El inmovilismo ideológico por sistema es sólo propio de zotes. Las ideologías evolucionan, como casi todo en la vida. Suelen surgir con las primeras vivencias y los mensajes que nos hacen llegar desde nuestra casa, nuestra escuela y, sobre todo, desde la religión que se nos inculca (no hay más que mirar las enciclopedias y los libros de texto del franquismo, por ejemplo). Nos ocurre a todos, sin excepción, porque las ideas que nos inoculan en nuestros primeros años de vida suelen convertirse en el armazón ideológico que nos habitará durante muchos años; en muchos casos, toda la vida.

Pero es verdad que, según va pasando el tiempo y vamos percibiendo la realidad que nos rodea, esas ideas primigenias pueden convertirse en otras ideas incluso opuestas, como es mi caso; dice Noam Chomsky que “nunca fui consciente de otra opción que no sea la de cuestionarlo todo”. Y eso es justamente la libertad de pensamiento. Y dice el psicólogo e investigador Herbert Gerjouy algo que recoge posteriormente Alvin Tolfler en su libro El Shock del futuro (1970): Los analfabetos del siglo XXI no serán los que no sepan leer ni escribir, sino los que no sean capaces de desaprender y reaprender la realidad. Sencillamente porque las cosas que se nos cuentan en nuestros primeros años suelen ser falsas, o inducidas por intereses.

Y decía el maravilloso filósofo inglés Bertrand Russell, considerado el filósofo más influyente del siglo XX, que “al contrario del esquema habitual, me he hecho gradualmente más rebelde”. Me identifico con él absolutamente. Sin embargo, es muy curioso lo que está ocurriendo, en sentido contrario, en el mundo actual. Estamos todos percibiendo un rosario de diversos personajes públicos, de ámbitos distintos y variados, que en sus años jóvenes se mostraban como progresistas,  críticos con las tradiciones impuestas, muy demócratas, muy vanguardistas e ideológicamente, por suspuesto, muy alejados de las posturas conservadoras y de derechas, y que ahora han cambiado de rumbo y mantienen posturas que coquetean con las extremas derechas.

Pasados los años, y tras décadas de neoliberalismo/ neofascismo, de ultra capitalismo, las cosas han cambiado mucho. En política, pues todos vemos día a día, desde hace años, la postura actual, cercana al PP y Vox del que fue presidente del gobierno y líder del PSOE, González; quien lleva años arremetiendo contra el que fue su partido, y, como digo, mostrando afinidad con los ultra conservadores, es decir, con ideas y concepciones del mundo insolidarias, totalitarias, racistas, exclusivistas; ideas que, en palabras de Sandro Pertini, quien fue presidente de Italia y ferviente demócrata, no son respetables, porque el fascismo no es una idea, sino la muerte de todas las ideas.

Una cena, compartiendo mesa con la plana mayor del PP y sentado al lado de Corina Machado, quien trabaja por Trump y las extremas derechas, es mucho más que elocuente; y muestra claramente en qué lado está el ex presidente, aunque mantiene su “militancia” en ese que fue su partido y al que no para de atacar, difamar y envilecer. Es algo paradigmático y sorprendente, por lo que supone de desilusión de muchos millones de españoles progresistas que confiaron en él durante muchos años.

Es bastante extraña también la postura de un comunicador habitual en televisión, venezolano de origen y supuesto icono de la rebeldía, la libertad y la modernidad, Izaguirre, quien se ha reunido con la política trumpista. y de la que ha alabado que “sea de izquierdas o de derechas, lo importante es el cambio”. ¿Cambio hacia qué? ¿Hacia el autoritarismo, golpes de Estado y sumisión de Venezuela a EEUU? Hay quienes parecen considerar la libertad como la pleitesía hacia los que se mueven para acabar con ella. Lo mismo ocurre con uno de los componentes del grupo Mecano, y con una pareja emblemática de la movida madrileña, igualmente iconos de “libertad”, y en los que parece que su libertad comienza donde empieza su pleitesía a las derechas que, según dicen, les proporciona suculentos contratos y beneficios económicos. En la misma posición encontramos a otros varios “iconos de la libertad” atacando al gobierno progresista cuando bien saben que la alternativa no es democracia, sino un orden construido en la desigualdad y en el privilegio de una minoría. Quizás porque prefieren tener sus ahorros en paraísos fiscales

Prefiero no dar nombres porque no se trata de denunciar nada ni a nadie, que estamos en un país libre, sólo faltaría, sino se trata de hacernos conscientes de la precariedad de muchas posturas ideológicas que, finalmente, parecen venderse al mejor postor. Pero hay un caso muy concreto que a muchos nos ha parecido más que indignante: los recientes cánticos racistas e insultantes contra Delcy Rodríguez, actual vicepresidenta eventual de Venezuela, de parte del cantante Carlos Baute, en pleno concierto en Madrid, ante miles de personas fanatizadas. Y, según leo en medios, su enorme deuda con Hacienda en España le anima a berrear contra cualquier cosa que huela a democracia.

Rodríguez Zapatero acaba de decir recientemente que “ser de izquierdas es que te importen los demás”. Así es. Pero, según vemos, hay gente con mucha presencia pública que, en lugar de ayudar a defender el país y el bien de todos, sólo velan, a veces de manera muy vulgar y muy canalla, por el interés propio. Y eso sí, se suelen sentir muy patriotas.

Coral Bravo es Doctora en Filología