La crisis migratoria vivida en Ceuta durante las últimas semanas ha vuelto a situar la inmigración en el centro de la agenda política española. La llegada masiva de personas a la ciudad autónoma, la atención a los menores no acompañados y el posterior debate sobre su distribución entre comunidades autónomas han abierto un nuevo episodio de tensión entre administraciones y partidos, y a su vez, se ha convertido en el epicentro de la batalla cultural de la derecha y la extrema derecha. La estigmatización de estas personas y su criminalización inmediata en base a su origen ha sido un mensaje claro desde Vox, mientras que el PP no ha adoptado posiciones tan radicales, pero sí se ha dado la mano con la extrema derecha para abogar por la devolución de menores y migrantes a sus países de origen. Es por ello que más allá de la gestión inmediata de la emergencia, los acontecimientos también están teniendo consecuencias directas sobre el debate político.

La situación en Ceuta comenzó a adquirir una dimensión extraordinaria a finales de julio, cuando se produjo una llegada masiva de personas procedentes de Marruecos. Los servicios de la ciudad tuvieron que hacer frente a una presión muy superior a la habitual y entre las personas llegadas se identificó a un número elevado de menores. La dimensión de la crisis obligó a activar mecanismos extraordinarios de coordinación entre el Gobierno central y la Ciudad Autónoma de Ceuta, y ello reabrió el debate sobre la capacidad de las comunidades autónomas para asumir parte de la responsabilidad en la atención a estos menores. En respuesta, el Gobierno ha planteado un mecanismo de distribución territorial y ha anunciado recursos adicionales para reforzar la atención, pero aquellas comunidades gobernadas por PP y Vox no han visto con buenos ojos el reparto, enrocados en las posiciones discursivas mencionadas.

Un problema en tres dimensiones

La situación ceutí tiene tres dimensiones. La humanitaria es la primera y más importante de todas, relacionada con la atención de las personas vulnerables y la capacidad de las administraciones para poner medios a su disposición. La política es la segunda y, con ella, todos los debates que se están generando, de los que gotean intervenciones como la de José María Figaredo (Vox) en Espejo Público, que habló explícitamente de "cogerlos y cazarlos" para "devolverlos inmediatamente", una retórica que raya en la deshumanización. La tercera es la jurídica: la legislación española establece obligaciones específicas de protección hacia los menores no acompañados, independientemente de su nacionalidad o situación administrativa. Por ello, la Fiscalía ya ha advertido de que las comunidades autónomas deben cumplir las responsabilidades que les corresponden en materia de protección de menores, pese a la oposición de PP y Vox al respecto.

Volviendo al plano político, una de las cuestiones que dan tronco al discurso de la extrema derecha es, precisamente, la inmigración, por lo que no es sorpresa que Vox haya situado esta crisis en el centro de su discurso desde el mismo día de la entrada, con términos especialmente contundentes para describir los hechos y reclamando un endurecimiento de la política fronteriza, incluyendo un mayor protagonismo de las Fuerzas Armadas y medidas de devolución. Las críticas, no obstante, siempre dirigidas al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y al propio Ejecutivo central, y mucho más reservadas a la hora de señalar a Rabat.

El Partido Popular, por su parte, mantiene una posición más centrada, pero también dura en ciertos aspectos. El presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, ha reclamado al Gobierno central recursos y colaboración para afrontar la situación, pero la dirección nacional del partido ha defendido una política migratoria más restrictiva y un mayor control de las fronteras. Los 'populares' se encuentran a caballo entre dar un paso más en la radicalización de su discurso y mantener la posición actual, en la que por momentos se ven ramalazos de afinidad con la extrema derecha.

De la deshumanización al centro de la batalla cultural

Esta diferencia de posiciones dentro del espacio conservador hace ecos con uno de los asuntos más manidos por analistas y politólogos: hasta qué punto el PP debe endurecer su discurso para competir electoralmente con Vox y dónde están los límites de esa estrategia para un partido que se quiera decir de sí mismo moderado. Esta cuestión, además, no es estrictamente de miras españolas. En numerosos países europeos, la inmigración se ha convertido en uno de los asuntos con mayor capacidad de movilización electoral, y partidos de extrema derecha han aumentado su presencia institucional y han conseguido incorporar sus planteamientos sobre fronteras, asilo e integración a las agendas de otras fuerzas políticas ante la radicalización del electorado. En España, este fenómeno es especialmente notable por factores como la posición geográfica del país, con fronteras terrestres con Marruecos en Ceuta y Melilla, su condición de frontera exterior de la Unión Europea y las rutas migratorias hacia Canarias y el Mediterráneo, que convierten la inmigración en un asunto de primer orden para todas las administraciones.

Al mismo tiempo, las administraciones afrontan problemas relacionados con la capacidad de acogida, la vivienda, los servicios públicos y la integración. El principal reto político que esta situación plantea es dar salida a todas estas dificultades sin tratar toda la cuestión migratoria como un problema de seguridad contaminado por una mirada xenófoba, y no deshumanizar a personas en situación de vulnerabilidad. En esta cuestión también existe responsabilidad desde el ámbito mediático y político: la utilización de determinados términos puede modificar la percepción social de lo que ocurre. Conceptos como "invasión" o "avalancha" no tienen únicamente un valor descriptivo, sino que contribuyen a establecer un marco interpretativo y a moldear la mirada generalista.

La evolución de este debate será relevante en los próximos meses, en tanto que combina cuestiones como el control fronterizo, el empleo, los servicios públicos, los derechos humanos y el análisis multidimensional de las causas de la propia inmigración. El modo en que los partidos aborden estos asuntos será importante en las elecciones de 2027, y surgen algunas incógnitas clave: ¿Recogerá Vox votos descontentos del PP? ¿Serán los de Feijóo capaces de moldear un discurso que no se pase de extremista y convencer a su sector electoral? ¿Aguantará el desgaste de esta crisis el PSOE?

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