Se acabó la máscara del "barón moderado". Moreno Bonilla ha entregado el futuro de Andalucía a la extrema derecha con tal de amarrar su sillón en San Telmo. El pacto de 150 medidas firmado con Vox no es un acuerdo de gobernabilidad; es una rendición en toda regla que compromete el futuro de los servicios públicos de los andaluces al mejor postor y dinamita décadas de avances sociales en nuestra comunidad.

Detrás de la sonrisa ensayada y el tono pausado del presidente de la Junta se escondía una agenda implacable de privatizaciones y recortes. Este documento estratégico de 60 páginas es la prueba irrefutable de que la supuesta centralidad del PP andaluz era solo una burda estrategia de marketing: para mantener el poder, Moreno Bonilla no ha dudado en firmar un hachazo histórico a la sanidad, la educación y la dependencia que sufrirán directamente las familias andaluzas en su día a día.

Durante años, la maquinaria de propaganda de San Telmo nos vendió a un Moreno Bonilla de perfil dialogante, centrado y alejado del ruido de la extrema derecha. Todo era un decorado de cartón piedra. El pacto de coalición demuestra que la única ideología de Moreno Bonilla es el poder por el poder y que está dispuesto a asumir el marco ideológico y económico más reaccionario con tal de no soltar la presidencia.

No estamos ante un acuerdo de concesiones menores. Vox ha entrado en el Gobierno gestionando presupuestos milmillonarios, y el PP ha claudicado asumiendo conceptos como la "prioridad nacional" en las ayudas públicas, el rechazo a las políticas climáticas o la persecución ideológica. Sin embargo, el verdadero crimen social de este documento se perpetra contra los pilares del Estado del bienestar andaluz: la sanidad que nos cura y la educación de nuestros hijos. ¿Cómo se va a traducir esto en tu vida cotidiana? La letra pequeña del acuerdo no deja lugar a dudas.

En materia educativa, las 150 medidas suponen el mayor trasvase de fondos públicos hacia las empresas privadas de la historia de Andalucía. Si tienes hijos en edad escolar, debes saber que el pacto asume íntegramente las históricas exigencias de la patronal de la educación privada-concertada. El texto es explícito: se compromete a la implantación progresiva de la concertación en las etapas de Bachillerato y Formación Profesional.

Hasta ahora, la educación concertada (pagada con dinero público pero gestionada por manos privadas o religiosas) se limitaba mayoritariamente a Primaria y Secundaria. Moreno Bonilla ha roto este dique de contención. Con esta medida, el dinero de todos los andaluces servirá para financiar aulas privadas en etapas postobligatorias, justo donde las empresas educativas han visto un nicho de negocio redondo, especialmente en la codiciada Formación Profesional.

Los sindicatos docentes, como USTEA, ya han calificado este pacto de "ataque directo a la escuela pública". Mientras los colegios e institutos públicos de los barrios andaluces sufren el cierre de líneas y la falta de personal de apoyo, el dinero público se desviará para rescatar y engordar el negocio de la privada. A esto se le suma la eliminación de la zonificación escolar, una trampa diseñada para segregar al alumnado por motivos socioeconómicos, permitiendo que los centros privados elegidos por las rentas más altas sigan sobrefinanciados con recursos de la Junta.

Para colmo de males, el documento también apuesta por reforzar el denominado “pin parental” o mecanismos para ampliar el control de las familias sobre determinados contenidos educativos, además de revisar programas relacionados con igualdad, diversidad y educación afectivo-sexual. Es la capitulación cultura absoluta ante Vox. Mientras se cede en la censura ideológica, apenas aparecen compromisos concretos para reducir ratios, reforzar la atención a la diversidad o incrementar el número de docentes en la escuela pública. Toda una declaración de intenciones que empobrecerá la formación de las próximas generaciones.

Si el ataque a la educación es flagrante, el plan sanitario golpeará directamente la salud de tu familia. Las listas de espera en Andalucía están completamente disparadas, un colapso que los sindicatos sanitarios (SATSE, SMA, CSIF, CCOO y UGT) llevan denunciando meses con movilizaciones en las ocho provincias. La respuesta de Moreno Bonilla y Vox a esta crisis humanitaria no es contratar más médicos ni abrir plantas cerradas, sino legalizar las "fórmulas de cooperación público-privada".

