Sonsoles Ónega ha sido la gran protagonista del pistoletazo de salida de las fiestas de San Isidro. La periodista y escritora se asomó al emblemático balcón de la Casa de la Villa para ofrecer un pregón cargado de emoción, recuerdos a su padre -el recientemente fallecido Fernando Ónega- y también algún que otro recado reivindicativo al alcalde Martínez-Almeida sobre la vivienda o las eternas obras de la capital: "Duelen las obras como muelas de tanto apretarlas. Yo creo que le han hecho precio por hacerlas todas a la vez".

Antes de centrarse en las menciones personales, la periodista no quiso pasar por alto uno de los grandes problemas de los ciudadanos. Con el alcalde escuchando a escasos metros, Sonsoles aprovechó el altavoz del balcón municipal para lanzar un sutil toque de atención sobre la complicada situación de la vivienda en la capital: "En Madrid hay que ser buitre y no paloma para vivir". 

Más allá de la poesía castiza, si ha habido un detalle que ha acaparado todas las miradas ha sido el directo guiño a una de sus mejores amigas: la reina Letizia. Tras un discurso en el que repasó el carácter acogedor de su ciudad natal, animando a los madrileños a disfrutar de un Madrid en el que "cabemos todos", la presentadora de Y ahora Sonsoles se reservó los últimos segundos para una especial declaración de intenciones. Llevada por la emoción y ante una plaza abarrotada, Sonsoles coronó su intervención sumando a los clásicos vítores patronales un inesperado remate real: "Viva Madrid, San Isidro, Santa María de la Cabeza, ¡el Rey... y la Reina!".

Esta calurosa mención a doña Letizia, que arrancó el aplauso unánime de los asistentes, es una prueba pública más de la inquebrantable relación que une a la periodista y a la monarca desde hace casi tres décadas. Ambas forjaron su estrecha lealtad a finales de los años 90, cuando compartían confidencias, redacción y madrugones en los informativos de la extinta CNN+. Desde entonces, sus caminos profesionales tomaron rumbos muy distintos, pero nunca han dejado de apoyarse en los momentos clave.

Ese aplauso de la Plaza de la Villa cobra aún más significado si echamos la vista atrás para recordar otros gestos de complicidad que ambas han protagonizado recientemente. Es imposible olvidar el revuelo que se organizó cuando la reina Letizia se presentó de incógnito en una céntrica firma de libros de la periodista. Sin avisar a la prensa y aguantando estoicamente la larga fila como cualquier otro lector, la monarca quiso arropar a su amiga tras ganar el prestigioso Premio Planeta con la novela Las hijas de la criada

Esa misma naturalidad marcó el cierre de su pregón de San Isidro. Más allá del tono institucional y encorsetado que suele exigir el balcón de la Plaza de la Villa, la presentadora optó por rematar su intervención con una nota puramente personal. Al incluir a la monarca de forma inesperada entre los tradicionales vítores patronales, Sonsoles evidenció que su lealtad hacia su antigua compañera de redacción no entiende de protocolos. Un final atípico para las fiestas madrileñas con el que la periodista demostró que no duda en hacerle un hueco a su gran amiga incluso en sus citas públicas más mediáticas.

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