Conocida por su precisión en las batallas de freestyle, Sara Socas (Tenerife, 1997) decidió en 2023 dar un giro radical a su carrera. Tras cuatro años en los circuitos de la batallas de gallos, se retiró de la competición para arrancar una carrera en solitario. Ahora, la canaria habla con el ElPlural como unas de las voces fundamentales en el rap nacional sobre su nuevo rumbo, la salida de las batallas y los fachas. 

Pregunta (P): Todo el mundo te conoce por las batallas de freestyle, pero en 2023 tomas la decisión de retirarte de la competición para continuar una carrera como compositora y cantante. ¿De dónde viene esa elección?

Respuesta (R): Es cierto que se dio el descenso en FMS España, pero para mí eso fue una señal de confirmación. Sentí que era el momento de cerrar esa etapa, porque tampoco estaba disfrutando del todo el entorno competitivo, más por lo que lo rodea que por la presión del público en sí. Además, siempre he tenido una inquietud musical. Incluso mientras competía en batallas, iba sacando alguna canción y haciendo colaboraciones. Así que decidí centrarme de lleno en ese camino.

P: ¿Hay diferencias entre la Sara que hacía batallas y la que ya se dedica a totalmente a su carrera artística?

R: Dedicarme al cien por cien a lo artístico me ha permitido descubrir otros lados de mí, y creo que incluso a la hora de subirme a un escenario me ha beneficiado mucho. No es lo mismo estar en un escenario haciendo una batalla, donde todo funciona como una especie de baile entre dos personas y lo que hace el otro influye en cómo reaccionas y te posicionas, que montar un show propio, donde tú eliges. Además, hay un trabajo importante detrás, como mejorar la voz, sobre todo si vas a cantar. Todo eso me ha sacado de mi zona de confort.

P: ¿Ha cambiado mucho el proceso de improvisar a componer?

R: El freestyle también tiene su entrenamiento y preparación, aunque no siempre se note. En la música es distinto, pero el freestyle me ha servido mucho, especialmente últimamente, para generar ideas, no solo a nivel de letras, sino también de flow. Me encanta entrenar el flow improvisando. Además, me gusta mucho preguntar y escuchar; es algo que disfruto y que creo que define mi manera de trabajar en el estudio.

P: Te leía decir sobre el mundo de la competición que te sentías impostora, ajena de alguna manera a lo que estabas haciendo. ¿Te ocurre ahora?

R: La fama en mi caso fue algo muy repentino, casi un efecto Operación Triunfo, todo empieza con un vídeo que se hace viral de una batalla. A eso se le suma el síndrome del impostor, que muchas mujeres tienen en la música. Todo ocurre tan rápido que te deja un poco en shock y te hace dudar, porque parece que ha sido solo un golpe de suerte. Aunque ese vídeo fue en 2019 y ahora estamos en 2026, han pasado siete años. Al final una se hace mayor y poco a poco va reconciliándose más consigo misma.

P: Se te viraliza precisamente por una respuesta feminista a Rapder, y a partir de ahí los alegatos reivindicativos se vuelven una seña de identidad para ti. ¿Sentías presión por tener que ser la mujer de las batallas que pone el foco en esos temas?

R: De hecho, llegó un punto en el que el público del freestyle se parecía mucho al del fútbol. Hay comportamientos que siguen pasando hoy en día, como ha pasado con los insultos homófobos a Borja Iglesias. En el público del freestyle ocurre algo parecido. No en todos, pero sí hay una parte con ese tipo de actitudes. Seguir manteniendo ese discurso se sentía más como un hándicap, porque sabía que siempre iba a generar polémica. Aun así, hice lo que me dio la gana, como siempre.

P: Es un ambiente muy masculinizado del que muchas veces has dicho que se ponía en duda a las raperas. ¿Ha cambiado ese cuestionamiento al salir de la competición?

R: Me alegra mucho ver la cantidad de mujeres que han ido apareciendo en los últimos años. A veces parece que se hayan “inventado” de repente a las mujeres en el rap, cuando siempre han estado ahí, pero lo importante es que ahora puedan desarrollar carreras que funcionen tanto en el freestyle como en el rap en general, al menos aquí en España. También a nivel internacional, ver a artistas como Marithea o las chicas latinas que están en las batallas dándolo todo resulta muy inspirador. Para mí es algo esperanzador. Por mi parte, sigo dando caña, con ganas de sacar más música y quizá también de volver a generar un poco de polémica.

P: Ahora de hecho los beefs están candentes.

R: Al final somos gente española, europea, tirándonos pullas y creyéndonos del Bronx, pero tiene su gracia. A mí, según cómo se viva y desde dónde se haga, incluso me gusta.

P: En 2023 sacabas tu disco TFN - MAD, en el que incluías el tema Spanish, hablando de que los fachas tratan de ‘secuestrar’ el país. Parece que te adelantaste a las raperas que más tarde han utilizado España para todo lo contrario, como ha ocurrido con Angie Corine.

