El 25 de mayo es el día internacional de los Niños/as Desaparecidos/as, un día que se conmemora en muchos países del mundo con el fin de movilizarse en torno a la causa de los niños y niñas desaparecidos, realizar acciones preventivas y recordar a aquellos cuyo rastro aún no se ha encontrado, según la Fundación ANAR (Ayuda a niños/as y adolescentes en riesgo)
Son muchos los casos de estas desapariciones, y muchas también las razones que llevan a ello, aunque en nuestro país nos evoca directamente a la cuestión de los Niños robados del franquismo -e incluso más tarde- y en el ámbito internacional es inevitable pensar en las Madre y abuelas de la Plaza de mayo argentinas. Casos organizados de crueldad extrema cuyos efectos perviven a lo largo de los tiempos y que en muchos de los casos no se aclararán jamás, por desgracia.
De los “Niños robados” -o “bebés robados”- se habló mucho en su día, incluso hubo algún procedimiento judicial cuyo resultado no sirvió de gran cosa, pero hoy en día parece haberse olvidado, a pesar de que todavía hoy existen muchas personas que viven con la sospecha de que su llegada al mundo no fue todo lo regular que debería, o madres que albergan serias dudas de que su bebé presuntamente fallecido fue a parar a otra familia. También hay casos que han sido finalmente aclarados -que no resueltos- y han dado lugar a emotivos reencuentros mucho tiempo después.
Del mismo modo, hemos conocido reencuentros entre esos niños o niñas de los que se apropió la dictadura argentina tras el asesinato de sus madres por su disidencia política y sus familias biológicas. Siempre que he sabido de alguno, pienso en el dolor y el desconcierto que debe sufrir quien ha sido criado con amor en el seno de una familia que creía la suya y que ha resultado ser cómplice de un crimen horrible. Un pasado supuestamente feliz que de pronto se hace añicos y del que es muy difícil recomponer los pedazos.
Pero estos no son los únicos casos de desapariciones forzadas de menores. O de desapariciones de las que ni siquiera se sabe si fueron o no forzadas. No hay más que echar un vistazo a cualquier página dedicada a la búsqueda de desparecidos para comprobar la cantidad de niños, niñas o adolescentes que se esfumaron sin dejar rastro, como David Herrero, aquel famoso niño pintor de Málaga del que nunca más se supo, o Gloria Martínez, la adolescente cuya pista se perdió para siempre en una clínica psiquiátrica de Alfaz del Pi.
Y no podemos olvidar otro capítulo especialmente doloroso, el de las criaturas que son arrebatadas por uno de sus progenitores poniendo kilómetros de distancia y de diferentes culturas de por medio hasta el punto de hacer imposible su localización. Progenitores que entienden que la paternidad es un derecho de propiedad y no un acto de amor.
Pero, al lado de todas estas criaturas a las que reclama una familia -o varios- están los casos de los niños y niña de los que apenas se habla porque nadie les reclama. Criaturas a las que las circunstancias -fundamentalmente, la pobreza- condujeron a destinos terribles como la trata, los matrimonios forzados, la compra de órganos, el trabajo en condiciones de esclavitud o el reclutamiento como niños soldados. Infancias no solo robadas, sino que nunca existieron como tales.
Por todas estas niñas y niños, y por quienes ya dejaron de serlo, es por lo que esta conmemoración es necesaria. Ojalá no lo fuera.
SUSANA GISBERT
Fiscal y escritora (@gisb_sus)
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