Cantaba Serrat que “nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio” y la verdad es que es algo en lo que esta semana he pensado en más de una ocasión. Porque muchas veces, aunque se ponga todo el empeño en esconderla, la verdad termina golpeándonos en la cara. Eso pensaba al ver a Irene Rosales contar en el avance de su entrevista en ¡De Viernes! que “me han escrito infinidad de veces “cornuda” y es muy duro. ¿Cómo puedo pretender que me respete la persona que me llama “cornuda” si el primero que no me ha respetado ha sido mi marido?”. Al final la verdad los ha terminado atrapando, a ella y a Kiko Rivera. Lo curioso es que la verdad atrapa a Kiko justo en el momento en que se obra la milagrosa reconciliación con su madre. Qué conveniente, ¿no?

Tirando de hemeroteca nos encontramos con que cuando se conoció la noticia de la separación de Kiko e Irene ambos aseguraban que no se pronunciarían públicamente sobre los detalles que habían llevado a separar sus vidas y que, a pesar de poner fin a su relación, mantenían la cordialidad. Ahora, esa cordialidad según apuntaba Luis Pliego, director de Lecturas, ha dado paso a la vía contenciosa y a la petición de Kiko de tener custodia compartida de las dos hijas del matrimonio. He de decir que celebro la decisión de cualquier progenitor de asumir la corresponsabilidad en la tarea de criar a un hijo, no iba a ser menos en el caso de Kiko Rivera. Otra cosa es esta repentina prisa por reconciliarse con su madre, Isabel Pantoja, que no sé todavía a qué me huele. Si a clausula de algún contrato, si a inminente exclusiva, si a colaboración judicial… solo el tiempo lo dirá.

Esta misma semana justamente se anuncia la participación de Jesús Janeiro en la nueva edición de Tu Cara Me Suena, otro proyecto televisivo más de esta “segunda venida” de Jesulín a nuestras vidas después de su paso por Masterchef. Muchas veces cuando veo a personajes televisivos de quienes es sabida su poca o nula implicación en la crianza de sus hijos pienso en lo normalizado que lo tenemos cuando es algo más bien inexplicable. Será porque me he criado con ese mismo tipo de progenitor desaparecido en combate que mi cerebro no puede procesarlo, pero es como si tuvieras delante a alguien que acaba de abandonar un perro en una gasolinera y lejos de reprocharle su comportamiento le rieras las gracias. Cosas de este extraño siglo en el que vivimos.

Otra a quien esta semana la vuelve a perseguir la verdad es a Paz Padilla. Resulta que la gaditana ha dado una entrevista al podcast El Sentido de la Birra que presenta Ricardo Moya y de nuevo ha vuelto a hablar de su época en Sálvame, pero por supuesto sin mencionar el nombre del espacio que le dio de comer durante 14 años. Según cuenta en “aquel programa de cotilleos” todo lo que decía “me lo decían por el oído” aludiendo a que cualquier viso de malignidad era obra de los directores del espacio y no de ella misma, que es un ser imbuido por la gracia divina. Claro que, yo me pregunto si por ejemplo la tarde que dijo “pero y si esa persona es un abuelo, un tío, un hermano... ¿cómo desestructura a esa familia?”, hablando sobre denunciar abusos sexuales en el seno de la familia, también se lo estarían dictando al oído. Pues eso, que nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio.

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