La pasada semana una adolescente de 17 años era asesinada, presuntamente, por su padrastro. También resultaba gravemente herida la madre de la niña, la que había sido pareja del encartado en un caso que, a prori, podría calificarse de violencia vicaria. Uno más, por desgracia.
Pero en este caso había algo que llamaba la atención de quienes se hicieron eco de la noticia. Y es que, hechas las oportunas averiguaciones al respecto, la mujer víctima tenía varias medidas de protección anotadas en su momento, pero ninguna respecto de quien ahora ha sido su verdugo.
Lamentablemente, esta es una situación a la que nos hemos enfrentado varias veces quienes trabajamos en casos de violencia de género. Mujeres que son víctimas una vez con una pareja, vuelven a serlo cuando vuelven a tener pareja, incluso más de una vez.
Es más. Incluso ocurre algo semejante respecto de los autores, que también repiten el mismo patrón de maltrato con sucesivas parejas, aunque ignoro si en este caso es así. Pero ocurrir, ocurre.
Por todo eso, cabría hacerse de nuevo la pregunta que tantas veces nos hacemos, la de si hay un perfil de víctima. Y la respuesta no es fácil, aunque pudiera parecerlo. Y puede llevarnos a conclusiones equivocadas. Y muy peligrosas, además.
No podemos negar que con alguna frecuencia se repite el hecho de que una misma mujer sea víctima de maltrato con varios hombres. Pero eso no nos puede llevar a concluir que hay una predisposición inicial, algo así como un marcador genético que las lleva a sufrir violencia de género. Nada de eso. Lo que sí ocurre es que, tratándose la violencia de género, como se trata, no solo de un delito, sino de mucho más, donde hay factores socioculturales que le dotan de una naturaleza específica, son esos factores los que incrementan el riesgo. Y, por descontado, si no se eliminan, seguirán ahí como factor de riesgo.
Por eso no podemos quedarnos con la idea de que hay mujeres predispuestas a sufrir violencia de género, y que poco se puede hacer para evitarlo. Todo lo contrario. Hay que saber por qué esas mujeres reproducen la situación y actuar para evitarlo. Y, sobre todo, actuar para que ese machismo, que es la raíz de la violencia de género, desaparezca.
En conclusión, no podemos resignarnos ni asumir que esto tiene que pasar. No hay un perfil de víctima, no lo olvidemos. Porque, en realidad, el único requisito para padecer violencia de género es ser mujer. Y somos, nada más y nada menos que la mitad de la población.
SUSANA GISBERT
Fiscal y escritora (twitter @gisb_sus)
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