió demasiado hegemónica y empezó a enredarse en luchas cada vez más individuales, pequeñitas y atomizadas. Hemos provocado confrontaciones internas enormes dentro de movimientos que deberían estar unidos bajo un mismo gran paraguas. Si a eso le sumas los casos de vacas sagradas a las que les descubren collares en cajas fuertes, el discurso pierde toda la credibilidad. Para sobrevivir, la izquierda necesita recuperar inmediatamente su cohesión y aportar muchísima más materia gris.
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