Ramón García volvió a demostrar en En compañía que pocas cosas funcionan mejor en televisión que un chiste bien colocado y un nombre reconocible en el momento justo. El presentador de Castilla-La Mancha televisión aprovechó uno de los instantes distendidos del programa para soltar una broma con Pablo Motos como protagonista, provocando las risas en plató y convirtiendo el corte en uno de esos momentos pensados para circular con facilidad en redes sociales.
La escena encaja de lleno en el tono habitual del formato, donde Ramón García y el equipo alternan llamadas, historias personales y humor cotidiano con una naturalidad muy alejada del ritmo más calculado de los grandes programas nacionales. Precisamente por eso, la mención a Motos funcionó como un guiño televisivo de doble recorrido: por un lado, como chiste reconocible para cualquier espectador; por otro, como nueva prueba de que el presentador de El Hormiguero se ha convertido en un personaje recurrente incluso fuera de Antena 3.
El presentador leía en directo la historia de una de sus invitadas, presentes en plató. "Ella pensando, ‘qué bien, ahora solitos los dos", arrancaba el comunicador vasco, que daría pie a su gag instantes después. “También estaba su hermana – ‘dos hermanas’, acotaba la mujer -, los niños de ella, la suegra y él. Había menos gente en el avión donde se tiraba Jorge en el paracaídas. Fíjese si había gente, que la convivencia iba a Trancas y Barrancas. Estaba hasta Pablo Motos aquí. He estado bien, ¿eh? He estado aceptable, al ser viernes…”, bromeaba el presentador.
Nuevo crossover
No es la primera vez que el universo de En compañía y el de Pablo Motos se cruzan de forma inesperada. El programa de CMM ya vivió un momento viral cuando una espectadora confundió a Ramón García con el presentador valenciano y llegó a pedir “la tarjeta de El Hormiguero”, una escena que desató las carcajadas de Gloria Santoro y que varios medios recogieron por lo surrealista del equívoco.
Ahora, el nuevo comentario de Ramón García vuelve a situar a Motos en el centro del humor televisivo, aunque desde un registro mucho más blanco y costumbrista. Sin necesidad de grandes artificios, el presentador convirtió una simple broma en un instante viralizable, de esos que explican por qué En compañía mantiene su conexión con el público: cercanía, improvisación y una forma de hacer televisión que todavía encuentra oro en lo aparentemente pequeño.
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