Soy consciente. Más de uno y de una pensará que aquí está la cansina esta otra vez hablando de odio, discriminación y esas cosas. Se preguntarán si no me canso de hablar siempre de lo mismo, o casi. Y sí, me canso. Pero no porque me cueste esfuerzo hablar de ello sino porque no me queda otra mientras sigua pasando. Y, por desgracia, sigue pasando cada día.

Volvía a ocurrir con el deporte. Pero esta vez no era el césped del campo de fútbol ni la pista de atletismo, ni tampoco era el racismo el motivo. Esa vez era en el agua, y pasaba con la homofobia. Con la maldita homofobia, justo en los días en que se conmemora el orgullo. Para más inri.

Se trata de Dennis González, nuestro flamante campeón de Europa tanto en categoría individual como por parejas en natación artística. Un campeón en todos los sentidos, porque no podemos olvidar que seguro que ha recorrido un largo camino para conseguir el reconocimiento de la participación de hombres en una disciplina que hasta hace nada era exclusivamente femenina. Y no solo ha logrado eso, sino que ha conseguido que nuestra bandera, esa que algunos quieren patrimonializar, estuviera en lo más alto del pódium mientras la megafonía reproducía nuestro himno. Para quitarse el sombrero, las aletas o lo que se presente. Salvo si se es un energúmeno homófobo envidioso e impresentable. Entonces no, claro está.

Lo contaba el propio deportista en una red social. Después de que se publicara un video de su maravillosa actuación en la piscina, la red se llenaba de insultos y comentarios homófobos que me niego a reproducir. Seguro que quien me lea es capaz de imaginarlos, así que ahí lo dejo. Nuestro campeón, lejos de venirse abajo, denunciaba lo ocurrido en redes y medios, comentando, con una ironía no exenta de amargura, que al leerlos no sabía si estamos en el siglo XXI o en el siglo X antes de Cristo. Y tenía toda la razón.

Pero también tenía la razón en algo que decía y que es muy preocupante, es la repercusión que estos comentarios puedan tener en niños y adolescentes que quieran dedicarse a este deporte. Estos insultos podrían privarnos en el futuro de otro Dennis González, pero también podrían destrozar su vida.

Ante estas cosas no podemos callarnos. Tenemos que pregonar a los cuatro vientos el orgullo que sentimos por Dennis y la vergüenza y el rechazo que nos producen esos intolerantes. Por eso no me cansaré de escribir sobre ello mientras siga ocurriendo. Aunque me llamen cansina

SUSANA GISBERT
Fiscal y escritora (twitter @gisb_sus)

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