La salida de Àngels Barceló de la Cadena SER ha situado el foco en el relevo de las mañanas, pero el movimiento más revelador dentro de la reconfiguración interna del grupo puede estar ocurriendo en otro lugar. Mientras Hoy por Hoy concentra la mayor parte de la audiencia de la cadena -más de 3,2 millones de oyentes según el último EGM-, el espacio donde la emisora afina con más precisión su tono político no es ese, sino Hora 25, el programa nocturno que funciona desde hace décadas como laboratorio de análisis de la SER y que ahora recae sobre José Luis Sastre.
La diferencia entre ambas franjas no es solo de relevancia, sino de naturaleza radiofónica. Hoy por Hoy, hasta aproximadamente las 08:30 horas, se estructura como un 'informativo largo' en el que las noticias van cayendo ordenadas por la actualidad, el tráfico, la agenda institucional y el ritmo cotidiano del oyente. Incluso cuando el programa entra en su tramo más abierto, sigue condicionado por la lógica de acompañamiento: mucha gente no elige la radio, sino que la incorpora a su rutina mientras se desplaza o trabaja.
La tarde-noche de la radio, en cambio, responde a otro modelo completamente distinto. Es el territorio del análisis, la interpretación y el encuadre político de la actualidad. Un espacio editorial desde el inicio, en el que la radio deja de acompañar y pasa a buscar activamente al oyente. Esa diferencia cambia la naturaleza de la audiencia: menos masiva que por la mañana, pero más fiel, más estable y voluntaria. No es una escucha incidental, sino una decisión consciente.
Esa estructura explica por qué Hora 25 ha funcionado históricamente como uno de los principales espacios de fijación del tono político de la SER. Frente a un magacín amplio como Hoy por Hoy, el programa nocturno concentra la lectura política del día. Por su dirección han pasado figuras como Carlos Llamas, Pepa Bueno o Aimar Bretos, vinculadas a distintas etapas del periodismo político de la cadena.
Pero su peso no se entiende solo por el contenido, sino por el tipo de influencia que genera. Las noches concentran menos audiencia en volumen, pero más densidad de impacto: periodistas, asesores políticos, responsables públicos y analistas que utilizan ese espacio como referencia diaria de interpretación. Si la mañana ordena la agenda informativa, la noche fija su encuadre político.
En ese marco se entiende el último movimiento interno de la SER. El foco público se ha situado en el relevo de Àngels Barceló y la llegada de Aimar Bretos a las mañanas, pero el cambio estructural también afecta a la franja nocturna: José Luis Sastre asume la dirección de Hora 25. El relevo no responde a una ruptura, sino a una circulación interna de perfiles dentro del núcleo informativo de la cadena.
Sastre procede del propio ecosistema de la SER y del entorno de Hoy por Hoy. Su ascenso refuerza una dinámica cada vez más visible: la promoción interna como norma y la reducción del recurso a fichajes externos que puedan dar guerra o perfiles con identidad editorial muy marcada. Un modelo que encaja con la etapa de reorganización que atraviesa PRISA bajo la presidencia de Joseph Oughourlian.
Porque más allá de los nombres, lo que se está consolidando es una clara estructura tanto delante como detrás de las peceras, marcada por un giro editorial del que se lleva meses hablando y que afecta a cómo se distribuye el poder interno dentro de la cadena. En los últimos movimientos conviven tres elementos: relevos en puestos clave, reconfiguración de equipos y una mayor centralidad de perfiles ya integrados en la casa.
En ese contexto, el relevo en Hora 25 no es menor, ya que es un programa estratégico para la emisora, que cosecha buenas cifras en los EGM. Y a estos datos se suma la cuestión que ya hemos mencionado anteriormente, la de que, en radio, la noche no funciona como la mañana. No es una franja de acompañamiento, sino de interpretación. La radio no entra en la rutina del oyente, sino que exige decisión. Y eso convierte cualquier ajuste en su dirección en algo más sensible desde el punto de vista editorial.
Por eso, Hora 25 no es solo un programa informativo, sino un indicador del tono político de la cadena. Si la mañana mide volumen y alcance, la noche mide dirección y encuadre. Y en un momento de reorganización interna en PRISA, ese matiz es especialmente relevante.
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