España llega a este 1 de mayo de 2026 en un estado de gracia laboral que la derecha política y mediática es incapaz de digerir. Por mucho que les duela a Alberto Núñez Feijóo y a Santiago Abascal, los datos de la última Encuesta de Población Activa son inapelables: nuestro país ha roto el techo de cristal de los 22 millones de trabajadores, consolidando una cifra histórica de ocupación que sitúa a la economía española como el auténtico motor de Europa.

Mientras el ruido de la oposición intenta empañar la realidad con conspiraciones y fango, el Gobierno de Pedro Sánchez demuestra con hechos que es posible crecer por encima de la media de la Unión Europea protegiendo, al mismo tiempo, los derechos de la clase trabajadora.

Este éxito no es fruto de la inercia, sino de una política económica valiente que ha sabido combinar la reforma laboral con una inversión estratégica sin precedentes. Hoy, España no solo crea empleo, sino que lidera la generación de puestos de trabajo en todo el continente, aportando casi la mitad de la ocupación creada en la zona euro en el último ejercicio.

Frente a las profecías apocalípticas de una derecha instalada en el catastrofismo sistemático, el modelo de Sánchez se erige como un muro de prosperidad. Es el triunfo de la dignidad salarial y la estabilidad frente a aquellos que auguraban que subir el SMI o limitar la temporalidad destruiría el tejido productivo de nuestra nación.

Este miércoles, Málaga será epicentro de la reivindicación laboral en toda España. Los líderes nacionales de CCOO y UGT, Unai Sordo y Pepe Álvarez, han trasladado la gran manifestación central del Primero de Mayo a la capital de la Costa del Sol.

Es un movimiento cargado de simbolismo y calado político: por primera vez en muchos años, el foco del sindicalismo estatal sale de Madrid para señalar dónde se juega el futuro del país. Pedro Sánchez desembarca en este contexto con el aval de los 22,3 millones de ocupados y una tasa de paro que marca su mejor registro en 18 años para este periodo, situándose en un 10,83%.

Por otro lado, la presencia del presidente del Gobierno en Málaga, coincidiendo con el arranque de la campaña electoral andaluza, pone de manifiesto la política de contrastes que vive España. Mientras el Ejecutivo central empuja el carro de la economía nacional hasta liderar el crecimiento de la OCDE, el modelo de Juanma Moreno Bonilla en Andalucía sigue actuando como un pesado lastre.

Resulta sangrante comprobar que, en el trimestre más boyante de la historia de la democracia, Andalucía siga anclada en una tasa de paro del 14,6%, casi cuatro puntos por encima de la media nacional. Es el fracaso sin paliativos de un Partido Popular que prefiere gastar sus energías en confrontar con Madrid antes que en gestionar las competencias que desangran el mercado laboral andaluz.

A Feijóo y a Abascal les duele este 1 de mayo, porque cada contrato firmado es un argumento menos para su estrategia de acoso y derribo. Intentaron boicotear los fondos europeos en Bruselas, votaron sistemáticamente en contra de cada avance en los derechos de los trabajadores y despreciaron una reforma laboral que ha demostrado ser el motor de este milagro económico.

La derecha española se encuentra hoy en un callejón sin salida: si la economía va mal, culpan a Sánchez; si la economía bate récords históricos, deciden ignorar la realidad o recurrir al insulto mientras sus barones, como Moreno Bonilla, son incapaces de replicar este éxito en sus territorios.

Resulta irónico escuchar a Feijóo hablar de estancamiento mientras los datos de Eurostat confirman que España es la envidia de las principales capitales europeas. El líder del PP parece vivir en una dimensión paralela donde los récords de afiliación son maquillaje estadístico.

Pero los números son tercos: hay más mujeres trabajando que nunca en la historia de España, la contratación indefinida se ha convertido en la norma y el desempleo juvenil cae a ritmos que hace una década parecían ciencia ficción. Todo ello a pesar de la desidia de quienes, desde San Telmo, prefieren la propaganda a la creación de oportunidades reales para los jóvenes andaluces.

El contraste entre la España real y la España que dibuja la oposición es demoledor. Por un lado, un Ejecutivo que utiliza las palancas del Estado para blindar a las familias frente a la inflación y potenciar la reindustrialización; por otro, una dupla de derecha y ultraderecha instalada en el fango y el bloqueo.

La presencia de Sánchez en Málaga por la tarde, arropado por la fuerza de los sindicatos en las calles por la mañana, es un recordatorio de que este Gobierno no se conforma con las cifras macroeconómicas, sino que busca que ese éxito llegue al bolsillo de cada trabajador, especialmente en aquellas regiones donde la gestión del PP se ha convertido en un obstáculo para el progreso.

Lo que Feijóo y Abascal califican despectivamente como “sanchismo” no es otra cosa que una gestión pragmática y progresista que ha desmentido todos los dogmas neoliberales. Dijeron que subir los salarios traería paro, y hoy tenemos más empleo que nunca. Dijeron que la reforma laboral sería un fracaso, y hoy tenemos la mayor estabilidad de la historia.

El hecho de que la manifestación central de UGT y CCOO se celebre en la Andalucía de Moreno Bonilla no es casualidad: es el recordatorio de que el crecimiento de España no será completo mientras el PP siga utilizando sus gobiernos regionales para frenar la dignidad de los trabajadores.

Este 1 de mayo no es solo una jornada de reivindicación; es un plebiscito sobre la gestión de un Gobierno que ha sabido leer las necesidades de su tiempo. Queremos la España que lidera Europa, la España de los 22 millones de trabajadores, la España de Sánchez que protege y avanza. Frente a eso, solo queda el vacío de una derecha que se ha quedado sin discurso económico y el modelo fallido de un Moreno Bonilla que lidera el paro mientras el resto del país bate récords.

Los ciudadanos saben que hoy van a trabajar bajo una legislación que les reconoce derechos que el PP intentó arrebatarles. Saben que, a pesar de la incertidumbre global, España ha sabido navegar la tormenta con una solvencia que humilla el pesimismo interesado de Génova 13.

Este 1 de mayo, en las calles de Málaga y de toda España, el mensaje será claro: el progreso no da marcha atrás y no hay campaña de desinformación que pueda tapar el éxito histórico de los 22 millones de empleos de Pedro Sánchez, con los que Feijóo reconoció que soñaba ansiosamente para él.

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