Ferrari ha presentado en Roma el Luce, su primer deportivo completamente eléctrico. La puesta en escena, con la Vela de mi buen amigo y paisano, Santiago Calatrava como telón de fondo y una evocación histórica al 125S de 1947, resulta impecable. Quizá demasiado. Porque bajo la retórica de la "nueva era" y la "neutralidad tecnológica" se percibe cierta ansiedad por justificar lo que muchos puristas aún ven con escepticismo: un Ferrari sin motor térmico.
Diseño ajeno a Ferrari Design Studio
El diseño, firmado por LoveFrom —el estudio de Jony Ive y Marc Newson—, introduce loque ellos denominan "glass house" continua y superficies depuradas. Estéticamente es coherente, pero también predecible dentro de la corriente minimalista actual. La colaboración con un equipo externo al Ferrari Design Studio,, plantea una pregunta incómoda: ¿acaso el centro de Maranello ya no confía plenamente en su propio lenguaje?
Muchas novedades, primicias, y muchos caballos
Técnicamente, el Luce acumula primicias: cuatro motores eléctricos, suspensiones activas, dirección trasera independiente y 1050 CV. Sin embargo, el dato de 2260 kg de peso —pese a ser bajo para un eléctrico de cinco plazas— revela una realidad ineludible: la electrificación añade masa, y ninguna retórica dinámica disimula del todo esa herencia. El sonido 'auténtico y funcional', generado a partir de vibraciones mecánicas y amplificado artificialmente, parece un compromiso ingenioso, pero también un recordatorio de que el silencio absoluto sigue siendo un problema emocional sin resolver para la marca.
Un Ferrari familiar, y demasiados esloganes vacíos
El interior, con cuatro puertas y cinco plazas, rompe con la tradición transaxle. Es una concesión a la usabilidad, pero también una muestra de que Ferrari persigue ahora un cliente menos radical, quizá más cercano al de un Porsche Panamera que al del 458 Italia. Nada malo en ello, salvo que el comunicado insiste una y otra vez en "emociones inéditas", "carácter reconocible" y "experiencia envolvente", frases que se repiten hasta desgastarse.
Demasiada inseguridad estrátegica
En conjunto, el Ferrari Luce es una obra brillante desde lo ingenieril, pero discursivamente defensiva. Cada párrafo intenta probar algo: que no traiciona el legado, que el sonido no falta, que el peso se controla, que el confort no es blandura. Esa necesidad constante de reafirmación delata una inseguridad estratégica. El Luce no solo inaugura una etapa: también revela que Ferrari teme, tal vez por primera vez, no ser reconocible sin el rugido de un motor de 12 cilindros. El precio aún no ha sido cominicado por la marca
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