Como nieto de catequistas, sobrino de sacerdotes me alegré de la visita papal quizas porque reconozco que la historia de Jesús de Nazaret rompe barreras geográficas, raciales, trasciende idiomas y desafía el paso del tiempo. Sus enseñanzas no solo han moldeado civilizaciones, sino que también son camino, verdad y vida para millones de personas diversas. Por ello, sorprende que la organización de la visita del Papa León XIV a España haya invisibilizado la pluralidad de la Iglesia como reflejo de la sociedad española. Alguno colegas de medios extranjeros del Club internacional de prensa CIP que seguimos los diferentes actos me preguntaron si en España no hay católicos negros, latinos, gitanos y los negros… Y los negros han venido todos en patera o esperan a ser evangelizados. Es la permanente extranjerización del negro.
La intención aquí no es envolverme en un manto de victimismo. Creo como el pontífice, que todos deberíamos participar del debate plural por un mundo más justo. Sobre todo, en un contexto donde la blanquitud tiende a repartirse todos los espacios de protagonismo, las voces no blancas, no solo son legítimas sino justas y necesarias. La visita Papal nos interpela, desafía y obliga a pensar nuestro lugar de enunciación porque incide directamente sobre la negación sistemática de la convivencia con el otro. Que en comunicación se traduce directamente, en una espiritualidad diferente, donde lo que prevalece es la imagen de unos feligreses únicamente blancos. Esa perversa teología inaugurada por los Borgia al emitir la bula que legalizó la esclavitud negra, no transformó la religión al servicio del amor sino de la supremacía blanca y opresión negra, y al hacerlo transformó la psique africana en esclavos. Como dijo Donato Ndong, nos educaron para que fuésemos buenos negros. Eternos súbditos tíos tom y no ciudadanos. El redentor blanco, describe sarcásticamente a blancos que se muestran como las grandes libertadoras o edificantes para las personas negras. Es crítica en el sentido de que describe un patrón en el que se niega la capacidad de agencia a los pueblos del tercer mundo, o católicos no blancos, vistos como receptores pasivos de la benevolencia blanca. Una versión moderna del poema "La carga del hombre blanco" de Kipling. Lo que lo hace un producto fácil de consumo para el público español
¿Estamos ante narrativas que endulzan el racismo para hacerlo más digerible ante un posible contexto electoral? En la audiencia que Bergolio concedió al Movimiento Panafricanista, en demanda del perdón esclavista, le decíamos al hincha del Boca Junior que soñamos con una iglesia que promueva un Cristo que sitúe a los afros en la centralidad histórica y no en los márgenes periféricos. Que, sin ambages, empodere a la diáspora afro frente al racismo de moda. De modo que estas visiones proféticas y afirmativas inspiren a los cristianos blancos para autocuestionarse sus privilegios. Pues, si los humanos imaginamos a Dios a nuestra imagen, como afirma la Biblia: los afros tenemos el derecho a concebir un Cristo negro-digno. Que sirva para derrotar el racismo cuya génesis no es VOX, sino por el silencio de muchas conciencias católicas que siendo mayoria social callaron ante la esclavitud, colonialismo, Apartheid y ahora migración con matanzas como Taharal. Para los negros el reconocimiento en la fe despues de siglos, constituye un vínculo social activo de dignidad con un fuerte sentido espiritual. En cambio, para la blanquitud esta apertura sólo debe mostrarse con los colectivos vulnerables, sin papeles, prostitutas, desempleados negros, árabes, latinos o gitanos... haciendo cola en los comedores de Cáritas. Incluso con la formidable actuación de Niña Pastori, se recurrió una vez más al estereotipo. No se buscó la hermandad cristiana o la normalidad en una sociedad madura sino lo extremo: el inmigrante gracioso famosillo. Un reduccionismo que busca compulsivamente mostrar manteros, como gente lejana venida en patera y que ahora trabaja para un banco, omitiendo que la entidad financiera se construyó con la venta de esclavos negros. O una niña que nació en la patera y fue salvada por una ONG. Son ejemplos de cómo se construye y alimentan fantasías de un público sediento de primitivismo y paternalismo. No se trata de normalizar en igualdad a gente racializada que pagan impuestos, trabajan, estudian... España está llena de enfermeros, médicos, periodistas, bomberos, empresarios autónomos, militares, policías, porteros, cocineros, abogados o deportistas razializados. Hay miles de sacerdotes y religiosas africanos, asiáticos y latinoamericanos (Cyprien, Marcos, Estanislao, Kwame, Metodio, Angel, Matilde, Manuel, Alejo, Nando, Miguel, Marga o Concha…) quienes, desde la paz, fuerza, alegría suplen la falta de vocación haciendo una labor pastoral y humanitaria imprescindible que desmiente esa imagen de super blanquitud eurocéntrica de los spots de la visita papal.
Tras siglos de colonialidad, modificar esta mirada, es difícil. Implica como cristianos renunciar a nuestra intangibilidad reconociendo nuestros privilegios de forma que podamos caminar juntos sobre un terreno minado por la normalización de la educación racista, emitiendo así una respuesta justa, valiente, y necesaria en lucha contra el racismo. Difícil, pero no imposible, y por ello siempre debemos intentarlo. Uhuru!
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