Cuando un temporal arrasa pueblos enteros, no basta con recorrer calles anegadas ni hacerse fotos con el agua hasta las rodillas como ha hecho Moreno Bonilla. Lo que de verdad importa no es la imagen: son los recursos que llegan a tiempo a las familias que lo han perdido todo. Y ahí se ve con claridad la diferencia entre dos formas de gobernar.
En Andalucía, estos días se han visto dos modelos frente a la catástrofe. El del Gobierno de Pedro Sánchez, que ha activado un escudo social de 7.000 millones de euros con ayudas directas y medidas urgentes. Y el de la Junta de Juanma Moreno Bonilla, que anunció 1.780 millones que, al revisarlos con detalle, parecen más un ejercicio de contabilidad creativa que una apuesta real por la reconstrucción.
Desde el primer momento, el Ejecutivo central entendió que no se trataba solo de evaluar daños, sino de garantizar liquidez inmediata. Más de 12.000 personas fueron desalojadas; para ellas, el Estado activó ayudas de 150 euros diarios por persona, dinero directo para alojamiento, comida y lo básico mientras regresan a casa. Sin esperas eternas, sin laberintos administrativos.
El compromiso también se extendió al campo. El Gobierno de la nación ha destinado 2.100 millones en ayudas directas y créditos ICO para el sector agrario. A eso se sumaron ERTE de fuerza mayor y ceses de actividad para autónomos, evitando cierres masivos y despidos en las zonas más afectadas por el temporal.
La decisión del Gobierno de España de reducir de 35 a 5 las peonadas exigidas para acceder al subsidio agrario tras los temporales en Andalucía ha sido otra respuesta necesaria ante una situación excepcional. Miles de jornaleros se han quedado sin posibilidad de cumplir los requisitos por causas ajenas a su voluntad, y flexibilizar el acceso a la ayuda no solo es un gesto de sensibilidad social, sino también una muestra clara del compromiso del Ejecutivo de Pedro Sánchez con quienes más sufren las consecuencias de las crisis climáticas y económicas, situando la protección del empleo agrario en el centro de su acción política.
Los ayuntamientos tampoco se quedaron solos. El Estado asumió hasta el 50% del coste de las obras de emergencia municipales, movilizando 2.000 millones para limpiar calles, reparar redes de agua y restablecer servicios básicos sin que los consistorios se vieran al borde del colapso. Esa es la diferencia entre anunciar apoyo y financiarlo de verdad.
También se incluye un plan de empleo de 50 millones de euros dirigido a los ayuntamientos afectados, así como ayudas directas al comercio, especialmente para hostelería y comercio minorista de zonas afectadas, con un importe de 120 millones.
Frente a esos 7.000 millones del Gobierno de Pedro Sánchez, la Junta de Moreno Bonilla presentó un plan de solo 1.780 millones. La cifra suena grande, pero al analizarla pierde brillo. Según un informe de eldiario.es, buena parte de ese dinero no es nuevo, sino que proviene de superávit anterior y de transferencias del Ministerio de Hacienda. Es decir, fondos que ya habían llegado desde el Estado y que ahora la Junta de Andalucía presenta como iniciativa propia. Legal, sí; convincente, no.
Además, se han reorientado partidas de fondos europeos como los FEADER y se incluyen 535 millones de reparaciones en carreteras autonómicas que ya estaban pendientes desde hace años. Obras necesarias, sí, pero no todas provocadas por el temporal.
En paralelo, la vicepresidenta primera del Gobierno y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, ha recordado que Andalucía cuenta con la mayor financiación de su historia gracias al sistema estatal, pero Moreno Bonilla prefiere guardar el dinero o perdonarlo en impuestos a las rentas más altas mientras agricultores y vecinos siguen esperando las ayudas autonómicas.
¿A qué juega Moreno Bonilla? El PP ha pasado más tiempo pidiendo fondos al Estado que agilizando sus propios decretos. El PSOE de Andalucía denuncia que es “inmoral” exigir más dinero a Madrid mientras se rechazan los recursos que la senda de déficit le ofrecía (731 millones perdidos por el veto del PP).
La cuestión de fondo no es partidista: es práctica. Cuando una familia pierde su casa, no le importa quién sale en la foto, sino cuándo llega el ingreso. Cuando un agricultor ve su explotación arrasada, necesita ayudas reales, no ruedas de prensa. Y cuando un pequeño comerciante tiene que cerrar durante semanas, lo que marca la diferencia es el respaldo económico efectivo.
Mientras el Gobierno de la nación visitaba las zonas afectadas y activaba mecanismos ya operativos, en Andalucía hemos visto un despliegue mediático notable: Moreno Bonilla recorriendo calles, declaraciones solemnes y anuncios que, en muchos casos, aún esperan su concreción en el Boletín Oficial. La reconstrucción no se hace con fotos.
El contraste también se percibe en la protección de los más vulnerables. El Gobierno de Pedro Sánchez reforzó el escudo social: las pensiones mínimas subieron un 11,4%, dando mayor capacidad de resistencia a los mayores. La Junta, en cambio, apenas incrementó los complementos autonómicos de pensiones no contributivas.
En sanidad, el temporal evidenció carencias previas: centros dañados y falta de fondos autonómicos de contingencia. Una vez más, fue el Estado el que reforzó recursos para garantizar la atención.
Todo esto dibuja dos modelos distintos: uno que entiende la política como escudo, como red de seguridad en crisis; otro más centrado en cuadrar titulares que en abrir la cartera. No se trata de negar que la Junta haya hecho algo, sino de preguntarse si ha hecho lo suficiente.
Andalucía es especialmente vulnerable a fenómenos extremos. El cambio climático hace que las DANAs sean más frecuentes e intensas. Esto exige planificación e inversión sostenida en infraestructuras hidráulicas, mantenimiento de cauces y planes de prevención. No basta reaccionar cuando el agua ya ha entrado en las casas.
La política útil se mide en resultados: transferencias que llegan a cuentas bancarias, obras que empiezan sin demoras, empleo que se salva. Los 7.000 millones movilizados por el Gobierno de Pedro Sánchez son una apuesta clara por proteger a familias y tejido productivo. Los 1.780 millones anunciados por la Junta de Moreno Bonilla requieren mucha letra pequeña para entender cuánto es realmente nuevo.
Al final, la diferencia es sencilla: un modelo pone el dinero primero y después la foto; el otro parece poner primero la foto y luego buscar el dinero. Y en una catástrofe, el orden importa. Porque cuando el cielo se desploma, lo que sostiene a la gente no es el postureo, sino el compromiso real.