En esta ocasión, el culebrón de la temporada televisiva llegó con los últimos compases, pero pisando muy fuerte. El Tribunal Supremo obligaba a Atresmedia a dejar de emitir El Rosco de Pasapalabra y, en un movimiento sorpresa, Mediaset comunicaba que se había hecho con los derechos de la prueba hacía un año. Los de San Sebastián reaccionaban con rápidez y apostaban por AlaZ, su nuevo colofón final. En las últimas horas, ha llegado una nueva entrega después de que los de Fuencarral hayan anunciado que MC&F, productora propietaria de El Rosco, con apoyo de Mediaset España, iniciará acciones legales por las "similitudes insalvables" que considera que guarda el nuevo juego con el suyo. Teniendo en cuenta este telón de fondo, no se puede obviar que la televisión no deja de ser también un mercado y, por ende, están en juego múltiples cuestiones más allá de lo obvio. 

La pregunta que sobrevuela el nuevo movimiento de Mediaset trasciende si AlaZ vulnera o no los derechos de El Rosco, cuestión que deberá resolver, una vez más, la Justicia. Lo que sí permite analizarse desde ahora es la estrategia elegida para abrir este nuevo frente judicial y si responde exclusivamente a la defensa de unos derechos de propiedad intelectual o también a una batalla empresarial que lleva años librándose alrededor del concurso.

El primer aspecto que llama la atención es el destinatario de la demanda. MC&F, con el respaldo de Mediaset, ha anunciado acciones legales contra Atresmedia e ITV Studios al considerar que AlaZ presenta "similitudes insalvables" con El Rosco. Sin embargo, la nueva prueba no nace de una creación desarrollada por Antena 3 para sortear la sentencia del Supremo, sino que es una adaptación de DallAZetA, formato de la televisión pública suiza RSI que lleva varias temporadas emitiéndose con normalidad. 

Precisamente ahí surge uno de los interrogantes. Si la tesis de Mediaset y MC&F es que el problema reside en las semejanzas estructurales entre ambos juegos, parecería lógico que el foco también se dirigiera hacia el formato original del que procede su nueva prueba. De momento, sin embargo, la ofensiva anunciada se centra en la adaptación española. Desde Fuencarral sostienen que la comparación relevante no debe hacerse con el concurso suizo, sino con la versión que finalmente ha llegado a Antena 3, al entender que ésta conserva muchos más elementos de El Rosco que el formato original. "La cuestión es determinar si AlaZ se parece más al formato suizo o al Rosco que conocemos todos", defendieron responsables del grupo durante el encuentro mantenido con varios medios. Según esa misma versión, Atresmedia habría introducido "únicamente pequeñas diferencias para hacer algo sustancialmente igual". 

Sin embargo, tras el estreno de la nueva prueba, las diferencias parecieron ser reconocibles, tal y como muestra buena parte de la cobertura de aquellos días, que se centró en desgranar los cambios del nuevo juego con respecto al ya desaparecido de las filas de Antena 3. Más allá de que ambas comparten un elemento tan inherente como el uso del abecedario, AlaZ modifica aspectos esenciales de la mecánica: desaparece la característica disposición circular de las letras, que pasan a mostrarse en una línea horizontal; los concursantes conocen desde el inicio el número de letras que tiene la respuesta, al estilo de El ahorcado; pueden solicitar una pista a cambio de perder cinco segundos; el jugador con más tiempo decide si comienza de la A a la Z o en sentido inverso; y cada definición solo admite una respuesta correcta, frente a El Rosco, donde en ocasiones podían existir varias soluciones válidas para una misma pista. A ello se suman un grafismo completamente renovado, nueva realización y una estrategia de juego distinta, aspectos que Atresmedia defendió desde el primer momento como prueba de que no se trataba de una mera reproducción del formato anterior.

Al margen de este argumento, también resulta significativo otro detalle conocido durante las explicaciones ofrecidas por Mediaset. El grupo aseguró que el contrato firmado hace aproximadamente un año con MC&F para hacerse con los derechos de explotación de El Rosco incluía una cláusula por la que la productora neerlandesa se comprometía a emprender acciones legales si detectaba un formato que pudiera vulnerar esos derechos. Es decir, la posibilidad de tener que volver a los tribunales parecía estar contemplada desde el momento de la operación, formando parte del propio acuerdo entre las compañías.

Ese detalle resulta especialmente relevante porque evidencia que la posibilidad de un nuevo litigio no nace tras el estreno de AlaZ, sino que ya estaba prevista cuando Mediaset adquirió los derechos de la prueba final. La judicialización de un eventual conflicto, por tanto, formaba parte del propio acuerdo entre ambas compañías, lo que añade una nueva dimensión al debate sobre si esta ofensiva responde únicamente a la defensa de la propiedad intelectual o también a una estrategia empresarial más amplia.

Si este fuera un episodio aislado, probablemente la lectura sería distinta. Sin embargo, el anuncio de la demanda por el nuevo juego llega junto a otro gran titular proporcionado por la propia Mediaset: que está "a punto" de hacerse con la marca Pasapalabra tras reclamar su propiedad ante la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea. En apenas unas horas, el grupo de Fuencarral ha movido ficha tanto sobre la prueba final del concurso como sobre el propio nombre del formato. 

Serán los tribunales quienes determinen si Atresmedia vulnera los derechos de propiedad intelectual sobre El Rosco y quién debe ostentar definitivamente la marca Pasapalabra. Sin embargo, vistas en conjunto, todas estas actuaciones dibujan un escenario difícil de ignorar: los distintos frentes judiciales vuelven a converger sobre uno de los formatos más rentables y estratégicos de la parrilla de Antena 3. La cuestión que queda abierta es si, junto a la defensa de unos derechos de propiedad intelectual, también se libra una estrategia empresarial en torno a uno de los mayores activos de la competencia.

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