Bajo el eufemismo de "atajar el tapón asistencial", el acuerdo institucionaliza el desvío sistemático de pacientes a clínicas privadas para cirugías, primeras consultas y pruebas diagnósticas. Es un desguace planificado que consolida un modelo en el que cada vez más actividad sanitaria termine derivándose a centros privados.

Paralelamente, el acuerdo no incorpora un plan extraordinario para reforzar la Atención Primaria, reducir de forma estructural las listas de estos o aumentar las plantillas sanitarias, precisamente las principales reclamaciones de profesionales y pacientes. Olvídate de conseguir cita rápida con tu médico de cabecera; se ignora a los trabajadores para favorecer el negocio de unos pocos.

Además, los partidos de la oposición y los profesionales médicos alertan de la peligrosa politización del sistema. El pacto incluye la creación de unidades específicas para fiscalizar obsesivamente el gasto sanitario en base a la nacionalidad del paciente y realizar auditorías ideológicas sobre la atención a la población extranjera. Mientras los andaluces esperan meses para una mamografía o una cita con el especialista en salud mental, el Gobierno de Moreno Bonilla prefiere gastar recursos públicos en crear estructuras burocráticas de control migratorio dentro de los hospitales.

El pacto tampoco tiene piedad con los andaluces que peor lo están pasando, afectando de elleno a nuestros mayores y dependientes. Andalucía ya lidera los vergonzosos rankings estatales en tiempos de espera para que una persona dependiente reciba su prestación —muchos mueren antes de que les llegue el subsidio—. Lejos de agilizar y dotar de presupuesto la Ley de Dependencia, el documento firmado con Vox introduce más trabas burocráticas y auditorías ideológicas a las plataformas del tercer sector.

Resulta especialmente llamativo que un documento de esta envergadura apenas incorpore medidas concretas para reducir las listas de espera en dependencia, agilizar las valoraciones o reforzar los servicios de ayudas a domicilio y las plazas residenciales, pese a que miles de familias llevan años reclamando soluciones. Tampoco se aprecia una apuesta decidida por reforzar la red de servicios sociales comunitarios, la atención a las personas con discapacidad, la lucha contra la pobreza infantil o el incremento de profesionales en los ayuntamientos, que soportan buena parte de la atención directa a las familias más vulnerables.

Las familias vulnerables y los mayores dependientes quedan desamparados ante un modelo que prioriza las rebajas fiscales de 325 millones de euros a las rentas más altas antes que blindar el escudo social. El dinero se te le perdona a los más ricos es el que se le niega a tus dependientes. Para rematar este despropósito la violencia de género, una lacra que azota con dureza nuestra comunidad, desaparece del vocabulario oficial del Gobierno andaluz para plegarse al término ultraderechista de "violencia intrafamiliar". Este cambio terminológico es una puñalada traicionera a las redes de servicios sociales y a los centros de la mujer, que verán sus fondos condicionados por la ideología de un Gobierno que niega la violencia machista.

El resultado de este pacto de las 150 medidas es el diseño de una Andalucía a dos velocidades. Un modelo low-cost donde el derecho a la salud, a una educación de calidad y a envejecer con dignidad dependerá exclusivamente de la cuenta corriente de cada ciudadano.

Moreno Bonilla ha demostrado que su moderación era un producto de escaparate, un disfraz que se ha quitado sin ningún pudor en cuanto ha necesitado los votos de Vox para mantener el coche oficial. No le ha importado firmar el desmantelamiento de los colegios públicos, la privatización encubierta del Bachillerato y la FP, ni la consolidación de un modelo donde la sanidad privada gana cada vez más peso. El precio de su investidura ha sido altísimo, y por desgracia, no lo va a pagar él de su bolsillo: lo van a pagar los andaluces y andaluzas cada vez que abran las puertas de un hospital colapsado o de un colegio sin recursos. La traición ya está firmada. Ahora no vale lamentarse.

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