Millones de trabajadores mueren anualmente durante el desempeño de su trabajo para que trajeados como Alberto Núñez Feijóo y Antonio Garamendi puedan mantener su elevado tren de vida mientras se llenan la boca hablando de esfuerzo y sacrificio. En España, 735 personas perdieron la vida en 2025 mientras desempeñaban su actividad laboral o en el momento el que se desplazaban o volvían de ella, 4.650 sufrieron accidentes considerados graves y 620.386 tuvieron que coger la baja por esta circunstancia. Cifras escalofriantes que no incluyen las enfermedades laborales ni los 542.661 accidentes que no causaron baja.

Más allá del peligro que supone ser fuerza de trabajo en vez de señorito, los asalariados también están expuestos a enfermedades y dolencias en su vida porque, aunque Feijóo y Garamendi lo lamenten, no son máquinas que se apagan al abandonar su puesto y tan solo pueden sobrecargarse en el desempeño laboral. Desde catarros, dolores de cabeza, indisposiciones estomacales a cánceres, infartos, ictus golpean y dejan secuelas a los trabajadores, que se arrastran a centros de salud saturados para recibir tratamiento y, si el médico lo considera, unos días de reposo.

Un ciudadano puede darse de baja y no ir a trabajar sin justificación, y sigue teniendo el mismo sueldo y las mismas prestaciones”, considera Feijóo. No sé si en El Visobarrio más rico de España donde el líder del Partido Popular vive en un piso de 200m2, hay centro de salud, clínica privada o el galeno acude maletín en mano a atender a sus pacientes, no lo he pisado en mi vida y dudo que me concediesen pasaporte al distrito 1, pero las bajas laborales de sus vecinos son directamente proporcionales a la cantidad de trabajadores residentes -entre cero y dos, por la que empezó doblando camisetas y el ideólogo del garaje-.

Es posible que por eso Feijóo, que inició su carrera política aprovechando el primer disco de Alejandro Sanz, considera un “cáncer” que los trabajadores pillen una baja y reclama que cobren menos los días que dure su reposo o tratamiento. Es cierto también que cuando tienes acciones, rentas de alquiler y un sueldo de seis cifras anuales se tiende a la banalización del dinero. No es culpa del gallego creer que los viernes de caviar son una realidad extendida a todos los hogares españoles, sino del equipo que no le ha avisado de que hay un pescado llamado panga.

Si tú supieras

Seguro que sus declaraciones, estas y otras perlas, habrían sido diferentes si alguien le hubiese explicado la diferencia entre absentismo y baja laboral. O si le hubieran dicho que el precio de la vivienda está en máximos absolutos, los desahucios, que nunca pararon, vuelven a contarse por cientos o que los trabajadores, con sueldos que han crecido mucho menos que el coste de la vida en la última década, no pueden pagar su renta o hipoteca pese a que realizan semanalmente 2,5 millones de horas extra impagadas. Porque estos son problemas de los que no se habla en El Viso y el horno no está para bollos.

Quizás si alguien recomendase al inocente político cambiar algún día el yate por el metro o el autobús podría descubrir, en plena hora punta, que las personas que no cobran más de 100.000 euros anuales soportan un elevado estrés diario a cambio de un salario que apenas les da para vivir. Porque en El Viso el olor del transporte público es tan solo una mala pesadilla.

Igual los Tellado, Muñoz o Semper podrían recomendar al presidente del Partido Popular (PP) un coach de los que dora la píldora a alguno de sus ilustres vecinos para que le recete un libro de ciencia ficción con los trastornos y enfermedades, mentales y físicas, que la clase trabajadora sufre por el mero hecho de su condición. Cosas del código postal.

Sea como fuere, la culpa no es del gallego. Alguien de su propia formación debería avisarle, a poder ser quien no ansíe su puesto, porque el rey está desnudo y más le vale trabajar sin descanso para salir victorioso de su contienda dentro de un año porque si no abandonará su castillo de El Viso abucheado y apedreado. Y sin derecho a paro como dimita. En definitiva, una depresión sin baja.

Condolencias para el que le toque trabajar la semana que viene.

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