Hace unos años, al bajar del coche, tras dejarle aparcado en una calle cerrada, me di cuenta de que en el suelo, bajo un árbol, había dos gorriones en el suelo; me acerqué y vi que uno de ellos estaba vivo porque movía su piquito casi sin fuerza. Supuse que lo que ocurría era que estaban muriendo de sed o de golpe de calor, porque era verano y estábamos a temperatura cercana a los 40 grados.
Pude conseguir una botella de agua y le puse al pajarito unas gotas en el pico, se movió sutilmente, pero no reaccionaba más, y en unos segundos se quedó muerto en mis manos. Realmente me sentí muy mal, con mucha impotencia por no haber podido salvar esa pequeña vida que no nació para morir de calor, del calor anti natura que está provocando la terrible e inconsciente actividad humana. Dejé a esa pequeña vida en el pequeñísimo trozo de tierra alrededor del árbol en el que trinaban con fuerza otros pájaros, seguramente desesperados por el calor y la falta de agua.
Desde ese día puse mucha más atención a las aves que surcan nuestros cielos, que son, de manera imparable, cada vez menos. Busqué información, y llegué a saber que todos los veranos mueren miles, millones de aves en España y en el mundo, sobre todo en ciudades y en zonas secas y poco arboladas, por sed y golpes de calor. Es algo que ocurre mucho más y de manera continua en los veranos tórridos que nos trae el cambio climático. Además, los químicos y pesticidas que se echan en los cultivos, la contaminación del aire y del agua, la tala de árboles y la desertización progresiva convierten a las aves, las grandes y las pequeñas, en unas de las especies más vulnerables a la contaminación y al cambio climático.
A partir de aquel día empecé a tener contacto con una asociación, SEO Birdlife - Sociedad Española de Ornitología, una ONG que trabaja por la conservación de la naturaleza y la biodiversidad poniendo el foco en las aves, y siempre con la colaboración de la sociedad en iniciativas y actividades de divulgación, formación y voluntariado. Y empecé a tener información de primera mano y, a la vez, a asustarme por la situación crítica de estas especies tan maravillosas como necesarias, porque son uno de los mayores agentes de polinización; sin las abejas (también en serio peligro) y sin las aves se acaban los bosques, y también los cultivos, y, por supuesto, el ser humano.
La cruda realidad es que el neoliberalismo, ese terrible ultra capitalismo que defienden y propagan las derechas al servicio de las grandes élites, está acabando con las mejores cosas de la vida. Su afán voraz de dinero no encuentra límite alguno; y tienen muy bien aprendida esa horrible idea, propagada en Occidente por la religión, de que la vida natural fue creada para uso y abuso del hombre, que las especies no humanas son “cosas” de las que no hay que tener compasión. Un pensamiento psicopático que nos convierte en la especie más depredadora que existe.
Según la Lista Roja de Especies Amenazadas, el 61 por cien de especies de aves en el planeta está en grave peligro de extinción. Las consecuencias del cambio climático aumenta considerablemente esta cifra. La población de nuestros amigos gorriones, tan presentes en la vida de todos, está descendiendo igualmente de manera dramática. Desde 1998 la población de este precioso animalito, según SEO/Birdife España, ha disminuido en nuestro país ocho millones de ejemplares, a razón de casi medio millón al año. Y afirma que este triste declive, además de afectar a la especie, que seguramente estará en unas décadas en peligro de extinguirse, también refleja el grave deterioro ambiental en los ecosistemas, tanto urbanos como rurales.
Pero estas derechas neoliberales siguen despreciando a los animales y la vida natural, talando árboles y clausurando fuentes de agua. Teniendo en cuenta que, además, los ríos y arroyos están gravemente contaminados, es entendible que muchos gorriones y aves en general mueran de sed o de golpes de calor. como al resto de animales, les robamos su hábitats, sus árboles, sus arroyos de agua limpia. Y un plus que lo empeora todo es que acaban bebiendo, en verano, del agua hiper clorado de las piscinas, lo cual es para ellos letal; les quema la tráquea y los órganos internos, y mueren en días o en horas.
Animo, suplico a alcaldes, concejales, gestores públicos, negocios, jardines públicos, privados, hoteles, casas particulares, seres humanos con un mínimo de compasión a un simple gesto que no cuesta nada; qué fácil es poner un poco de agua fresca en un pequeño recipiente en jardines, terrazas, balcones, ventanas, o en las calles que rodean nuestras casas. Qué fácil y baratísimo es para los ayuntamientos poner en pueblos y ciudades fuentes que recojan agua que no caiga directamente a alcantarillas, o bebederos para que nuestras aves no sigan muriendo por nuestra vergonzosa falta de empatía y de humanidad.
Decía el astrofísico canadiense Hubert Reeves que la especie humana es la más insensata de todas las especies, porque venera a un dios invisible y masacra a una naturaleza visible, sin saber que esa naturaleza que masacra es ese dios invisible que venera”.
Coral Bravo es Doctora en Filología
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