El plató de La hora de La 1 ha puesto el bisturí sobre el último gran terremoto judicial que sacude la actualidad política. Tras analizar la imputación del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero y los posteriores registros ordenados por la Audiencia Nacional, la presentadora Silvia Intxaurrondo ha querido detenerse en la base argumental que sostiene el auto del juez. Lejos de quedarse en el ruido de los titulares, la periodista ha tirado de memoria para rescatar un episodio clave de nuestra historia reciente en el que la Justicia española aplicó un criterio radicalmente opuesto al que ahora se utiliza contra el exlíder socialista.

Cabe recordar que esta ola de reacciones llega tras la decisión del juez de la Audiencia Nacional, José Luis Calama, de imputar al expresidente por presunta organización criminal, tráfico de influencias y falsedad documental. El magistrado investiga el polémico rescate público de 53 millones de euros a la aerolínea Plus Ultra tras la pandemia y sus supuestos vínculos con Venezuela. Sin embargo, lo que ha encendido todas las alarmas en las mesas de análisis es que este complejo entramado judicial parece haber tomado un nuevo y drástico impulso basándose únicamente en las declaraciones televisivas de Víctor de Aldama y en rumores esparcidos por internet; el punto exacto que ha provocado la indignación de la presentadora.

Para ilustrar esta evidente contradicción, Intxaurrondo ha retrocedido hasta los tensos años del proceso a los líderes independentistas y ha puesto sobre la mesa uno de los mayores escándalos políticos de aquella época: el polémico WhatsApp del senador popular Ignacio Cosidó. La presentadora ha recordado a su mesa de debate aquel momento en el que el dirigente del PP presumía ante sus compañeros de partido de que controlaban la Sala Segunda del Tribunal Supremo "por la puerta de atrás".

En aquel momento, esas palabras dirigieron todas las miradas hacia el juez Manuel Marchena, presidente de dicha sala. Sin embargo, tal y como ha relatado la conductora del magacín matinal de TVE, la respuesta del magistrado al verse salpicado por esos mensajes de políticos fue fulminante para blindar su independencia. "Claro, fueron donde Marchena y le dijeron 'oiga, usted está metido en el ajo' y dijo Marchena 'cómo voy a estar metido en el ajo, las conversaciones de terceros sobre mí no tienen por qué implicarme'", ha parafraseado la periodista en pleno directo.

El dardo analítico de Intxaurrondo ha llegado justo después, al comparar aquella férrea defensa aceptada y validada en su día con la situación procesal a la que se enfrenta hoy Rodríguez Zapatero. La comunicadora ha expuesto ante los espectadores la extraña maniobra que se está produciendo ahora mismo, donde un criterio que sirvió para proteger a un juez de alto rango no parece ser válido cuando el investigado es un expresidente del Gobierno.

"Entonces claro, después de que el propio Marchena dijera esto, nos encontramos en un auto con que son las conversaciones de terceros las que apuntan al expresidente del Gobierno", ha sentenciado con total rotundidad la presentadora.

Con esta reflexión, Silvia Intxaurrondo ha puesto en evidencia la fragilidad de la acusación. Ha dejado claro ante su audiencia lo difícil que resulta comprender que una imputación de este calibre se sostenga sobre lo que terceras personas dicen en entrevistas o redes sociales, especialmente cuando las altas esferas judiciales ya dejaron claro en el pasado que los comentarios ajenos no son prueba suficiente para implicar a nadie en una trama.

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