El debate sobre una posible moción de censura y los discretos movimientos estratégicos en el Congreso de los Diputados han vuelto a situarse en el centro del tablero político nacional. En La Hora de La 1, la periodista Silvia Intxaurrondo ha analizado junto al analista político Pablo Montesinos el evidente giro de postura de la dirección del Partido Popular respecto a sus relaciones con las fuerzas independentistas catalanas.
Durante su intervención en la televisión pública, Montesinos ha revelado que en las últimas fechas se ha consolidado una clara "recomposición de las relaciones y se han naturalizado los contactos" entre las delegaciones del PP y de Junts, abriendo un escenario de distensión que contrasta con la agresividad discursiva de los meses anteriores. Al ser preguntados de forma directa por estos acercamientos en los pasillos de la cámara, los portavoces populares suelen esquivar la cuestión asegurando que "las estrategias no se desvelan", un recurso habitual que, según el periodista, sirve para confirmar de manera indirecta que los canales de comunicación permanecen totalmente abiertos.
A pesar de las insalvables distancias ideológicas y de la existencia de líneas rojas indiscutibles para el electorado de derechas, como el hecho manifiesto de que "Alberto Núñez Feijóo no puede ir a Waterloo" debido a la situación de Carles Puigdemont fuera de España, la cúpula de Génova parece decidida a no renunciar a ninguna de las prerrogativas parlamentarias que le concede la Constitución.
"Yo no cerraría esa puerta por completo", ha asegurado Montesinos al evaluar si el principal partido de la oposición descarta de manera absoluta recurrir a este instrumento de control. Ante la repregunta de Silvia Intxaurrondo sobre si la dirección nacional se plantearía dar este paso definitivo "aunque falle, es decir, aunque no salga adelante" por falta de apoyos suficientes, el analista ha confirmado que la estrategia de la formación conservadora ha experimentado una metamorfosis muy profunda.
Esta variación en la hoja de ruta responde a un intenso proceso de discusión interna que ha hecho transicionar al partido desde una negativa inicial rotunda, fundamentada en el pragmatismo numérico de que "la moción no porque no dan los números", hacia una postura mucho más abierta ante la iniciativa. El cambio de actitud se explica, en gran medida, por la intensa presión que ejercen los cuadros medios del partido, alcaldes, concejales y diputados territoriales que se encuentran en contacto diario con la ciudadanía.
Según ha explicado Montesinos, los representantes locales trasladan de forma urgente el nerviosismo de las bases, advirtiendo a la dirección de que "la gente casi que nos azuza diciendo: pero haced algo, haced algo ya", una exigencia social que reclama el uso de todas las herramientas institucionales frente a la gestión del Gobierno de coalición.
Bajo esta premisa, la posibilidad de formalizar la iniciativa cobra especial fuerza para el arranque del próximo periodo de sesiones, coincidiendo con la finalización de las vacaciones estivales. Montesinos ha subrayado que "en ese contexto de precampaña" permanente, con las elecciones autonómicas y generales en el horizonte, registrar una moción de censura tras el verano se perfila como un movimiento táctico ideal para obligar a que "todo el mundo se retrate" ante la opinión pública.
La maniobra parlamentaria permitiría a Alberto Núñez Feijóo contrarrestar la crítica recurrente de la Moncloa sobre su falta de propuestas, obligándole a "plantear una alternativa" programática y a ensayar un discurso de gobierno real. La evolución del PP, que ha pasado del rechazo absoluto a proclamar abiertamente un "no descarto que tengo contactos con el PNV o Junts", demuestra que Génova tiene medidos los tiempos para una ofensiva política tras el parón estival.
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