"Es el último que hago. He acordado con la casa y su complicidad que lo dejo aquí porque la casa tiene que empezar a trabajar en lo que viene. Pasamos página, yo ya soy la página de la izquierda y ahora toca completar la de la derecha". Así arrancaba, por sorpresa, Àngels Barceló la última despedida de su Hoy por Hoy. Casualidad o no, la locutora se refería a la página derecha de la emisora, esa que está provocando multitud de terremotos en la casa para poder empezar a completarse. Entre ellos, el más evidente, la caída de Barceló.

En el seno de la cadena existe un sentir común de que, tras la llegada de Joseph Oughourlian al control absoluto de PRISA, poco queda ya de la SER que durante décadas convirtió la independencia periodística en una de sus principales señas de identidad. Con una reconfiguración total del poder editorial y empresarial del grupo, el magnate está resignificando la emisora con un volantazo a la derecha.

La secuencia de movimientos internos en PRISA y en la Cadena SER ha ido dejando una serie de episodios que en la redacción se citan como hitos de una misma deriva. No se trata únicamente de cambios estructurales, sino de decisiones muy concretas que han ido marcando el rumbo editorial de la emisora.

Uno de los puntos de inflexión, probablemente el germen de lo que vendría después, fue la reordenación de la cúpula directiva tras la consolidación del poder de Joseph Oughourlian en el grupo. La llegada de Pilar Gil como consejera delegada de PRISA Media, la de Fran Llorente a la dirección de Contenidos o la de Jaume Serra como director general de la SER supuso, según distintas fuentes internas, un cambio en la forma de gestionar la agenda informativa y las prioridades del grupo. Estos movimientos no fueron interpretados como simples relevos, sino como una reconfiguración profunda del centro de decisión de la cadena.

A partir de ahí comenzaron a producirse episodios que alimentaron el malestar en parte de la plantilla. Uno de los más repetidos es el relativo a la cobertura del caso de Alberto González Amador, pareja de Isabel Díaz Ayuso. Como publicó este medio, desde la nueva dirección se pidió a varias figuras de la SER "hacer menos seguidismo del Gobierno" y dejar de hablar "tanto del novio de Ayuso". Una instrucción que muchos periodistas interpretaron como un intento explícito de modular la agenda política de la emisora.

Otro episodio que generó especial ruido interno fue la entrevista al portavoz del PP, Borja Sémper, en Hora 25. La visita, que en principio respondía a la normalidad de la agenda política, acabó adquiriendo una dimensión distinta por el despliegue de la cúpula directiva de la SER durante el encuentro. La presencia coordinada de responsables como el director de Informativos, el director de Contenidos o la propia dirección del grupo fue percibida por parte de la redacción como algo inusual en una entrevista de esas características. No obstante, lo más llamativo fue que Llorente, según apuntan fuentes internas a este medio, se dirigiera al político en un tono casi imperativo para que "presentaran de una vez" la moción de censura contra el Gobierno de Pedro Sánchez.

A estos hechos se suma otro elemento que ha circulado de forma recurrente en la redacción: el cambio de tono en determinadas tertulias y en la selección de voces. En algunos espacios se ha percibido una mayor presencia de perfiles conservadores o más cercanos a posiciones de "centralidad", término que la dirección utiliza de forma habitual para definir el nuevo enfoque del grupo. Para una parte de los trabajadores, sin embargo, ese concepto está funcionando como un eufemismo de una reorientación progresiva de la línea editorial.

En ese contexto llega la salida de Àngels Barceló. Su despedida de Hoy por Hoy no se interpreta únicamente como el cierre de una etapa profesional de enorme peso en la historia de la SER, sino como el último movimiento visible dentro de una cadena de decisiones que llevan meses generando tensión interna. Por ello, su frase de despedida, en la que hablaba de ser "la página de la izquierda" mientras ahora tocaba completar "la de la derecha", puede leerse dentro de la emisora como una síntesis involuntaria de ese cambio de ciclo que muchos llevan tiempo comentando en voz baja.

Con todo ello, la sensación en parte de la casa es que la marcha de Barceló no es un hecho aislado, sino el reflejo más visible de una transformación más amplia que ha ido avanzando a través de reuniones, relevos, indicaciones editoriales y decisiones estratégicas que han ido redefiniendo el equilibrio interno de la Cadena SER.

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