El envejecimiento del parque automovilístico español se ha convertido en uno de los problemas estructurales más acuciantes del país, con unas consecuencias que trascienden lo meramente económico para adentrarse en el terreno de la seguridad vial, la sostenibilidad ambiental y la cohesión territorial.
Según el Informe Anual 2025 elaborado por ANFAC, la edad media de los turismos que circulan por las carreteras españolas ha alcanzado los 14,6 años, una cifra que no hace sino confirmar una tendencia alcista que parece imparable. Este dato adquiere su verdadera dimensión cuando se desglosa: cerca de la mitad de los turismos, concretamente 12,9 millones, de los 26,7 millones que circulan, superan ya los quince años de antigüedad, mientras que casi dos de cada tres vehículos tienen más de una década a sus espaldas.
Solo cuatro comunidades tienen coches más nuevos que la media
El problema, sin embargo, no se distribuye de manera homogénea por el territorio nacional, sino que responde a lo que podría calificarse como una geografía del envejecimiento automovilístico. Solo cuatro comunidades autónomas —Madrid, Comunidad Valenciana, Cataluña y Baleares— presentan una edad media inferior a la media nacional, situándose como islas de renovación en un océano de vehículos envejecidos. En el extremo opuesto, Ceuta y Melilla encabezan la clasificación con 17,9 años de media, seguidas de Castilla y León, Galicia y Extremadura, donde la edad media supera ampliamente los dieciséis años.
Estas diferencias reflejan no solo disparidades económicas, sino también distintas capacidades para acceder a la renovación del parque, lo que genera un círculo vicioso: los vehículos más antiguos son menos eficientes, contaminan más y resultan más inseguros, lo que encarece su mantenimiento y dificulta aún más su sustitución.
Envejecimiento estructural
La fotografía se vuelve todavía más preocupante al analizar la distribución por edades. En ocho comunidades autónomas, el 70% o más de los turismos superan los diez años, lo que evidencia un envejecimiento estructural que solo Madrid logra contrarrestar, con menos del 50% de sus vehículos en esa franja de edad. Esta dualidad territorial plantea interrogantes sobre la eficacia de las políticas públicas de renovación, que parecen estar funcionando únicamente en los territorios con mayor dinamismo económico y mayor capacidad adquisitiva.
Los electrificados crecen, pero solo representan el 2.4% del total
En cuanto a la electrificación, los datos ofrecen un panorama agridulce. Si bien los vehículos electrificados han aumentado un 51% respecto al año anterior, su presencia en el parque total sigue siendo testimonial: apenas el 2,4% del total. Madrid lidera este ámbito con un 5,7% de vehículos eléctricos, muy por encima de la media nacional, pero Extremadura y Ceuta y Melilla apenas alcanzan el 0,8% y 0,6% respectivamente.
José López-Tafall, director general de ANFAC, ha insistido en que la renovación del parque no es solo una cuestión de descarbonización, sino también de seguridad vial y modernización tecnológica. Cada vehículo nuevo que sustituye a uno antiguo supone un avance, aunque no sea eléctrico, lo que pone de manifiesto la necesidad de políticas estables que permitan reducir las diferencias territoriales y rejuvenecer el parque en todo el país.
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