R: También creo que lo que mencionas se da por varias razones. Primero, por la oleada de ultraderecha que nos invade por todos lados, sobre todo a través de las redes. Pero además, en el rap se ha desvirtuado el rollo protesta. Algunos artistas todavía lo mantienen, pero no ha sido algo generalizado, y parece que ese espacio se haya dejado abandonado. Sigo pensando lo mismo que en Spanish, no he cambiado en absoluto. De hecho, ahora que lo mencionas, igual tendría que hacer un Spanish 2.

P: Parece que el rap se ha vuelto una especie de campo de batalla cultural en el que hay que defenderse de los intrusos. 

R: Totalmente. Ya ha pasado en otras circunstancias, cuando surgió la oleada en Estados Unidos, muchos artistas que venían de situaciones difíciles y al hacerse famosos hacían una oda a lo material, y el mensaje se desvirtuaba. Incluso saliendo de abajo con un mensaje, muchas veces terminas queriendo ese rollo materialista. Por eso creo que hay gente que, aunque sea progresista o de izquierdas, también se ha dejado llevar por ese estilo. El underground sigue siendo underground.

He vivido el Madrid con Carmena y el Madrid con Ayuso y sí hay diferencia

P: En el disco también hablas de la experiencia de mudarte a Madrid. 

R: Ya llevo diez años en Madrid. Es una ciudad fantástica, aunque a veces echo de menos Canarias. La mayoría de canarios sentimos un arraigo muy fuerte por nuestra tierra, y estar lejos de la familia se nota. He vivido el Madrid con Carmena y el Madrid con Ayuso y sí hay diferencia, ha habido desde luego cambios. Pero aunque muchos muchos digan que Madrid es muy facha, también tiene un lado muy reivindicativo. Es multicultural, con gente de todas las comunidades autónomas. Esa diversidad va a seguir existiendo, aunque algunos intenten negarla o legislar en contra.

P: Parece complicado no etiquetar ahora mismo a Madrid como “facha” desde fuera. 

R: Claro que queda un poco opacado, porque la izquierda está muy dividida actualmente. Aun así, hay mucha gente con ideales que defiende a personas migrantes, racializadas, trans, LGTBI y a la clase obrera en general, que es lo más transversal. 

P: El disco tiene influencias del rap y el reggaeton, pero también del R&B o de bachata.

R: Se mantiene la esencia de un rap con muchas barras. Las barras de ahora diría que incluso me gustan más; suele pasar que uno valora más lo reciente. Es una mezcla de estilos, pero más centrada, moviéndose un poco entre un rap con toques funky. Sobre todo destaca el flow, aunque también hay cosas más cantadas y sensibles. Es importante combinar ambas facetas, la más intensa y la más emotiva, porque pueden convivir perfectamente.

P: ¿Qué conceptos tienes ahora en la cabeza?

R: Lo siguiente representa un renacer. Es una Sara Socas que se ha quitado cargas de encima, muchas de ellas autoimpuestas. A nivel de sonido estoy muy contenta, y además he podido colaborar con gente tanto de fuera de España como de aquí.

Muchos dicen eso de que “no hay libertad”, pero en realidad hacen lo que les da la gana

P: Hablas de quitarte capas. Entiendo que ahora estás en un proceso creativo centrado en lo personal. 

R: Esencialmente, el concepto de “dejar de ser mi enemiga” podría resumirlo todo; dejar esa batalla conmigo misma. Porque mientras estás enfrascada en ella, te impide vivir otras batallas en el mundo, tanto de forma literal como figurada, y también te dificulta disfrutar de lo bonito, de relacionarte y conectar con los demás.

P: Siendo una figura tan presente en el rap nacional, ¿cómo has vivido las recientes acusaciones de abuso sexual y el silencio dentro de la industria?

R: Para los que sí han hablado, nunca es tarde, aunque sería mejor hacerlo antes. Aquí volvemos a ese problema de que parece que tiene que ser un hombre el que acuse a otro para que se crea a las mujeres. De ahí la insistencia del feminismo porque los hombres corrijan a sus 'bros'. Cuando es una mujer la que denuncia, a veces la tachan de loca. Estas cosas van a salir a la luz, y no solo en el rap. Por ejemplo, casos como el de Julio Iglesias, por más que a Ayuso no le parezca. Espero que el caso de los gemelos sirva como semilla para seguir indagando. Y a toda esa gente que prefiere mirar a otro lado, entiendo que te moleste descubrir que un artista que admiras es un capullo, pero eso no significa que tengamos que callarnos solo para seguir escuchando su música con la conciencia tranquila. Muchos dicen eso de que “no hay libertad”, pero en realidad hacen lo que les da la gana.

P: Cuando a apenas ningún hombre le pasan factura las acusaciones, ¿hasta qué punto podemos hablar de cultura de la cancelación?

R: De hecho, si saliera cualquier caso de una mujer cometiendo abuso sexual se generaría un escándalo enorme y ella sería criminalizada desde el primer día. Estoy segura de que muchos se frotarían las manos, diciendo “al fin demostramos que la violencia de género no existe”.

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