1. La obviedad

Una obviedad: el consejero delegado de cualquier compañía que comprara con los fondos corporativos un ático de varios millones de euros simplemente para trabajar en él mientras su despacho era remodelado, sería despedido por el consejo de administración de manera fulminante al día siguiente y, con toda probabilidad, jamás volvería a encontrar un empleo de ejecutivo. A Pedro Corbalán, consejero delegado de la empresa pública Planifica Madrid que compró ese ático en la zona más pija de la capital, nadie va a despedirlo. Tampoco a su jefe inmediato, el consejero de Presidencia, Miguel Ángel García, que anunció la apresurada reventa del inmueble tras el escándalo provocado por su opaca, enigmática, irracional y probablemente ruinosa adquisición. Y tampoco parece que los votantes de Madrid tengan en mente despedir a la jefa de ambos, la muy presidencialista presidenta Isabel Díaz Ayuso, pues de ella debió partir la orden de comprar ese casoplón de 485 metros cuadrados, 200 de ellos de terraza, ubicado cerca del piso familiar que Ayuso recibió de sus padres en circunstancias, por cierto, que guardaban inquietantes similitudes con el delito económico conocido como alzamiento de bienes.

2. El misterio

¿Por qué la cuadrilla de Chamberí se embarcaría en una operación tan antieconómica y extravagante para su ‘empresa’? La explicación a tal misterio es fácil; llegar a ella no requiere pincel fino ni haber cursado altos estudios en la London School: perpetraron la operación porque el dinero con que la financiaron no era suyo, porque pagaba la peña. Y porque, de los más de tres millones de ‘accionistas’ de la empresa Comunidad de Madrid SA, casi la mitad votaron en 2023 a Ayuso para dirigirla y seguramente volverán a hacerlo en 2027. ¿Qué tiene Ayuso que no tengan sus adversarios políticos? Arrogancia, temeridad, desparpajo, descaro, sí, pero seguro que algo más, algo que se les escapa a quienes no la votan y parecen tener muy claro quienes lo hacen.

3. La sospecha

Más sospechas: justo al mismo tiempo que Madrid compraba ese ático, el novio de Ayuso, como reveló El Plural, ponía a la venta el suyo donde vive con Ella tras haberlo comprado él en circunstancias fiscalmente bastante sospechosas, si es que no delictivas. Si uno une la línea de puntos, lo que sale es una sinvergonzonería. El patrimonio, en propiedad o solo en usufructo, y la sospecha suelen ir de la mano en el historial inmobiliario de Ayuso. No sin mi ático. Su jefe de gabinete, el artista de la pista Miguel Ángel Rodríguez, ha declarado a El Plural que nada tiene que ver la operación personal del novio con la operación institucional para la novia. Quién sabe. Quizá esta vez diga la verdad, aunque la opacidad de la compra del ático alimenta exponencialmente las sospechas.  

4. La mina

El caso del ático es, por lo demás, una auténtica mina para cualquier politólogo o sociólogo, dado que su acelerada compraventa proyecta un sugerente retrato de la manera de gobernar y aun de ser de la presidenta de Madrid. Primer rasgo del cuadro: la propia compra, incomprensible para cualquier persona, sea o no sea político y sea o no sea de derechas. Aún no sabemos con certeza por qué y para qué compraron, aunque la primera versión oficial señalaba claramente que la usufructuaria iba a ser Ayuso, no sabemos si para trabajar con su equipo o para vivir allí con el prenda. Segundo rasgo: la opacidad; no solo compro la choza y no explicó por qué, sino que oculto a la gente con cuyo dinero la he comprado cuánto me ha costado. Lo oculto y me quedo tan ancha, tan pancha, tan bocachancla. Tercer rasgo: me pillan con el carrito del helado y proclamo con todo mi santo morro que en realidad me dirigía a un mercadillo a vender el carrito y entregar a los pobres el importe de la venta, pues en eso y no en otra cosa consiste el anuncio oficial de vender ese y otros inmuebles para destinar el dinero de su venta a restaurar las zonas devastadas por los incendios de la sierra de Madrid. Contar una milonga así es descaro, determinación, confianza, casi chulería; que tus accionistas se la crean, si no es un milagro se le parece bastante.

5. El secreto

Y aquí llegamos a la almendra del caso Ayuso. ¿Qué tiene la presidenta que otros políticos no tienen? ¿Cuál es su secreto? ¿Por qué la aplauden tanto quienes la votan y la denigran no menos quienes nunca lo harán? Quizá porque su caso es bastante excepcional. Siendo como son tan visibles y evidentes sus limitaciones políticas, sus carencias culturales, sus contraindicaciones biográficas resulta sobresaliente que todo ello no solo no sea un lastre para triunfar, sino más bien todo lo contrario: ha sido, está siendo un incentivo, una palanca, una ballesta. No habrá leído muchos libros en su vida, ¿pero quién quiere una política que los lea? ¿Acaso los políticos que saben lo que es el IPC son mejores que ella, lo hacen mejor? ¿Que ha cometido algún desliz inmobiliario? Vale, ¿pero quién, teniendo ocasión de cometerlo, no lo ha hecho? ¿Que en la pandemia hubo algunos miles de muertos de más en Madrid? Vale, ¿y dónde no los hubo? ¿El ático? ¿Cuándo vais a parar con la matraca del ático? ¿Y el Falcon de Pedro Sánchez qué? Del Falcon del Perrrro no decís nada, ¿verdad?

6. El fenómeno

Dice Ayuso que sus adversarios están obsesionados con ella, y seguramente tiene razón. ¿Cómo no estar obsesionado con alguien que obtiene rendimientos tan espectaculares con tan escaso capital? Recuerda Ayuso a aquellos fenómenos de la naturaleza que antaño se exhibían en los circos: las hermanas siamesas, el hombre con cuerpo de ave, el niño serpiente, la mujer sin cabeza… La gente hacía cola para verlos. ¿Sospechaban que eran un fraude? Seguramente, pero les daba igual porque verlos les divertía mucho. Lo de menos era el fraude; lo importante era la diversión. ¿Es Ayuso un fraude? Puede, pero qué importa. Lo que cuenta es lo entretenida que resulta. ¿Qué otra Comunidad puede presumir de una Presidencia tan díver y que dé tanto juego? Lo dicho, un fenómeno.

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