La relación entre las derechas de nuestro país sigue enquistada. Los caucus diseñados por Génova para capturar a Vox en hasta cuatro autonomías (Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía) terminó convirtiéndose en un derbi entre dos socios condenados a entenderse ―o unificarse―. El Partido Popular (PP) perdió poder en Extremadura y retrocedió en escaños en Aragón. Mientras tanto, Vox duplicó sus resultados y se enrocó en una tercera posición que demanda exigencias sobreactuadas.

La animadversión entre Santiago Abascal y María Guardiola estancó las negociaciones y obligo a Alberto Núñez Feijóo a tomar las riendas del asunto. El secretario general y de organización del PP, Miguel Tellado, será el encargado de supervisar las negociaciones regionales en Extremadura y Aragón para asegurar un pacto de estabilidad y sortear la repetición electoral.

Feijóo ha diseñado un decálogo que se pliega a las exigencias de la ultraderecha en términos de igualdad, políticas sociales, medio ambiente y migración. Además, se telefoneó con el líder de Vox durante más de una hora para desencallar y reiniciar los acuerdos.

El líder de Vox los ha calificado los 10 mandamientos del PP como “un error” que no comprende porque “es un insulto y una falta de confianza a Guardiola y Azcón”. Abascal ha criticado las contradicciones y desautorizaciones de la dirección nacional del PP. “Me suena mal (...) No comprendo el documento”, ha espetado en una entrevista concedida a Espejo Público de Antena 3.

Abascal cree que esos postulados son "obvios" y ha afirmado que entendería que el PP lo recalcara si fuera a alcanzar acuerdos con Junts o el PP. "Pero para pactar con Vox no lo entiendo". Asimismo, ha sostenido que insinuar que Vox es un partido que no defiende el estado de derecho “sobra”.

Las declaraciones de Abascal evidencian un endurecimiento del tono frente al PP en un momento clave de las negociaciones y con la mirada puesta en Castilla y León. Abascal acusa a Feijóo de “ofender con el que quiere pactar” y de insinuar que Vox no defiende el Estado de derecho, algo que considera inaceptable. “El marco de negociación no lo puede poner el partido que necesita los votos”, advierte, en referencia directa a la posición del PP en distintas comunidades. A su juicio, “pretender domar a Vox es empezar con mal pie”, dejando claro que su formación no aceptará acuerdos en los que se le relegue a un papel secundario.

El líder de Vox insiste en que su partido aspira a “presidir los Gobiernos” y no solo a facilitar investiduras. Aunque reconoce que algunas conversaciones fueron “cordiales” y que existen “coincidencias y necesidades”, también denuncia falta de avances concretos: “Hasta que no haya un programa de gobierno…”, señala, dejando en el aire cualquier apoyo.

En el ámbito territorial, Abascal expresa su preocupación por la situación en Aragón y asegura que Feijóo “no dice la verdad sobre los presupuestos”. También se refiere a Extremadura, donde sostiene que “no hubo manera de ponerse de acuerdo” y afirma que la presidenta regional fue “desautorizada por la dirección nacional del PP”, lo que, en su opinión, frustró un posible entendimiento.

La estrategia de Vox pasa, según su presidente, por consolidar un perfil propio y competir directamente con el PP. “Principal objetivo: sorpasar al PP y ganar al PSOE”, afirma, marcando distancias tanto con los populares como con el jefe del Ejecutivo, Pedro Sánchez, a quien acusa de estar “dispuesto a cargarse la Corona” y de retrasar las elecciones “al máximo”.

Abascal denuncia además una supuesta “guerra sucia contra Vox”, cuestiona la intencionalidad de las encuestas y advierte de intentos de “cortinas de humo” para desviar la atención de asuntos como la gestión de la pandemia o las polémicas por contratos y celebraciones oficiales. “Los presupuestos no se aprueban por WhatsApp”, ironiza, en alusión a la necesidad de negociaciones formales.

En el plano programático, Vox sitúa como ejes prioritarios la “seguridad en las calles”, el combate contra la inmigración ilegal, los “recortes en el gasto ideológico” y una auditoría de las nacionalizaciones. Abascal asegura que no va a “estafar” a sus votantes y reivindica el crecimiento de su base electoral, incluyendo a “mucha buena gente de izquierdas” que, según sus datos, ya estaría respaldando a la formación.

Por su parte, el dirigente de Vox Javier Ortega Smith subraya la importancia de la disciplina interna: “En un partido político las normas se tienen que cumplir”, apunta, en un mensaje que refuerza la idea de cohesión en un momento de tensión política.

Con un tono combativo y sin cerrar la puerta a futuros acuerdos, Vox eleva la presión sobre el PP y anticipa una campaña “contundente”, mientras el tablero político sigue condicionado por pactos aún por definir y por una competencia cada vez más directa en el espacio de la derecha.

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