Las últimas declaraciones de Juan Carlos I sobre la relación entre Felipe VI y el Gobierno de Pedro Sánchez no tardaron en encontrar una respuesta contundente. Y una de las más sonoras ha llegado de la mano de Javier Aroca, colaborador habitual de la Cadena SER y de Malas Lenguas en TVE, que ha desmontado el lamento del rey emérito con un mensaje tan breve como demoledor.
El origen de la polémica está en una entrevista concedida por Juan Carlos I al diario francés Le Figaro, en la que el exjefe del Estado deslizó que la situación institucional de Felipe VI no debe de ser sencilla. “En este momento, con el Gobierno actual, las cosas deben ser muy difíciles para mi hijo”, afirmó el emérito, sugiriendo una relación complicada entre la Corona y el Ejecutivo de coalición.
No fue su única reflexión, pero sí la más polémica. En esa misma conversación, publicada días después de haber recibido en Francia un reconocimiento por sus memorias Reconciliación, Juan Carlos I insistió en que España ha cambiado y dejó caer una mezcla de nostalgia y cautela. “Los tiempos cambian y España ha cambiado”, señaló, antes de añadir que, aunque ya no reina, sigue midiendo cada palabra: “Tengo que tener cuidado con lo que digo, con la más mínima palabra”.
El emérito también aprovechó para reivindicar el papel de la monarquía y el de su propia familia. Defendió que Leonor debería estar “más en primera línea” porque, a su juicio, proyecta “una muy buena imagen de la monarquía”. Y volvió a presentar a la institución como un elemento de estabilidad, subrayando que el rey encarna la unidad del país y puede reinar por encima de los partidos.
Sonora réplica
Fue precisamente esa apelación implícita a la supuesta dificultad de Felipe VI ante el actual Gobierno la que activó la réplica de Javier Aroca. Desde su cuenta en X – antes Twitter -, el analista político respondió sin rodeos: “En una monarquía constitucional las cosas para un rey no son fáciles ni difíciles, son las que dice la Constitución”. Con esa frase, Aroca desactivó de raíz la queja del emérito y devolvió el debate al terreno institucional; el del papel reglado, limitado y sometido a la legalidad que corresponde al jefe del Estado en una democracia parlamentaria.
Pero el comentarista no se quedó ahí. En el mismo mensaje remató su respuesta con una pulla aún más afilada: “La otra opción es su cuñado Constantino, cuyos hijos ya llevan civilmente el apellido De Gres”. La mención al entorno de la monarquía griega funcionaba como aviso irónico, dado que fuera de la Constitución, la alternativa no es una Corona con más margen político, sino la irrelevancia o directamente la desaparición de la institución como poder efectivo.
Vuelta a Sanxenxo
La reacción de Aroca mantiene la línea crítica que mostró hace apenas unos días, a propósito de una nueva visita del emérito a Sanxenxo para participar en regatas. El analista ya había cargado con dureza contra esa imagen de normalidad aristocrática en plena crisis social. En Malas Lenguas calificó la escena de “ordinariez” y de algo “absolutamente obsceno”, al considerar que proyecta una distancia insultante con respecto a la realidad cotidiana de la mayoría social.
Aroca denunció entonces que esa exhibición de privilegios resulta especialmente hiriente en un país donde muchos pensionistas apenas llegan a fin de mes. Y sostuvo que esa sucesión de apariciones públicas del emérito, entre regatas, festejos y desplazamientos de lujo, supone “una ofensa constante a la ciudadanía” y una forma de erosionar la ya deteriorada confianza en la monarquía. Su última respuesta a la entrevista en Le Figaro va en la misma dirección: menos sentimentalismo dinástico y más Constitución.
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