Federico Jiménez Losantos ha vuelto a protagonizar uno de esos momentos de tensión que ya son habituales en su cadena. Esta vez, el director de Es la mañana de Federico no se ha enzarzado con ningún político rival, sino con Luis Herrero-Tejedor, uno de sus amigos más íntimos, compañeros de profesión de toda la vida y cofundador de esRadio. Lo que parecía un simple debate sobre cómo hacer buen periodismo acabó convirtiéndose en un rapapolvo público que dejó un ambiente de crispación en el estudio.
Luis Herrero quiso dejar clara su postura de toda la vida: un periodista tiene que vigilar y ser crítico con los que mandan, sean del partido que sean. "Tocar las narices al poder político es consustancial al periodismo", aseguró el veterano comunicador. Pero Herrero no se quedó ahí y lanzó un dardo muy directo al propio presentador por su doble vara de medir: "Lo que pasa es que tú no lo entiendes siempre, porque te parece bien tocar las narices al poder socialista". Su intención era explicar que la lupa no solo hay que ponerla sobre el Gobierno central, sino que esa misma actitud hay que mantenerla con cualquier otra administración.
Sin embargo, a Jiménez Losantos esa reflexión se le atragantó al instante. Para el presentador, dar a entender que hay que ir a "tocar las narices" a ciertos gobiernos cercanos a su línea editorial era cruzar una línea roja: "tocar las narices no es ser periodista". De repente, la camaradería de años desapareció. Losantos cortó a su amigo de raíz y llevó sus palabras a un extremo mucho más grave: "Esa es una acusación de corrupción...". Según su visión, cuestionar de esa forma las gestiones de determinados políticos era lo mismo que llamarles corruptos en directo.
Herrero, viendo que la conversación se estaba yendo de madre y sorprendido por la reacción tan visceral de su compañero, intentó frenar el enfado. "No es una acusación de corrupción", repitió varias veces. Quería dejar claro que simplemente hablaba de la obligación de la prensa de preguntar e incomodar al poder, algo de primero de periodismo, y que en ningún momento había insinuado delitos. Pero Federico ya estaba encendido y no le valía ninguna matización, ni siquiera viniendo de alguien de su máxima confianza.
Llegó entonces el momento más tenso del encontronazo. Con el gesto muy serio y señalando con el dedo a su histórico compañero, el director del programa le soltó una frase que resonó a pura advertencia. "Lo que pasa es que tú crees que las palabras son gratis. Y no son gratis, nunca son gratis", le repitió el locutor mirándole fijamente. El mensaje estaba clarísimo: en esa mesa hay cosas que es mejor no decir a la ligera, te llames como te llames.
Pero la bronca no se quedó ahí. Justo cuando tocaba hacer la pausa obligatoria del programa, Losantos decidió tener la última palabra y rematar el castigo delante de todos los oyentes. "Tú repasa ahora en la moviola lo que acabas de decir y verás que no debiste decirlo", le ordenó de forma tajante, dejándole claro que se había equivocado de pleno. Y sin darle ni un segundo de margen para responder o defenderse, cerró el micrófono de Luis Herrero y mandó el programa a anuncios: "Y aquí sí que nos vamos a la publicidad".
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