La decisión de la Audiencia Provincial de Madrid de avalar que Begoña Gómez sea juzgada por un jurado popular ha reabierto el debate sobre la idoneidad de este sistema en casos de alta repercusión mediática y política. El juez Javier Gómez Bermúdez ha visitado el plató de laSexta Xplica para aportar su visión técnica y su experiencia profesional, dejando un análisis demoledor sobre la utilidad real de esta figura jurídica.
El debate arrancó a raíz de una duda planteada por el presentador, José Yélamo, quien cuestionó si existe algún ciudadano en España que no tenga un "interés indirecto" en una causa que involucra a la esposa del presidente del Gobierno. Bermúdez fue rotundo al separar la opinión política de la capacidad de juzgar: "No tiene nada que ver una cosa con otra. Cuando hablamos de interés indirecto, hablamos de un interés potencialmente efectivo, no de que uno tenga una ideología".
El magistrado zanjó esta duda recordando que la imparcialidad absoluta no existe ni en los propios tribunales. "Según eso, también los jueces tendrían que abstenerse todos, todos tenemos una ideología", argumentó, recordando que la ley ya contempla mecanismos para recusar a miembros del jurado si las partes consideran que hay factores desfavorables.
El punto más contundente de la intervención de Gómez Bermúdez llegó al reflexionar sobre el papel del jurado en el sistema judicial español. El juez señaló la paradoja histórica de esta figura: "Lo curioso es que el jurado, que se vendió como el gran avance democrático en la justicia, ahora está demonizado, porque la gente prefiere a los jueces profesionales".
El juez Bermúdez, sobre que Begoña Gómez sea juzgada por un jurado popular: "No sirve para nada; luego lo revisa el TSJ" https://t.co/8kaDrFCSrl
— laSexta Xplica (@laSextaXplica) July 18, 2026
A título personal, el magistrado confesó su profunda decepción con el sistema, argumentando que el proceso de apelaciones despoja de poder real a los ciudadanos. "Yo fui juradista, profundamente juradista, y me volví antijuradista. Pero no por culpa de los ciudadanos, sino por culpa de que no sirve para nada", sentenció.
Para sostener esta dura afirmación, Bermúdez explicó el recorrido procesal de cualquier fallo: "Lo que diga el jurado luego se revisa por un tribunal de profesionales del Tribunal Superior de Justicia de la comunidad respectiva. Y luego la sentencia se revisa por el Tribunal Supremo". Ante esta cadena de revisiones técnicas, el juez lanzó una pregunta al aire: "Entonces, ¿para qué queremos el jurado? O sea, al final son los jueces profesionales los que deciden".
Consciente de la "significancia política" del caso de Begoña Gómez, Gómez Bermúdez advirtió sobre la narrativa que se instalará una vez haya sentencia. "Va a ocurrir que se resuelva en un sentido o en otro, y se va a decir que es por culpa del jurado. Pero no es verdad", aseguró.
Lejos de culpar a los ciudadanos, el juez defendió su capacidad, recordando que sus propias experiencias con tribunales populares "han sido magníficas, pero porque se implicaron y me impliqué". En este sentido, detalló que el éxito del proceso recae en el magistrado profesional que lo preside (y que "no delibera ni vota"), ya que su labor es "instruir al jurado sobre términos técnicos", como explicarles la diferencia jurídica entre "un asesinato y un homicidio" o qué es exactamente la "alevosía" a la hora de responder a las preguntas del "objeto del veredicto".
Por último, Gómez Bermúdez quiso mandar un mensaje clarificador a la audiencia sobre el funcionamiento aritmético de estos tribunales. "La gente tiene que saber que en España es mucho más difícil condenar con un jurado que absolver", explicó el magistrado, detallando que las mayorías necesarias no son simétricas: "Para condenar se necesitan un mínimo de siete votos, y para absolver basta con cinco".
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