Si las niñas y los niños votaran todos los municipios españoles (8.132) serían amigos de la Infancia y no sólo los 301 reconocidos como “Ciudades Amigas de la Infancia” por Unicef España, según los datos correspondientes a 2023.
Si la infancia y la adolescencia acudiera a las urnas, como lo hace la juventud mayor de 18 años, los centros de enseñanza de primaria y secundaria estarían climatizados como lo están los centros de trabajo públicos y privados sin excepción alguna.
Si el censo electoral incluyera a los niños y a las niñas habría toldos en las zonas infantiles de parques y jardines como ya los hay en las calles comerciales de muchas ciudades.
He seleccionado estos tres supuestos porque son ejemplos de la falta de adaptación al cambio climático que sufren nuestros pueblos y ciudades y por la enorme trascendencia que tienen en la vida cotidiana de los niños, de los padres y de los abuelos.
La infancia es el sector más olvidado de la sociedad, pese a ser el más vulnerable, porque no tiene voto y su voz se articula a través del Consejo Estatal de Participación de la Infancia y de la Adolescencia, creado en septiembre de 2021 con unas funciones meramente consultivas y de fomento del interés por los asuntos públicos, pero poco operativo en la práctica.
Que los colegios estén climatizados con aire acondicionado en las aulas ya es una reivindicación asumida por el profesorado y las asociaciones de madres y padres en buena parte de España y, especialmente, en Andalucía, donde el alcalde de Bailén y portavoz del PP en la Diputación de Jaén, Luis Mariano Camacho, la descalificó en junio diciendo en su cuenta de Facebook: “Estamos criando inútiles,” “todo se lo ponemos fácil” y “toda ayuda innecesaria es una limitación futura.”
El PSOE espera que este dirigente popular no ponga el aire acondicionado en su despacho para dar ejemplo, y exige que la Junta de Andalucía cumpla con su obligación de dotar a los centros de enseñanza públicos de climatización en sus aulas para hacer frente a las altas temperaturas que se registran desde abril-mayo hasta bien entrado noviembre.
La que todavía no se ha planteado como una reivindicación general es la necesidad de cubrir con toldos o pérgolas las zonas de juego infantil en parques y jardines para que estas sean utilizables durante todo el día y no estén infrautilizadas durante las horas diurnas. Columpios, toboganes y otros juegos queman al tocarlos por su exposición al sol y la falta de sombra como se aprecia en la foto que ilustra este texto.
El ayuntamiento de Barcelona aprobó en abril de este año la instalación de toldos en 20 parques infantiles, dos por distrito, que serán estacionales y se estrenarán en el verano de 2025. "Las áreas de juegos infantiles son espacios prioritarios en cuanto a la adaptación de la ciudad a la emergencia climática, y cubrirlos con sombras es esencial para garantizar el confort térmico de los niños, que son uno de los colectivos más vulnerables al calor extremo", afirmó el consistorio barcelonés en su comunicado. Ahora solo queda que el ejemplo se extienda a todos los ayuntamientos del Estado y se convierta en una rutina más.
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