Ya hace semanas que estamos en verano. La operación bikini -o la oportunidad de hacerla- caducó y ahora ha llegado el momento de pasear nuestros cuerpos serranos en traje de baño con la mayor dignidad posible.

Parecía que, a pesar de la indiscutible dictadura de los estereotipos, habíamos mejorado un poco en cuanto a las exigencias a nuestros cuerpos. Ya no se veían tantos tipos inverosímilmente delgados y se trataba de evitar que las tallas imposibles se tuvieran como normales, convirtiendo a quienes no entraban en ellas en poco menos que parias de la moda.

Pero, como decía mi madre, nunca dura mucho la alegría en la casa del pobre, y el otro día veía en televisión un reportaje sobre la vuelta de los estereotipos extremadamente delgados a las alfombras rojas. Acompañaban a estas palabras unas imágenes de actrices como Demi Moore o Emma Stone embutidas en vestidos diminutos y con una cara y un cuerpo lleno de ángulos donde debería haber curvas.

Lo peor es que, según parece, ya ni siquiera hace falta hacer regímenes espartanos ni cerrarse la boca con un candado. Se insinúa, cuando no se dice directamente, que existen inyecciones “milagrosas” que consiguen lo que parecía imposible. Todo el mundo ha oído hablar de ellas, pensadas en principio para combatir enfermedades como la diabetes o la obesidad mórbida, pero que también pueden conseguir el adelgazamiento de quien no padece enfermedad alguna, siempre que alguien las recete y se puedan pagar. Y ya se sabe, poderoso caballero es Don Dinero.

Mientras tanto, y por si no fuera suficiente, hay personajes públicos que siguen sufriendo de haters que, en redes sociales, les insultan por el simple hecho de salirse de lo que unos cánones absurdos imponen. Con el riesgo que ello supone no solo para la persona insultada, que puede tener recursos suficientes para ignorar y hasta reírse de estas cosas, sino para quienes leen semejantes improperios. El hashtag que usa mi amiga y periodista Loreto Ochando #AlimentandoMisLorzas es una buena prueba de resiliencia frente a estos ataques, pero no todo el mundo tiene el mismo coraje.

Yo, como ella, estoy en paz con mis curvas, pero hay muchas personas jóvenes que pueden verse influenciadas por estas cosas. Ya hemos visto muchas veces el peligro de los trastornos de la alimentación, y hoy día nos podemos encontrar con nuevas formas tan peligrosas como aquellas.

La vida ya nos trae bastantes disgustos como para que tengamos que fabricar otros nuevos solo porque la báscula no nos diga lo que los estereotipos deciden que debería decirnos. Máxime, cuando, mientras tanto, en una parte del mundo la gente se muere de hambre. Y ese sí que es un verdadero drama.

SUSANA GISBERT
Fiscal y escritora (@gisb_sus) 

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