La tertulia de Espejo Público abordaba la irrupción mediática de Natalie Harp, un nuevo nombre que resuena con fuerza en Washington por haberse convertido en la auténtica sombra del presidente estadounidense, Donald Trump. La joven le acompaña a todas partes: en sus intervenciones, en el helicóptero, en el Despacho Oval e incluso en sus salidas para jugar al golf.
Entre el equipo de Trump la conocen como "la impresora humana", un apodo que, según explicó la colaboradora Eva Baroja, se debe a que Harp es quien filtra toda la información que le llega al presidente, controla los comentarios y gestiona directamente sus redes sociales. Para Baroja, la figura de Harp es "otro ejemplo más de la corte decadente y absolutamente leal de la que se rodea Donald Trump".
Para el colaborador Iñako Díaz-Guerra, es "imposible" no pensar nada extraño cuando Trump aparece con una mujer a su lado, recordando el controvertido historial del político. Además, Díaz-Guerra subrayó que Harp es una "aparecida de la nada" sin estudios ni preparación para el cargo. Una tesis que apoyó Nando Escribano, quien la definió directamente como "una fan" que se salta la jerarquía de la Casa Blanca bajo la excusa de: "Yo solamente voy a responder ante mi jefe".
Fue en este punto cuando la tertulia saltó por los aires. Las insinuaciones de sus compañeros indignaron profundamente a Isabel Rábago, quien no dudó en frenar en seco el tono del debate acusándolos de machacar a la asesora. "¿Por qué cuestionamos a una mujer joven empoderada que está en un estatus de poder en el que ya quisieran estar muchos hombres? Me da igual, ha conseguido estar donde está. ¿Por qué la cuestionamos? ¿Es que una mujer no puede?", sentenció la periodista, visiblemente molesta porque, a su juicio, se pensaran "cosas raras" sobre su ascenso.
Además, Rábago se mostró tajante frente a los comentarios que apuntaban a los supuestos celos de Melania Trump porque Harp viaje constantemente con el presidente: "¿Cómo que le molestará a Melania? ¡Si está haciendo su trabajo!".
La defensa de Rábago fue rechazada de pleno por el resto de la mesa, que le recordó insistentemente que el foco de la crítica no estaba sobre la asesora, sino sobre el comportamiento y el historial de Donald Trump. Gema López, visiblemente cansada de la actitud de su compañera, tomó la palabra para frenar lo que consideraba una tergiversación machista del debate.
"Mira, no vamos a quedar de machistas porque quieras darle la vuelta al argumento. Porque siempre juegas al mismo tema, aquí se le ha cuestionado a él. Si tú ahora te quieres poner una medallita a nuestra costa, no...", le recriminó López con dureza.
El cruce de reproches alcanzó su punto álgido cuando Gema López le exigió a su compañera que jugara limpio: "Yo no te he dicho que no pienses lo que tú quieras. Lo que no quiero es que manipules lo que pensamos los demás. Es diferente". Fiel a su estilo, Rábago no dio su brazo a torcer, negando estar buscando ninguna medalla y cerrando la disputa con una advertencia rotunda: "Yo interpreto lo que yo considere, no lo que tú me mandes".
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