Hay que pasar de la estrategia defensiva a la ofensiva. Hay que pasar de ser víctimas de sus mentiras a contar la verdad que hay detrás de sus autores. Hay que pasar de recibir demandas, denuncias y querellas a interponerlas contra quienes nos amenazan, acosan y difaman.

Los demócratas llevamos demasiado tiempo limitándonos a defendernos de los ataques de la extrema derecha. Los ataques de empresarios, políticos, pseudoperiodistas y agitadores a sueldo. Nos defendemos de sus bulos, desmintiéndolos y desmontándolos. También nos defendemos de sus denuncias en los tribunales.

Y sufrimos no solo la "pena de banquillo" si un caso llega a juicio por su enorme repercusión mediática, infinitamente superior a la que tendrá luego la sentencia absolutoria. También sufrimos la pena mediática y el vapuleo en las redes sociales por el mero hecho de que se abran unas diligencias previas y nos citen como investigados. Es más, en muchas ocasiones la sufrimos por el mero hecho de que un ultra anuncie que nos ha puesto una denuncia. O incluso porque anuncie que va a ponérnosla. Denuncias no pocas veces basadas en la más absoluta nada, pero que cobran una enorme viralidad.

Un fabricante de odio publica el anuncio y los suyos se lanzan en manada a retuitearlo, a comentarlo y a volver a publicarlo una y otra vez. Día tras día, semana tras semana, mes tras mes. Muchas de esas denuncias ni se presentan o acaban archivadas. Pero los ultras, obviamente, se lo callan.

Y es así como se destruye a personas, es así como se destruye a organizaciones de la sociedad civil, es así como se destruye a gobiernos.

"La invencibilidad es una cuestión de defensa; la vulnerabilidad, una cuestión de ataque". Lo dijo el general, estratega militar y filósofo chino Sun Tzu en El arte de la guerra.

Son malas personas, están podridos por dentro y pueden hacernos muchísimo daño, pero no son invulnerables. Así que tenemos que aprender a defendernos, pero también tenemos que atacar al enemigo con nuestras propias armas. Armas que, a diferencia de las suyas, no se basan en las mentiras ni parten de la indecencia.

Como periodistas, como políticos, como activistas, como ciudadanos comprometidos… no podemos permitirles que siembren tantas mentiras y odio contra tanta gente decente callándonos y poniendo la otra mejilla.

Hay que pasar al ataque. Una y otra vez. Hay que hacer que aflore la verdad. Hay que contar sus vilezas, contar quién les paga, contar cuáles son sus verdaderos objetivos, que no son más que enriquecerse a costa de llegar al poder y destruir una larga lista de derechos sociales, machacando a los más débiles.

Y hay que llevarlos a los tribunales cada vez que se pasen de la raya, cada vez que se salten la ley con sus discursos de odio. Una, dos, tres y mil veces si hace falta. Hasta que les frenemos, hasta que les venzamos. Y, en algunos casos, hasta que logremos que den con sus huesos en la cárcel.

 

Soy Rubén Sánchez y en ocasiones veo fraudes. Y no hay mayor fraude que el que está desarrollando la extrema derecha para llegar al poder.

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