No sé cómo estaréis viviendo el arranque de esta temporada televisiva, pero a mí me está matando del aburrimiento. Nada es revolucionario, nada es novedoso, nada es imprevisible, todo es lo mismo de siempre. Los programas tienen las mismas tramas, las mismas caras, nada supone un aliciente para generar un evento entorno a una emisión de televisión y posiblemente por eso el medio arrastre la crisis de consumo que arrastra. ¿Cuándo fue la última vez que una oferta televisiva supuso un revulsivo? ¿Cuándo una emisión lineal de televisión generó un evento en torno a su propia publicación? Ya ni me acuerdo. ¿A quién le importa la nueva nariz de Lucas? ¿Hay alguien esperando la enésima entrevista a Rocío Flores?
Previsible me está pareciendo el paso de Rosa Benito por Supervivientes: All Stars. La Benito pretende apelar de nuevo con sus vivencias a todas esas mujeres de mediana edad atrapadas en vidas que les fueron impuestas y que la hicieron ganadora en el año 2011. Claro que, a Rosa se le olvida el detalle de que en estos 15 años que separan sus dos participaciones en el reality show de supervivencia de Telecinco la audiencia ha visto sus muchas caras y también conocen que las va cambiando como una veleta según de donde sople el viento.
Es por esa cambiante condición de Rosa Benito que ahora vuelve a hablar con cariño del padre de sus hijos, como si estos 15 años de pelearse por todos los platós se olvidaran de un plumazo. Como si los “¡te arrastro!” que le dedicó en un pasado reciente a su exmarido ahora ya no existieran. Rosa pretende ahora mostrarse como una víctima de su circunstancia como si, por ejemplo, en este tiempo no la hubiésemos visto ejercer de verdugo de su sobrina Rocío. Pero no pasa nada, porque en esta cruzada de Rosa contra la memoria, la Benito ha encontrado el mejor aliado: la actual Telecinco, esa donde la hemeroteca solo existe para algunos.
Otra cosa predecible es la nueva parrilla de Telecinco. Siete horas diarias de producción de la misma productora: cuatro formatos por la mañana y uno más por las tardes. Además de las tardes de los fines de semana, claro. El único formato que estaba sin aterrizar era el regreso de Joaquín Prat a las mañanas de la cadena con El tiempo justo. En esta vuelta a Mediaset, Joaquín parece haber conseguido por fin liberarse del corazón, esa tertulia que tanta urticaria le producía y el formato que conducirá se centrará en la actualidad y la política. Ayer se dieron a conocer los nombres de los primeros fichajes: Macarena Olona, Marcos de Quintos y Aldo Comas. Todo pluralidad, todo moderación, todo previsible.
Dentro de toda esta amalgama de aburrimiento solo me mantiene con vida que la próxima semana veré La Bola Negra. Como hombre adulto, para mí la llave para disfrutar de la cultura fue entender que no todo estaba pensado para mí. Que no soy el público objetivo para cada producto cultural que se produce y que eso no lo convierte en un mal producto, sencillamente no es para mí. Esta perspectiva, alejándote del centro del universo de la cultura, te da la clave para disfrutar el doble de todo aquello que sí pertenece a tu propio universo. Por ese motivo nada me interesa más ahora mismo que ver La Bola Negra, por eso mismo Juan Carlos Monedero jamás podrá entender esto. Mientras tanto, como veis, todo sigue manga por hombro.
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