Durante año y medio en el seno del Comité de Ayuda al Desarrollo ha tenido lugar un diálogo entre países, expertos y organizaciones de cooperación internacional bajo un marco definido como Donors in a Post-Aid World (dPAW). 

Un elemento estructural de este diálogo ha sido los enormes recortes globales de la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) de 2025 que representó un recorte del 26% en términos reales. Dentro de la OCDE esto significaba un desplome global del 0,37% de la Renta Nacional Bruta de 2023 al 0.23% de 2026. Formalmente esto significa la renuncia formal del mundo desarrollado de alcanzar el 0,7. Un objetivo que ha servido de aspiración colectiva desde su aprobación en 1970 por la Asamblea General de las Naciones Unidas que formalizó esta meta mediante una resolución. 

El mundo de la AOD ha sido dinamitado configurándose un nuevo tiempo como el mundo “post-ayuda”. Este nuevo tiempo conlleva un alto daño estructural sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Sin un horizonte global del 0,7 y con los ODS quebrados en su aspiración de alcanzarlos en 2030 es el perímetro del nuevo tiempo. En este diálogo han germinado algunos elementos estructurales que van a configurar este mundo “post-ayuda”. 

Un primer elemento es el fin del binomio donante-receptor. Significa muchas cosas, entre otras el propio papel del Comité de Ayuda al Desarrollo de la OCDE en la gobernanza de la AOD. Unas relaciones más horizontales basadas en una igualdad soberana entre países. Un nuevo territorio que reemplace la OCDE por el Foro de Cooperación para el Desarrollo de las Naciones Unidas (DCF-UN). En este nuevo territorio surgirá de forma natural un proceso de descentralización del sistema de Naciones Unidas y también en la nueva arquitectura de la financiación internacional. Más horizontalidad y menos verticalidad en definitiva. 

Un segundo elemento es la caducidad de la AOD tal y como la hemos conocido hasta ahora. Por una parte, una AOD fija y blindada con países de pobreza extrema, países en conflicto y países con crisis profundas de deuda externa, mientras que un nuevo acuerdo político global para que la AOD sea reemplazada por un marco de inversiones públicas globales donde tres grandes bloques concentren estas inversiones; la ayuda humanitaria, la financiación de Bienes Públicos Globales y el desarrollo humano sostenible. 

Un tercer elemento es lo que se llaman las nuevas narrativas. De hecho la AECID en los últimos días de julio ha organizado seminario sobre este asunto en los Cursos de Verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo en Santander. 

En el mismo la AECID ya señala en su planteamiento que “la cooperación internacional para el desarrollo –así como la acción humanitaria– viven horas críticas. En un entorno de polarización, repliegues soberanistas, guerras culturales y contestación al multilateralismo, la cooperación se ve atacada por simplificaciones opuestas: para unos es altruismo; para otros, ineficacia, paternalismo o dispositivo neocolonial”

Y son precisamente las nuevas narrativas y por tanto el nuevo debate que tiene lugar en el seno de la OCDE de la estructura y los cimientos de la legitimidad, los fines y los criterios de eficacia. 

Un cuarto elemento es la amplitud y la elasticidad de las herramientas de la cooperación internacional para el desarrollo. El tiempo de las meras transferencias financieras se acerca a su final. La ecuación debe configurarse de forma mucho más amplia. Reformas regulatorias y marcos legales de ámbito global junto a una nueva forma de reestructuración de la deuda externa que incorporen las inversiones en desarrollo social y económico sostenible e inclusivo son parte de este nuevo tiempo. 

Un quinto elemento son el calendario de expiración del modelo tradicional de las agencias de desarrollo bilaterales. Ejemplos como la Fundación Gates que ya marca su final en 2045 o la iniciativa africana de Accra Reset son señales aún menores pero que marcan esa expiración del modelo. Plataformas país de liderazgo local y con esencial multilateral son el nuevo tiempo del mundo post-ayuda. En España quizá sea esta la oportunidad de por primera vez estar en la cabeza de este proceso de transformación global y maximizar sus fortalezas acumuladas en estos últimos 25 años en la escena internacional. 

Por último, un sexto elemento es la incidencia política y la influencia social de la cooperación internacional. Internacionalmente las encuestas indican que el apoyo a la cooperación internacional es frágil y lejos de crecer retrocede. Por un lado, la falta de información del gasto real junto a una deficiente estructuración del impacto y los resultados la convivencia con crisis económicas, empleo y vivienda en países desarrollados exige un esfuerzo importante de liderazgos políticos solventes que articulen su actividad política principal desde la pedagogía sobre el impacto y resultados de la cooperación. 

En España donde el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) ha analizado la percepción pública sobre la ayuda oficial al desarrollo a través de barómetros monográficos denominados "Actitudes hacia la cooperación internacional", estas series históricas señalan que la ciudadanía española mantiene una postura de solidaridad de principio, pero combinada con escepticismo sobre la eficacia real de los fondos y una clara priorización del bienestar nacional en épocas de dificultades económicas. Conviene no confundir apoyo con el trabajo hecho con priorización de políticas, en este nuevo mundo post-ayuda. 

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