Una de mis secciones preferidas de los periódicos son las "cartas al director/a" porque en ellas los lectores aportan en muchas ocasiones sugerencias de temas que los políticos y los medios desdeñan o ignoran por considerarlos de poco interés, pero que afectan a la vida cotidiana de la ciudadanía.

El miércoles, 1 de julio de 2026, el diario El País publicó una carta de Andrea Martínez, desde Barcelona, en la que planteaba que las zonas de juego infantiles de parques y jardines no estaban adaptadas a las altas temperaturas provocadas por el cambio climático: "las superficies abrasadoras de los toboganes metálicos convierten estos espacios en entornos incompatibles con el juego infantil durante las horas de más calor. Olvidamos que el juego al aire libre no es un mero pasatiempo, sino el eje vertebrador de la salud y la educación. La infancia tiene derecho a habitar un espacio que la respete y la proteja como colectivo, no que la obligue a refugiarse en centros comerciales climatizados."

Hace ya dos años escribí una columna titulada "Si las niñas y los niños votaran" en la que abordaba con argumentos coincidentes el tema de la inadaptación de los espacios de juego infantiles a la crisis climática. Este año, a raíz de las reivindicaciones sobre la necesidad de climatizar las aulas de los centros de primaria y secundaria, la consejera de Educación y el consejero de Cultura las han puesto en solfa en la Asamblea de Madrid como ya hizo en 2024 un concejal del PP de una localidad jienense.

El negacionismo climático de la derecha y la ultraderecha tiene consecuencias concretas, como se puede apreciar en el abordaje que hacen de esta cuestión. Sin embargo, no hace falta viajar al futuro para constatar que existen alternativas viables. Ciudades como Tel Aviv o estados como el de Nueva Gales del Sur en Australia obligan por ley a que cada área infantil pública cuente con estructuras tensadas de protección UV (shade sails) para salvaguardar la salud de los menores. En nuestro entorno más cercano, Sevilla ya implementa planes de entoldado textil para frenar el asfalto abrasador en sus distritos, y Bilbao ha demostrado la eficacia climática de sus grandes cubiertas urbanas permanentes.

Pero, seamos constructivos, los ayuntamientos tienen que ir un paso más allá y plantearse toda una nueva línea de mobiliario urbano solar para parques y jardines con nuevos diseños de columpios y toboganes que, al tiempo que proporcionan sombra, sirvan para producir energía y alimenten ventiladores. En las imágenes que ilustran este texto se pueden ver algunas de estas propuestas que todavía esperan hacerse realidad en nuestros entornos urbanos.

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